El elenco azul y oro se prepara para un martes de máxima exigencia. En la Bombonera, a partir de las 21.30, Boca Juniors recibirá a San Pablo de Brasil en el primer encuentro de los cuartos de final de la Copa Sudamericana, una competición que representa uno de los principales objetivos trazados para esta temporada 2026. Tras disputar un compromiso de carácter rotativo en territorio mendocino —donde igualó sin goles ante Gimnasia—, el entrenador Fernando Arruabarrena ha decidido modificar sustancialmente su alineación para presentar el equipo más fuerte disponible en su arsenal ofensivo y defensivo.
La definición táctica del técnico Xeneize se centra en recuperar a los elementos que fueron preservados durante la última fecha. Entre ellos destaca el capitán Leandro Paredes, quien no participó del encuentro mendocino luego de acumular fatiga muscular que lo obligó a abandonar el campo durante los últimos minutos del enfrentamiento frente a Vélez en la Copa Argentina. Su reincorporación al mediocampo representa un fortalecimiento evidente para el juego de enlace y la conducción del balón. En su lugar ingresará en el once inicial el joven Rey Domenech, quien cederá su posición en la oncena titular. Esta decisión responde a un cálculo lógico: preservar al ídolo del club para este partido de eliminación directa, donde cada minuto y cada jugada poseen un peso determinante en la definición de la serie.
La base que se mantiene incólume
Pese a los cambios proyectados, existirá una columna vertebral que permanecerá inmóvil en la estructura del equipo. Los tres pilares que conservarán sus espacios en comparación con el empate registrado en Mendoza son Álvaro Montero en la portería, Toto Belmonte en el mediocampo, y Alan Velasco en el ataque. Esta continuidad responde a un criterio de estabilidad táctica: mantener los puntos de referencia que funcionaron correctamente en la última presentación, evitando cambios innecesarios que puedan afectar la automatización de los movimientos colectivos. Arruabarrena reconoce así el desempeño de estos jugadores y apuesta por su permanencia como garantes de la continuidad ofensiva y defensiva.
Donde sí se abre un abanico de posibilidades es en la línea de contención defensiva. El estratega debe resolver una incógnita que presenta tres candidatos para ocupar solo dos plazas en la zaga central. Lautaro Di Lollo, Facundo Herrera y Marco Pellegrino compiten por esos espacios escasos. La situación se complejiza por el regreso reciente de Pellegrino a los entrenamientos tras superar una lesión que lo mantuvo fuera de circulación. Su reincorporación al grupo abre interrogantes sobre su estado físico real y su disponibilidad para una prueba de semejante intensidad. Di Lollo y Herrera, en tanto, cuentan con ritmo de competencia y continuidad en sus presentaciones. La resolución de este dilema podría definirse en los últimos entrenamientos previos al martes, cuando Arruabarrena evalúe las sensaciones de cada defensor.
El puzzle del ataque y el regreso de las figuras
En el frente ofensivo, otro dilema atraviesa los planes del técnico: determinar si Sebastián Villa tendrá paso directo como titular o si la continuidad recaerá en Leonel Flores. Villa fue cuidadosamente reservado en Mendoza, descansando en el banco de suplentes con miras a este encuentro de mayor relevancia. Su preservación sugiere que se perfila como el elegido para enfrentar a los brasileños, pero la confirmación llegará recién con la confirmación oficial de la alineación. Flores, por su parte, se ha desempeñado como titular en la última salida y podría mantener su lugar si es que el técnico opta por continuidad en el flanco. Más allá de esta disyuntiva, los regresos que se proyectan al once inicial incluyen a Leandro Lozano en defensa, Lautaro Blanco en el lateral, Santiago Ascacibar en la medular y Miguel Merentiel en el ataque. Todos estos futbolistas descansaron o vieron reducido su tiempo de participación durante la visita a Gimnasia, y ahora retornan para aportar su energía fresca a un partido de eliminación directa.
La configuración final del equipo que saltará a la cancha en la Bombonera respondería, según los movimientos que Arruabarrena ha anticipado, a un esquema donde la experiencia y el talento se conjugan para enfrentar un desafío de magnitud continental. Los cambios no son caprichosos: responden a un análisis profundo de las características del rival, las condiciones físicas de los jugadores y el peso competitivo de la instancia. San Pablo llega como un contrincante experimentado, acostumbrado a esta clase de contiendas en el escenario sudamericano, lo que obliga a Boca a presentar su mejor versión desde el minuto inicial. La decisión de rotar en Mendoza, permitiendo el descanso de varios integrantes del plantel, cobra sentido ahora: fue un cálculo a mediano plazo para llegar con energías renovadas a este partido.
Las consecuencias de estas definiciones tácticas se extenderán más allá del resultado del martes. Si Boca logra imponerse ante San Pablo, habrá validado la estrategia de Arruabarrena de preservar efectivos para un momento determinante. En caso contrario, las críticas podrían dirigirse hacia la rotación efectuada en Mendoza o hacia las decisiones del entrenador respecto de quién juega y quién no en la línea defensiva. Lo cierto es que el plantel está capacitado para competir: los cambios proyectados no implican una reducción en la calidad, sino una reorganización que apunta a maximizar el rendimiento en una noche que promete ser decisoria. La Copa Sudamericana, históricamente, ha presentado sorpresas y ha demandado capacidad de adaptación de los equipos argentinos. Boca, con su experiencia en competiciones internacionales y su potencial ofensivo, posee herramientas para sortear este obstáculo y avanzar hacia instancias más profundas del torneo.



