El calendario internacional de rally-raid vivió su segundo acto de 2025 con el retorno a la competencia en territorio emiratí, apenas semanas después del monumental Rally Dakar que conmovió a Sudamérica. La prórroga desértica de Abu Dhabi no fue una excepción: con la tradicional jornada de clasificación, pilotos de motos y automóviles se enfrentaron a los primeros kilómetros de cronómetro en condiciones extremas, marcando tendencias que prometen definir los próximos cinco días de batalla en las arenas que rodean la región. Lo que sucedió en esa mañana de pruebas preliminares reveló fortalezas, debilidades y, sobre todo, confirmó que el nivel competitivo de la temporada se mantiene en máximas tensiones.
Una particularidad marcó esta edición del Abu Dhabi Desert Challenge: por primera vez en su historia, los competidores tomaron la salida desde Al Ain, modificando la tradicional geografía del evento. Este cambio de ubicación inicial implicó también una recalibración de las estrategias de navegación y reconocimiento, factores determinantes en un deporte donde los mapas mentales de pilotos y copilotes resultan tan cruciales como la precisión mecánica. Los participantes enfrentaban un prólogo de apenas 11 kilómetros cronometrados, aunque sumando los 58 kilómetros de enlace que debieron completar, la jornada inicial demandó concentración total desde el primer instante. Se trataba de un calentamiento engañoso: pocas distancias, pero con la carga psicológica de marcar la pauta para una semana completa de competición.
El dominio de Tosha en motos y la jerarquía temperamental
En la categoría de motocicletas, Tosha Schareinase emergió como el piloto más afilado, demostrando una combinación letal de velocidad y precisión en navegación que lo ubicó por debajo de los siete minutos en el cronómetro. Su ventaja no fue abrumadora, pero en estas jornadas de apertura, cada décima cuenta como una declaración de intenciones. Apenas cuatro segundos lo separaban de Luciano Benavides, quien completó el doblete de máximas velocidades al también meterse bajo esa barrera de los siete minutos. Esta cercanía entre los dos primeros sugería que los márgenes en las especiales siguientes serían microscópicos, típico de un campeonato mundial donde la regularidad y la consistencia dividen ganadores de aspirantes.
El tercer escalón del podio lo ocupó Ricky Brabec, quedando a trece segundos del ganador de la jornada. Detrás suyo se alineaban Ross Branch y Daniel Sanders, quien llegaba al evento como poseedor del trofeo Touareg tras su desempeño reciente. Entre los competidores que lucían en la categoría RallyGP figuraban también Skyler Howes y José Ignacio Cornejo, cerrando los siete más rápidos de la clase. La profundidad del campo quedaba reflejada incluso en Rally2, donde Edgar Canet marcaba el ritmo como referente de su categoría. Lo interesante no era solo quién ganaba, sino cómo los márgenes se mantenían ajustados: en rally-raid, la diferencia entre primero y décimo lugar suele medirse en minutos acumulados a lo largo de semanas, no en segundos aislados.
Al Attiyah despliega su autoridad en automóviles
Nasser Al Attiyah escribió su propia historia en la rama de coches, con una actuación que no dejó dudas sobre su estado de forma. El piloto qatarí rompió el cronómetro con una marca inferior a seis minutos y medio, estableciendo un estándar que sus perseguidores debieron intentar igualar sin éxito. Lucas Moraes se ubicó a cinco segundos, mientras que Sébastien Loeb, compañero del ganador en el equipo, cedió nueve segundos para completar el podio provisional. La presencia de Loeb, tricampeón mundial de rally tradicional y veterano en la rama de raid, indicaba que la competencia en automóviles contaba con experiencia de primer nivel, a pesar de que los tiempos hablaban de un Al Attiyah con márgenes de control superiores.
Más atrás en la clasificación transitoria, Saood Variawa demostró potencial prometedor, mientras que Eryk Goczal se sumergía en su debut dentro de la máxima categoría del campeonato mundial. Mattias Ekstrom banderizaba a su equipo en sexta posición. Sin embargo, una ausencia notoria marcaba los tiempos en Abu Dhabi: ni Carlos Sainz ni Nani Roma estaban presentes en esta edición, decisión que Ford tomó respecto a su participación en el emirato. El ganador del Dakar 2025, Yazeed Al Rajhi, no logró traducir su triunfo sudamericano en el prólogo emiratí, quedando a casi veinte segundos de los líderes, una brecha que en rally-raid representa un mundo de diferencias cuando las distancias cronometradas son acumulativas.
Lo que sucedió en esa mañana de clasificación no era más que el trazado inicial de una batalla que se extendería durante los siguientes cinco días. El prólogo había cumplido su función clásica: establecer jerarquías tempranas, permitir que pilotos y máquinas se calibren en territorio hostil, y generar dinámicas psicológicas que influirían en las decisiones tácticas posteriores. El itinerario que se desplegaba ante los competidores incluía 243 kilómetros cronometrados distribuidos en una ruta que atravesaría desde Al Ain hasta Mezeer'Ah en la primera etapa, con otros 157 kilómetros de enlace completando el viaje inaugural. El desierto emiratí, con sus dunas desafiantes, su polvo que reduce la visibilidad y su capacidad de castigar errores, seguía siendo el juez supremo de quién merecía avanzar y quién debería resignarse a perder posiciones.
Las dinámicas que emergieron del prólogo presentaban variables fascinantes para el desarrollo de la segunda jornada competitiva del año mundial. Tosha había mostrado velocidad pura en motos; Al Attiyah, ese control temperamental que caracteriza a los pilotos con experiencia acumulada en raid. Los perseguidores cercanos indicaban que esta no sería una batalla donde un piloto dominara incontestablemente, sino que los cambios de liderazgo podrían sucederse conforme las especiales avanzaran y las variables del terreno se transformaran. Para el espectador del rally-raid, esto representaba promesa de competencia vibrante; para los protagonistas, significaba no poder permitirse un solo error en los próximos días si buscaban mantener aspiraciones reales de triunfo. El desierto de Abu Dhabi, testigo de décadas de batallas competitivas, estaba listo para revelar si las jerarquías establecidas en aquella mañana de prólogo resultarían proféticas o apenas una ilusión pasajera.



