La victoria llegó con toda su carga de alivio, pero también dejó ese sabor amargo que caracteriza a los técnicos obsesionados con la eficacia. Boca derrotó a Recoleta 3-1 en la ida de octavos de final de la Copa Sudamericana, remontando una situación que en algún momento pareció complicada, aunque Rodolfo Arruabarrena no pudo evitar pensar en lo que pudo haber sido y no fue. En un torneo donde cada gol cuenta y donde los compromisos internacionales exigen máxima precisión ofensiva, desperdiciar ocasiones de gol es un lujo que ningún equipo argentino puede darse. Esa frustración moderada del entrenador azul no refleja descontento con el resultado, sino la búsqueda permanente de la perfección que caracteriza a quien dirige en un club de grandes expectativas.

Una remontada que mereció más goles

Desde el vestuario, Arruabarrena ya había exteriorizado su satisfacción con los futbolistas luego de lo que él mismo calificó como una secuencia "desgastante" de partidos. Sin embargo, cuando llegó el turno de analizar los detalles en la conferencia de prensa, el énfasis recayó sobre las ocasiones fallidas durante el segundo tiempo. "Me hubiese gustado terminar con un gol más", fue su frase inicial, una que repetiría minutos después con cierta insistencia, evidenciando que la mente del estratega ya procesaba mentalmente las alternativas que no se concretaron en el marcador. Este tipo de reflexiones son características de quienes consideran que el fútbol se juega tanto con la precisión como con la intención táctica.

Los goles de Santiago Ascacibar, quien anotó su cuarto tanto consecutivo, y Milton Delgado, que conectó un cabezazo en el corazón del área, permitieron que Boca virara el resultado. Posteriormente, Leonel Flores liquidó la contienda con un disparo de larga distancia que no dejó opciones. Tres tantos que sonaron bien, que abrieron espacios en el fixture internacional, pero que según la óptica del entrenador representaban apenas una fracción de lo que el equipo había generado en términos ofensivos. La diferencia entre ganar 3-1 y ganar 4-1 o 5-1 puede parecer matemática, pero en el análisis futbolístico trasciende los números: habla de eficacia, de concentración en los metros finales, de ese factor que los técnicos llaman "definición".

El caso Merentiel: paciencia ante la sequía goleadora

Miguel Merentiel fue el punto de reflexión más específico del director técnico. El delantero tuvo al menos cinco opciones para anotar y no logró convertir ninguna. En lugar de arremeter contra el jugador, Arruabarrena optó por una postura protectora, una decisión que habla de su relación con el plantel y de su comprensión sobre los ciclos en el fútbol. "No está en racha, nada más", fue su diagnóstico, acompañado de una anécdota ligera sobre el truco para relativizar la situación. Reconoció que Merentiel "estuvo activo" durante los noventa minutos, que se movió permanentemente en busca de aportar, incluso cuando un tanto suyo fue anulado por los árbitros. La posición que ocupa no es la más cómoda para él, admitió, pero está en proceso de adaptación.

Lo que más resonó en el discurso del técnico fue la empatía: "Es un chico que suma mucho y me hubiese gustado que convirtiese, porque todo delantero lo necesita ya vendrá, no tiene que apurarse ni desesperarse". Esta postura contrasta con la inmediatez que frecuentemente reclama el fútbol profesional, donde un goleador sin goles es cuestionado casi de inmediato. Arruabarrena, en cambio, apostó por el tiempo y la confianza como herramientas para revertir la sequía ofensiva de su atacante. No es la primera vez que respalda públicamente a Merentiel; días atrás lo había defendido tras el empate 1-1 contra Vélez, mostrando consistencia en sus respaldos.

La agenda cerrada y los ajustes por delante

Con esta victoria en el bolsillo, Boca enfrenta un calendario apretado que demanda gestión inteligente de recursos. El sábado siguiente llegará el enfrentamiento ante Platense en Vicente López, compromiso que podría implicar rotaciones considerando que varios futbolistas acumulan "tres o cuatro partidos con muchos minutos". La aparición de Martín Palermo en el banco rival agregará una capa de interés narrativo a ese encuentro. Posteriormente, vendrá la revancha del martes frente a Recoleta en el estadio Defensores del Chaco, donde Boca buscará sentenciar su paso a la siguiente ronda. Aunque Arruabarrena lamentaba las ocasiones desaprovechadas, no cayó en la trampa de especular: "Vamos a ir a buscar los tres puntos, a tratar de ganar el partido".

En cuanto a las decisiones tácticas del partido, Arruabarrena explicó sus movimientos haciendo referencia a la dinámica del juego. Cuando Recoleta se quedó con un futbolista menos, optó por arriesgar, y Cristian Lozano resultó ser la pieza clave: comenzó como defensor central pero se transformó en extremo atacante, lo que permitió generar diferencias por el flanco. Sebastián Battaglia fue incorporado para buscar duelos individuales y alternativas por los costados, estrategia que rindió frutos especialmente por la derecha, donde Lozano y Flores generaron las oportunidades que llevaron a tres de los tantos. Sin embargo, según el análisis del técnico, aún había espacio para haber aprovechado más las ventajas generadas por Battaglia, quien venía "complicando" la defensa contraria.

Novedades en el departamento de salud

En lo referente a la situación de los futbolistas, Arruabarrena ofreció un panorama moderadamente alentador. Adam Bareiro continúa en recuperación tras su lesión, un proceso que el técnico describe como lento pero progresivo, reconociendo la complejidad de la dolencia que genera variabilidad día a día. Su presencia en el entrenamiento es un signo positivo, aunque aún no hay certeza sobre cuándo podrá retornar a la competencia regular. Por su parte, Enner Valencia está transitando el comienzo de su proceso físico luego de llegar recientemente al club, completó estudios médicos satisfactorios y está trabajando de forma normal, aunque el cuerpo técnico prefiere no acelerarlo para evitar potenciales contratiempos. La prudencia en la readaptación de futbolistas con poco tiempo de entrenamiento suele ser una inversión en estabilidad futura.

Los goles que no se hicieron quedarán en la memoria de Arruabarrena como un recordatorio de que incluso en las victorias contundentes existe espacio para la mejora. Esta mentalidad, que algunos podrían interpretar como perfeccionismo exhausto, es precisamente la que mantiene a los equipos competitivos en torneos de eliminación directa como la Copa Sudamericana. La ida quedó resuelta a favor de Boca, pero la revancha aún espera, y con ella la posibilidad de cerrar definitivamente el capítulo Recoleta. Lo que suceda en el Defensores del Chaco determinará si esos goles no convertidos fueron un mero punto de análisis o una oportunidad verdaderamente desperdiciada que tenga consecuencias futuras.