El otoño ya se instaló con fuerza en la provincia de Mendoza. Este lunes 27 de abril la jornada arrancará despejada, con sol protagonista durante buena parte del día, pero con un termómetro que apenas logrará escalar hasta los 15,3 grados centígrados como valor máximo. Para quienes madruguen, la sensación será bien distinta: la mínima prevista ronda los 3,3 °C, lo que convierte al amanecer en uno de esos momentos del año en que el abrigo ya no es opcional. El dato importa porque marca una transición climática clara en la región cuyana: el verano quedó definitivamente atrás y los días cálidos serán cada vez más esporádicos hasta bien entrado el invierno.

Un día soleado que no alcanza para entrar en calor

La condición general del día será soleada, lo que representa una de las pocas noticias alentadoras para quienes necesiten salir a trabajar o realizar actividades al aire libre. Sin embargo, ese sol otoñal tiene sus limitaciones: la inclinación del eje terrestre en esta época del año reduce considerablemente la intensidad de la radiación solar en latitudes como la de Mendoza, que se ubica aproximadamente a 32 grados de latitud sur. Eso significa que aunque el cielo esté limpio, la capacidad del sol para elevar la temperatura ambiente es significativamente menor que en los meses estivales. El resultado es esa sensación característica del otoño cuyano: días luminosos pero con un frío persistente que se cuela por las sombras y los rincones.

La humedad relativa prevista es del 38%, un valor que se considera moderadamente bajo. En términos prácticos, esto implica que el ambiente será bastante seco, lo que puede generar molestias en personas con afecciones respiratorias, piel sensible o mucosas irritables. Al mismo tiempo, la baja humedad contribuye a que las noches sean más frías aún, ya que el vapor de agua en el aire actúa como una suerte de manta térmica natural que retiene el calor acumulado durante el día. Con poca humedad, ese calor se escapa rápidamente hacia la atmósfera una vez que el sol se pone, explicando en parte la marcada diferencia entre la máxima y la mínima del día.

Viento moderado y cero probabilidad de lluvias

El viento tendrá una presencia moderada durante la jornada, con ráfagas que podrán alcanzar hasta 19,1 km/h como valor máximo. No se trata de vientos intensos ni de una situación de Zonda —ese fenómeno tan propio de la región que puede elevar la temperatura de manera brusca y generar condiciones extremas de sequedad—, sino de una brisa que en combinación con las bajas temperaturas podría hacer que la sensación térmica resulte algo más rigurosa de lo que indica el termómetro. Quienes deban permanecer en espacios abiertos durante varias horas deberían tenerlo en cuenta a la hora de elegir la ropa.

En cuanto a las precipitaciones, el pronóstico es categórico: la probabilidad de lluvia es del 0%. Esto se condice con el patrón climático típico del otoño-invierno mendocino, una estación históricamente seca en la provincia. Mendoza recibe en promedio apenas entre 200 y 250 milímetros de lluvia anuales en su área metropolitana, lo que la convierte en una de las ciudades más áridas del país. La mayor parte de esas precipitaciones se concentran en el verano y la primavera, mientras que el invierno aporta esporádicas nevadas en la cordillera —fundamentales para la recarga de los acuíferos y el riego agrícola— pero muy pocas lluvias en el llano.

El contexto hídrico y agrícola detrás del clima cotidiano

Los datos climáticos diarios de Mendoza nunca son puramente meteorológicos: tienen una dimensión económica y social de primer orden. La provincia es el corazón vitivinícola de la Argentina, con más de 150.000 hectáreas cultivadas bajo un sistema de riego que depende casi exclusivamente del deshielo cordillerano. En este período del año, las viñas ya atravesaron la vendimia y comienzan su reposo invernal, por lo que las condiciones de frío progresivo son parte del ciclo natural que necesita el cultivo para regenerarse. Un otoño seco y fresco como el que se perfila en estas jornadas es, en ese sentido, completamente funcional al calendario agrícola regional.

Además, la amplitud térmica que se observa en este pronóstico —casi 12 grados de diferencia entre la mínima nocturna y la máxima diurna— es una característica estructural del clima continental semiárido que domina la llanura mendocina. Esta variación brusca de temperaturas entre el día y la noche es justamente uno de los factores que históricamente favoreció el desarrollo de uvas de alta calidad en la región, ya que permite una maduración lenta y una buena concentración de azúcares y aromas en la fruta. El mismo clima que complica la vida cotidiana de los mendocinos en otoño e invierno es el que hace posible uno de los vinos más reconocidos del mundo.

De cara a los próximos días, este lunes podría anticipar una tendencia que se consolidará a medida que avance el mes de mayo: noches cada vez más frías, mayor amplitud térmica y cielos que alternarán entre el despeje total y la nubosidad propia de los frentes polares que empiezan a ganar terreno desde el sur del continente. Para los sectores que dependen del turismo de montaña, esto representa el inicio de la cuenta regresiva hacia la temporada de nieve. Para los agricultores, es señal de que el ciclo se cumple con relativa normalidad. Y para los mendocinos de a pie, simplemente significa que ya es hora de sacar del placard el campera de invierno.