Los próximos movimientos tácticos de Boca Juniors en el terreno de juego quedarán determinados por una decisión que deberá tomar su entrenador en las próximas horas. La ausencia de Leandro Paredes, confirmada a través de estudios médicos realizados tras la derrota ante Platense, genera un escenario complejo que trasciende lo meramente administrativo. Se trata de la baja de quien ha fungido como pivote neurálgico y conductor del juego, justo cuando el equipo se apresta a disputar un encuentro de eliminación directa contra Recoleta en territorio paraguayo, donde deberá defender una ventaja adquirida en la cancha de Huracán.
La lesión muscular detectada la mañana del domingo coloca al técnico Fernando Arruabarrena ante una encrucijada táctico-estratégica de considerables dimensiones. No se trata simplemente de reemplazar a un jugador más. Paredes no solo ocupa una posición dentro del esquema formativo, sino que representa la columna vertebral sobre la cual se construye el funcionamiento ofensivo y defensivo del equipo. Su liderazgo dentro del campo trasciende los números: es quien ordena, distribuye responsabilidades y marca los tiempos de juego. Perderlo justo cuando Boca necesita ejecutar un plan de contención y solidez genera un dilema que ningún técnico desearía enfrentar en estas circunstancias.
Las opciones sobre la cancha
Frente a este panorama, el cuerpo técnico barrial maneja dos caminos claramente diferenciados. La primera alternativa implica potenciar aún más el poderío ofensivo, sustituyendo la ausencia con un futbolista de características atacantes. Miguel Merentiel aparece como la opción natural para esta variante, lo que generaría un esquema donde la primera línea de ataque se refuerza con Aranda, Flores, Villa y el propio Merentiel como referencia en el área. Este planteo buscaría resolver el partido con superioridad en las proximidades del arco rival, aprovechando que la serie ya cuenta con una ventaja de dos goles conseguida en la ida.
La segunda ruta disponible apunta hacia la continuidad y el equilibrio. Aquí las menciones recaen sobre Camilo Rey Domenech o Tomás Belmonte, ambos capacitados para ocupar el espacio dejado por el capitán manteniendo una estructura de dos volantes centrales acompañados por Ascacibar y Delgado. Esta configuración resultaría más conservadora, más acorde a los requerimientos que impone jugar de visitante con el resultado favorable ya asegurado. Es un planteo que prioriza evitar riesgos innecesarios antes que buscar amplificar la diferencia de goles.
Antecedentes que iluminan el camino
El historial reciente de Arruabarrena ofrece algunos indicios sobre hacia dónde podría inclinarse la balanza. Cuando Paredes no estuvo disponible en el partido contra Riestra, hace apenas algunas semanas, el técnico optó por una estructura compuesta por Delgado, Alarcón y Ascacibar en la zona media. Sin embargo, esa tarde no fue de las más exitosas: Boca cayó derrotado 3 a 0 en el Bajo Flores vistiendo un equipo notoriamente alternativo. Aquel resultado negativo podría condicionar las decisiones de ahora, especialmente porque la magnitud de esta revancha es incomparablemente mayor.
Existe otro antecedente que resulta significativo, aunque debe contextualizarse adecuadamente. Cuando Paredes se encontraba en Qatar disputando la final del Mundial, Boca ya había estado en situación de prescindir de él. En aquella oportunidad, durante la eliminación de Sarmiento en la Copa Argentina, el equipo funcionó con Ascacibar y Delgado como doble cinco, mientras que Flores, Aranda, Velasco y Merentiel conformaban las líneas de ataque. Ese encuentro transcurrió sin mayores complicaciones, lo que sugiere que existen fórmulas alternativas que pueden funcionar, aunque nunca con las mismas garantías que cuando el capitán está en cancha.
La decisión que tome Arruabarrena este lunes, antes de que la delegación boquense viaje hacia Asunción, revelará mucho sobre su filosofía táctica en momentos de adversidad. Si apuesta por el refuerzo ofensivo con Merentiel, estará comunicando un mensaje de confianza en las capacidades atacantes del equipo y en la solidez defensiva capaz de contener cualquier respuesta del adversario. Si opta por mantener la estructura conservadora con alguno de los volantes disponibles, estará priorizando la seguridad, el control y la gestión inteligente de la ventaja ya obtenida. Ambas opciones tienen justificaciones válidas; ambas conllevan sus propios riesgos. Lo cierto es que la ausencia de Paredes no es un detalle menor que se pueda soslayar con un simple cambio de nombres en la alineación. Es una prueba de fuego para la capacidad adaptativa del técnico y para la flexibilidad táctica del plantel completo.
Los próximos días mostrarán cuál fue la elección final, pero sin dudas, cualquiera sea el rumbo que tome el equipo en Paraguay, la ausencia del mediocampista lesionado pesará en cada decisión que se deba tomar durante los noventa minutos. La Copa Sudamericana espera, y Boca debe responder con una estructura que, aunque diferente, sea lo suficientemente robusta como para asegurar el pase a cuartos de final.



