La ausencia de un futbolista en una convocatoria suele explicarse por dolencias físicas, acuerdos tácticos o simples rotaciones estratégicas. Pero cuando un entrenador deja fuera a un jugador de un encuentro crucial sin que medie ningún problema de salud, el mensaje que envía trasciende lo meramente deportivo. Así ocurrió en Boca con Milton Giménez, quien no formará parte del plantel que este martes enfrentará a Recoleta en la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana. La determinación de Rodolfo Arruabarrena no responde a una lesión ni a un contratiempo físico, sino que constituye una evaluación estrictamente futbolística del desempeño del delantero de 29 años. Esta clase de decisiones, aunque no son frecuentes, adquieren especial relevancia cuando se trata de partidos eliminatorios donde cada banca se vuelve valiosa y donde la ausencia de un atacante experimentado puede resultar significativa.
El regreso que no terminó de cuajar
Giménez había transitado un camino complejo en las últimas semanas. Una lesión lo mantuvo apartado de los compromisos regulares durante un tiempo prolongado, pero logró recuperarse lo suficiente como para reintegrarse a una convocatoria. Su vuelta se produjo en el contexto de un encuentro frente a O'Higgins en territorio chileno, un partido que parecía marcar su regreso a la consideración del cuerpo técnico. Sin embargo, lo que parecía ser un punto de partida no se transformó en continuidad. Desde aquel momento, Giménez se ha visto limitado a participaciones puntuales, acumulando apenas un puñado de minutos en dos encuentros posteriores: uno frente a Newell's y otro ante Vélez. Estas apariciones no fueron suficientes para recuperar terreno ni para convencer a Arruabarrena de que se encontraba en condiciones óptimas.
El sábado pasado, en el partido que Boca disputó contra el Fortín, volvió a jugar. Y aquella presentación fue reveladora respecto a su estado actual. Giménez tuvo oportunidades para abrir el marcador —las ocasiones que todo delantero desearía aprovechar— pero no logró capitalizarlas. Peor aún, su actuación incluyó momentos que generaron ruido en las redes sociales: una acción particular en la que terminó desplomándose dentro del área, sin intervención defensiva de por medio. Estos detalles, aunque parecen menores en una visión superficial del juego, hablan de un futbolista que aún no recupera su mejor versión, que mantiene dificultades para conectar con la dinámica general del equipo y que, pese al buen desempeño colectivo de Boca, no logra encontrar su lugar en el esquema.
El contexto de una ofensiva en transición
La determinación de Arruabarrena adquiere un matiz particular cuando se observa el panorama en la línea ofensiva del club. Adam Bareiro, quien se perfilaba como una opción, continúa vinculado a problemas en la espalda que lo mantienen inhabilitado. En paralelo, Enner Valencia, el delantero que llegó durante el último período de contrataciones, aún se encuentra en etapa de puesta a punto. Valencia fue incorporado justamente para subsanar las carencias ofensivas que acumuló Boca durante una porción significativa del 2024 y lo que va de esta temporada. En un escenario donde la disponibilidad de atacantes experimentados resulta limitada, prescindir de Giménez para un partido de octavos de final podría parecer una decisión temeraria. Sin embargo, Arruabarrena eligió esta ruta de todas formas, priorizando criterios de desempeño sobre la necesidad de contar con todo efectivo disponible.
Esta opción revela algo sustancial sobre cómo el entrenador valora el rendimiento en cancha por encima de otras consideraciones. No se trata de un acto impulsivo, sino de una evaluación que refleja cuál es el lugar que ocupa Giménez en la jerarquía del cuerpo técnico en este momento. La señal es inequívoca: por más que la ofensiva requiera de contribuciones, el Vasco entiende que las que puede proporcionar Giménez actualmente no justifican su inclusión en una convocatoria para un encuentro de esta magnitud. Es una manera de comunicar, sin palabras ambiguas, que el proceso de recuperación del delantero trasciende lo físico e incluye aspectos relacionados con la confianza y la continuidad en el desempeño.
Dudas sobre el futuro y otras ausencias significativas
Naturalmente, esta clase de decisiones genera interrogantes que sobrepasan lo inmediato. En las últimas semanas, circularon sondeos de otros clubes interesados en los servicios de Giménez. La posibilidad de una salida, incluso a préstamo, permaneció como un escenario abierto en las conversaciones internas del club. Ahora, con esta exclusión de la convocatoria para un partido eliminatorio, es probable que aquel panorama de alternativas se vea acelerado o reformulado. Un futbolista que no entra en los planes del técnico para un encuentro clave tiene cada vez menos razones para permanecer en la institución, especialmente si existen otras opciones en el mercado que le ofrezcan continuidad.
Giménez no será el único ausente por criterios estrictamente deportivos. Williams Alarcón, el centrocampista chileno, tampoco formará parte de la convocatoria para enfrentar a Recoleta. Su situación representa un proceso de pérdida de consideración aún más pronunciado. Alarcón fue titular en un partido anterior frente a Riestra, pero Arruabarrena lo reemplazó durante el entretiempo, una decisión que en sí misma ya había funcionado como un llamado de atención. Antes de aquella presentación, apenas había acumulado minutos esporádicos frente a Central Córdoba. Desde la llegada del Vasco, el ex Huracán ha visto cómo su participación se reduce progresivamente. Incluso elementos juveniles del plantel, como Camilo Rey Domenech, aparecen hoy por encima suyo en el orden de preferencia del cuerpo técnico para el mediocampo. La exclusión de Alarcón de la lista para los octavos de la Sudamericana consolida una tendencia que ya era evidente: su espacio dentro del equipo se ha contraído considerablemente.
Estas dos decisiones conjuntas revelan un patrón en la forma de actuar de Arruabarrena. El entrenador no parece tener reparos en tomar determinaciones fuertes tanto en la construcción y renovación del plantel como en el día a día de las convocatorias y el armado de formaciones. Esto sugiere un perfil de líder técnico que prioriza los resultados y el desempeño sobre factores sentimentales o de antigüedad. Para algunos, esto representa claridad y coherencia. Para otros, puede generar incertidumbre respecto a qué parámetros garantizan la continuidad en el equipo. Lo cierto es que ambos futbolistas, Giménez y Alarcón, enfrentan ahora un escenario donde su futuro en la institución requiere ser redefinido o confirmado en otras instancias.
Proyecciones y posibles escenarios
La manera en que se desarrolle la serie ante Recoleta puede incidir indirectamente en los destinos posteriores de estos jugadores. Si Boca logra una buena performance y accede a las siguientes rondas, es posible que la seguridad en las decisiones técnicas de Arruabarrena se consolide aún más, dejando menos posibilidades de reincorporación para quienes fueron excluidos. Por el contrario, si los resultados no acompañan, podría abrirse espacio para revaluaciones y cambios de criterios. En cualquier caso, lo que queda claro es que ambos futbolistas requieren de un giro sustancial en su rendimiento o de una salida hacia otros horizontes donde puedan encontrar regularidad. Las exclusiones de esta magnitud, sin mecanismos de lesión que las justifiquen, difícilmente se revierten en el corto plazo cuando un técnico ha tomado posición de manera tan explícita. Las dinámicas internas de un plantel profesional responden a lógicas de confianza y jerarquía que, una vez alteradas en la dirección descendente, requieren de acciones concretas en cancha para ser revertidas, y todo indica que tanto Giménez como Alarcón enfrentarán dificultades significativas para lograrlo bajo el comando actual.



