Un técnico que vuelve a un club nunca llega sin equipaje. Rodolfo Arruabarrena regresa a Boca Juniors para dirigir nuevamente al equipo de la Ribera, y en su itinerario de reinicio aparece enseguida una tarea que mezcla desafío profesional con una cuenta personal sin saldar. Este domingo enfrentará a Racing Club en lo que será su primer clásico del segundo ciclo azul y oro, pero no se trata apenas de un partido más del torneo. Es la oportunidad de romper una maldición que se tejió durante el primer paso del Vasco por La Boca, cuando la Academia se convirtió en su verdugo de manera sistemática, acumulando un registro que pocas veces una institución permite acumular sin que signifique un punto de quiebre.
Hace exactamente una década, en condiciones climáticas tan adversas que obligaron la suspensión del encuentro, Arruabarrena dirigió su primer clásico en Boca. Era domingo 14 de septiembre de 2014, en La Bombonera, bajo una lluvia torrencial que transformó el terreno de juego en un pantano. Jonathan Calleri abrió la cuenta tempranamente con un gol de factura impecable, poniendo a los xeneizes en ventaja. Sin embargo, aquel partido no pudo completarse. La intensidad de las precipitaciones y el estado deplorable del campo obligaron al árbitro Federico Beligoy a tomar la decisión de suspender las acciones faltando aún más de treinta minutos para el término. Boca y Racing volverían a este compromiso once días después, el 25 de septiembre, en una continuación que reservaba sorpresas desagradables. Gustavo Bou, quien luego sería recordado como una de las figuras más brillantes de aquel equipo campeón de la Academia, aprovechó ese tiempo complementario para marcar dos goles que encaminaron la remontada y la victoria.
La serie negra que definió una etapa
Lo que siguió fue un patrón que se repetiría con la consistencia de un metrónomo. Durante los años siguientes de esa primera gestión del Vasco al mando del equipo azul y oro, Racing se transformó en un espejo donde Boca veía reflejadas sus propias limitaciones. En el verano posterior, durante una gira por Mar del Plata donde aún se jugaban amistosos de pretemporada, el equipo xeneize volvió a encontrarse con su bestia negra. Calleri nuevamente adelantó a Boca, pero esta vez la Academia no solo igualó sino que ejecutó una goleada devastadora. El marcador final fue 4-1 en favor de Racing, y el contexto agravó aún más la derrota: Boca terminó el encuentro en inferioridad numérica, con diez jugadores en cancha ante once rivales. Ese resultado no pasó desapercibido en la dirigencia. Daniel Angelici, presidente del club en ese momento, decidió intervenir agresivamente en el mercado de pases para reforzar al equipo y armar un plantel con mayor jerarquía y cantidad de efectivos que permitiera competir sin tanta vulnerabilidad.
A pesar de esos intentos de refuerzo, la mala racha persistió. En octubre de ese mismo año, cuando Boca se encontraba prácticamente a la puerta de la coronación en el torneo doméstico, volvió a visitarse con Racing pero esta vez en territorio de Avellaneda. La Academia ganó con claridad por 3-1, un resultado que dejó profundas dudas sobre la solidez del equipo azul y oro, aunque paradójicamente pocas semanas después ese mismo plantel lograría coronarse como campeón. El ciclo de encuentros continuó durante el verano siguiente. En enero, nuevamente en Mar del Plata y en un partido que regaló mucho espectáculo ofensivo, el marcador inicial favorecía a Racing 2-0. Los xeneizes empataron el compromiso parcialmente en 2-2, pero la Academia cerró con otra goleada: 4-2 en el marcador final, con Bou anotando dos goles más en el cierre que asestaron los últimos golpes.
El punto final de una era y el regreso pendiente
Si cinco encuentros consecutivos entre dos rivales pueden constituir un testimonio de supremacía, entonces Racing había ganado esa batalla de manera contundente. El último de esos clásicos llegó como broche de oro de una derrota más profunda. Con Arruabarrena ya al borde de perder su cargo o en los últimos coletazos de su ciclo inicial en Boca, Racing visitó Avellaneda nuevamente y se llevó un triunfo por 1-0 con gol de Roger Martínez. Ese fue el quinto acto de una tragedia deportiva que, aunque quedó en el pasado competitivo, difícilmente se borró de la memoria del técnico. Cinco derrotas en cinco clásicos representan mucho más que un simple registro estadístico negativo; significan una serie de oportunidades perdidas, de enseñanzas aprendidas en la derrota, de ciclos que no pudieron completarse como se pretendía.
Ahora, cuando el Vasco retorna a Boca para iniciar un nuevo capítulo, el contexto ha mutado pero el rival permanece intacto. Racing seguirá siendo Racing, con su propia historia de victorias y su enorme poder institucional dentro del fútbol argentino. Sin embargo, para Arruabarrena existe una dimensión que va más allá de lo táctico y lo técnico que se juega en estos encuentros. La oportunidad de revertir ese historial, de transformar en victoria lo que fueron cinco derrotas, representa tanto un desafío profesional como una reivindicación personal. El Cilindro será el escenario, y aunque el técnico ha declarado que la prioridad radica en el rendimiento del equipo y los objetivos institucionales que Boca persigue en esta nueva etapa, es inevitable que una parte de su atención se dirija hacia esa cuenta pendiente que acumula cinco fracasos consecutivos.
Lo que ocurra el próximo domingo podrá interpretarse de múltiples formas según quién observe. Para los simpatizantes de Boca, una victoria representaría la confirmación de que este equipo posee los recursos y la mentalidad para competir contra sus rivales más intensos. Para la institución azul y oro, sería un punto de inflexión que alimentaría el optimismo en torno al nuevo ciclo que acaba de iniciarse. Para los hinchas de Racing, cualquier otro resultado que no sea una derrota significaría la continuidad de una supremacía que, aunque episódica y acotada a un período específico, quedó registrada en los anales de los enfrentamientos entre ambos clubes. Y para Arruabarrena, independientemente del resultado que se concretice, esta será la primer oportunidad de escribir un final diferente a aquella serie que lo acompañó durante sus años previos fuera de Boca, demostrando que los ciclos cerrados pueden reabrirse bajo nuevas circunstancias y perspectivas.



