La caída de Boca en territorio brasileño dejó más que un resultado adverso: generó una secuela emocional difícil de procesar, especialmente por las circunstancias que rodearon el desenlace del encuentro. Sin embargo, detrás del desánimo inmediato y las interrogantes sobre las decisiones arbitrales, emerge una reflexión más profunda sobre lo que le espera al equipo en las próximas semanas. Santiago Ascacibar, uno de los referentes del plantel, se encargó de trasladar ese análisis con una claridad que va más allá de la frustración del momento: el equipo necesita resetear su mentalidad y enfocar todos sus recursos en los partidos que restan, donde no hay margen para distracciones ni contemplaciones.

La derrota 1-0 contra Cruzeiro en el Mineirao llegó cargada de polémica. Las decisiones del árbitro Esteban Ostojich generaron gran irritación en el banco xeneize, especialmente la expulsión de Adam Bareiro tras recibir una segunda tarjeta amarilla que el equipo considera cuestionable. Este episodio, ocurrido en los primeros minutos del encuentro, modificó sustancialmente el panorama táctico y psicológico del partido. Con un jugador menos en el campo y enfrentando a un rival que supo aprovechar la ventaja numérica, Boca debió resignarse a una posición defensiva que finalmente no pudo sostener. El gol llegó en el tramo final, consolidando una jornada que cualquier seguidor xeneize preferiría olvidar rápidamente.

La necesidad de girar la página rápidamente

Cuando los micrófonos se acercaron a Ascacibar en la zona mixta, el futbolista enfatizó algo que trasciende lo deportivo: la urgencia de cambiar de registro. Con pocas fechas por disputarse en el torneo doméstico y todavía vivos en la Copa Libertadores, el reloj corre de manera inexorable. "Quedan pocas fechas, es un mes a todo o nada, que tenemos que hacerlo y cerrarlo de buena manera", fue su diagnóstico sin vueltas. Esta expresión resume perfectamente la ventana de oportunidades que se abre: aproximadamente treinta días donde cada punto, cada gol, cada actuación individual puede resultar decisiva para el destino del club en las competiciones que aún disputa.

El contexto agrega presión a la ecuación. Boca llega a esta recta final con una distancia de un punto respecto del líder Estudiantes en el torneo Apertura. Una distancia mínima que puede cerrarse o ampliarse según cómo se desenvuelva el equipo en estas jornadas finales. Es el tipo de escenario donde los equipos se ganan o se pierden a sí mismos, donde la mentalidad prevalece sobre el talento puro. Ascacibar lo sabe porque vive en la cancha cada uno de esos minutos, cada una de esas decisiones colectivas que determinan si el equipo avanza o retrocede. Su mensaje es directo: no hay tiempo para lamentos prolongados ni para culpar circunstancias externas. Toca trabajar.

Analizando lo que salió mal y qué rescatar

A pesar de la molestia evidente por el resultado y por cómo se produjo, el mediocampista mostró una perspectiva equilibrada. Reconoció que la expulsión de Bareiro generó un desequilibrio que afectó el rendimiento colectivo, pero también fue claro en señalar que no puede servir como excusa. "Te saca un poco del encuentro. Obvio que uno después tiene que meterse rápido en el juego hasta que llegó el gol de ellos", expresó, describiendo ese momento de adaptación que el equipo debió enfrentar. Luego agregó una reflexión que denota madurez futbolística: los detalles y las desatenciones son los que finalmente definen los partidos, tanto para los que ganan como para los que pierden.

Lo interesante de su análisis es que no se quedó en la victimización. En cambio, Ascacibar propuso un enfoque constructivo: identificar qué funcionó bien en el partido y qué debe mejorarse en los entrenamientos venideros. Este tipo de pensamiento es característico de futbolistas experimentados que han transitado distintos ciclos y entienden que la culpa distribuida es menos productiva que la autocrítica colectiva. Sobre la polémica arbitral, el volante fue explícito: "No me da la sensación de que sea amarilla" al referirse a la primera tarjeta de Bareiro. Cuestionó también la velocidad con la que se resolvió la expulsión. Sin embargo, tras expresar su desacuerdo, cerró el tema con una frase reveladora: "habrá que trabajarlo". Es decir, seguir adelante sin quedarse rumiando en lo que no se puede cambiar.

Respecto a la actuación de Bareiro tras el encuentro, Ascacibar fue comprensivo. El delantero publicó un mensaje en redes sociales en el que se disculpaba con hinchas y compañeros. El mediocampista enfatizó que el jugador es consciente de su error y que el equipo está para contenerlo, no para alejarlo. "Vino y nos saludó. Obviamente sabe que el error estuvo, pero también sabe cómo afrontarlo y sabe que estamos ahí para apoyarlo para lo que sea". Esta declaración es importante porque muestra una estructura de contención grupal que, en momentos de crisis, resulta fundamental para mantener la cohesión.

El incidente del final del partido, cuando jugadores de Boca fueron al encuentro de Matheus Pereira por presuntos comentarios inapropiados, también fue mencionado por Ascacibar. El volante aclaró que se dirigió hacia la zona de conflicto con la intención de apaciguar los ánimos, no de alimentar la polémica. "Siempre está ese tipo de provocación, pero uno tiene que tratar de calmar esa situación para que no sea peor". Su postura fue la de un mediador que prioriza la disciplina y la compostura sobre la reacción impulsiva. En competiciones internacionales, este tipo de control emocional suele marcar diferencias entre equipos que continúan su camino y aquellos que se autosabotean.

Finalmente, Ascacibar no olvidó reconocer la presencia de la hinchada de Boca en el Mineirao. Describió esa experiencia como "algo maravilloso" y expresó orgullo por escuchar a los hinchas xeneizes en territorio adverso y bajo la lluvia de apoyo de la hinchada de Cruzeiro. Este tipo de valoración sobre el respaldo del público, incluso en la derrota, subraya que hay aspectos del club y de la experiencia futbolística que trascienden los resultados puntuales.

Lo que viene para Boca demandará precisamente de esa mentalidad que Ascacibar describe: temple, capacidad de aprendizaje rápido, y disposición a convertir la adversidad en combustible. Con el Apertura aún al alcance y la Copa Libertadores como objetivo mayor, los próximos treinta días funcionarán como un tamiz que definirá si el equipo tiene los recursos psicológicos y futbolísticos para pelear donde realmente importa. El mensaje del Ruso es claro: no hay tiempo para quejas. Solo hay tiempo para trabajar y competir.