La ofensiva de Boca atraviesa un momento de fragilidad que trasciende lo puramente táctico. Con cinco jugadores lesionados en menos de una semana y un ataque que se reduce a opciones limitadas, el cuerpo técnico encabezado por Rodolfo Arruabarrena ha comenzado a tejer conversaciones con la cúpula directiva para reforzar el frente ofensivo. Lo que parecía ser un plantel armado para la temporada, hoy presenta grietas que demandan soluciones urgentes y no improvisadas. El cierre del período de fichajes se acerca con celeridad, lo que convierte estas próximas horas en críticas para definir si el club conseguirá incorporar otra alternativa de ataque o si deberá continuar con lo disponible.
El panorama se hizo evidente durante el encuentro de ida frente a O'Higgins por la Copa Sudamericana, disputado en la Bombonera. Miguel Merentiel fue quien ocupó la delantera en la alineación titular, consumiendo la totalidad de los noventa minutos sin que el cuerpo técnico contara con otra opción de recambio disponible en el banco de relevos. Esta carencia no es un detalle menor en competencias de carácter internacional donde la intensidad y el desgaste físico demandan rotaciones permanentes. La estructura ofensiva del equipo se ha vuelto tan endeble que prácticamente no existe margen para variaciones, algo que limita considerablemente las decisiones tácticas del entrenador una vez iniciada la contienda.
Las lesiones que condicionan el mercado
El deterioro del plantel comenzó semanas atrás con decisiones propias de una reestructuración mayor. La salida de Lucas Janson, quien terminó siendo prestado a Gimnasia de La Plata, representó una disminución de opciones que ahora se siente con mayor intensidad. No obstante, lo que inicialmente parecía controlable se convirtió en una tormenta cuando las lesiones comenzaron a golpear de forma reiterada. Adam Bareiro, la carta de gol más valiosa con la que cuenta el conjunto ribereño, sufrió un bloqueo que lo mantiene fuera de circulación. La molestia de Milton Giménez suma otro inconveniente. Pero esos no son los únicos casos: la semana previa registró otros tres futbolistas tocados, lo que obligó a una contención de daños sin precedentes en lo que va de la campaña.
Bareiro es particularmente delicado en su situación dado el antecedente reciente del club. Su lesión guarda características similares a la que padeció Edinson Cavani hace apenas algunos meses, una dolencia que terminó por derivar en la ruptura del vínculo contractual del atacante uruguayo con la institución. Arruabarrena fue explícito al respecto durante sus declaraciones posteriores al cotejo ante O'Higgins. Según explicó el entrenador, quien ya había departido con Bareiro sobre el estado de su condición física, el jugador se siente en progresión recuperativa. "Se ha realizado el bloqueo, hoy he hablado con él y se siente mejor. Esta semana, con algunos días de la otra, veremos si la progresión es buena", sostuvo el técnico, aunque no ocultó la incertidumbre que rodea este tipo de lesiones. El DT reconoció que en muchas ocasiones estas dolencias ofrecen una falsa sensación de mejoría antes de recaídas inesperadas, pero valoró la profesionalidad del delantero guaraní enfrentándose a esta adversidad.
La búsqueda activa en el mercado
Frente a este escenario, Arruabarrena no ha permanecido pasivo. Ha mantenido conversaciones frecuentes con Juan Román Riquelmé, quien ocupa un rol central en la toma de decisiones institucionales, sobre la viabilidad de incorporar un atacante adicional en estas últimas jornadas del período de transferencias. El técnico fue directo en su exposición: existe una preocupación genuina respecto a que la ausencia de Bareiro se prolongue más allá de lo estimado inicialmente, escenario para el cual necesitaría contar con una alternativa de jerarquía. "Estamos viendo la posibilidad de poder obtener otro atacante por si las dudas el parate de Adam, toco madera, sea más largo de lo previsto", expresó Arruabarrena con la claridad que lo caracteriza.
Esta búsqueda no constituye un capricho sino una necesidad táctica derivada del análisis objetivo de lo disponible. El entrenador ya había alertado sobre la cuestión luego de la victoria inicial ante Sarmiento, cuando comentó que periódicamente entrega listas de posibles refuerzos a la dirigencia. "El mercado está complicado, pero siempre alguna lista le paso al presidente", indicó entonces, reconociendo que la realidad de los pases presenta dificultades considerables pero que mantiene la esperanza en que algún objetivo pueda concretarse. La combinación de lesiones, salidas de jugadores y exigencias competitivas ha obligado al club a reactivar búsquedas que quizás no estaban previstas con tanta urgencia cuando se cerró el mercado anterior.
Con el reloj marchando hacia el cierre del período de fichajes, la dirigencia enfrenta una disyuntiva compleja. Incorporar un atacante adicional requiere no solo identificar candidatos viables sino también concretar operaciones que, en mercados veraniegos de Sudamérica, suelen estar acotadas en opciones de calidad comprobada. El costo económico de una incorporación en tiempo récord, las negociaciones con otros clubes y la disponibilidad misma de jugadores son variables que escapan al control de la institución. Simultáneamente, optar por no reforzar el ataque significaría mantener un riesgo latente: si Bareiro presenta una recaída o si las lesiones continúan acumulándose, Boca podría verse en la incómoda posición de resolver una crisis de personal con lo que ya posee, limitando opciones tácticas en competencias que exigen versatilidad y profundidad. Las próximas decisiones determinarán si el club prioriza la prudencia financiera o si asume costos adicionales buscando garantizar competitividad en el corto plazo.



