El calendario no espera a nadie en el fútbol profesional. Mientras la decepción por la salida anticipada en el torneo Apertura todavía cala hondo en la hinchada de Boca, los azulejos ya están puestos sobre la mesa de una nueva batalla: el martes 19 de mayo llega Cruzeiro a la Bombonera en un partido de vida o muerte para la continuidad en la Copa Libertadores. No se trata de un simple juego de ida y vuelta. Este encuentro representa nada menos que la clasificación a octavos de final, esa instancia que aún no está garantizada y que define el futuro deportivo del club en el semestre. Y es aquí donde Claudio Ubeda debe desplegar toda su capacidad de análisis táctico, porque las lesiones y los rendimientos dudosos obligan a decisiones que van mucho más allá de cambiar nombres en una alineación.
La ironía del destino tiene sus puntas. El rival que enfrenta Boca en estos octavos de Libertadores es justamente aquel equipo que cortó la racha invicta del Xeneize en territorio brasileño, en una noche donde los ánimos se calderon y quedaron asuntos pendientes. Volver a cruzarse con los cariocas bajo estas circunstancias añade una capa extra de tensión a un partido que, por sí solo, ya concentra toda la presión imaginable. No es solo ganar: es reafirmarse, responder y demostrar que aquella caída tiene reparación. El técnico sabe que este y el próximo encuentro —el 28 de mayo ante Universidad Católica en el mismo escenario— van a trazar el destino de Boca en la primera mitad de la competición. Pero también sabe algo más incómodo: su propio contrato vence a fin de junio, lo que convierte estos partidos en determinantes para su continuidad en el cargo.
Las bajas que condicionan el esquema
Ubeda no tendrá lujos ni márgenes para rotar. Eso fue quedando claro después de la debacle con Huracán, cuando quedó evidente que el tiempo de las alternativas había terminado. El viaje a Ecuador dejó un saldo visible: Santiago Ascacibar fue expulsado y ahora enfrenta una sanción por fecha que lo sacará del mediocampo precisamente cuando más se lo necesita. Su ausencia es sensible porque representa una de las piezas que Ubeda venía priorizando en la estructura del equipo. ¿Quién lo reemplaza? La respuesta está en la recuperación de Ander Herrera, quien superó un desgarro y vuelve al ruedo con posibilidades de ocupar su lugar en el once. Sin embargo, tampoco es una solución cerrada: Tomás Belmonte viene acumulando minutos y podría ser una alternativa que considere el estratega. No es lo mismo, claro. La experiencia del español representa una cosa diferente a lo que ofrece el juvenil.
Pero la otra baja es aún más delicada porque toca la ofensiva. Adam Bareiro regresó a la titularidad el sábado contra Huracán después de dos partidos sin jugar, pero su participación duró apenas veinte minutos. Los estudios confirmaron lo que temía el cuerpo técnico: un desgarro en el aductor derecho que lo aleja de la cancha y lo deja apuntando al encuentro del 28 de mayo contra los católicos, cuando se cierre la primera fase de la Libertadores. Su substituto será Milton Giménez, quien ya lo reemplazó en el partido anterior y cuyas características se alinean mejor con el modelo de dos atacantes que Ubeda viene intentando implementar. No es un cambio menor: implica repensar la generación de espacios, los movimientos de transición y la forma en que Boca presiona en altura.
Los cuestionamientos después de la caída
Allá donde hay una derrota, hay nombres bajo la lupa. El lateral derecho es uno de esos lugares donde las señales de alerta se encienden. Chelo Weigandt pasó de estar marginado a convertirse en una prioridad en el esquema, pero su actuación ante el Globo dejó pistas incómodas. Fue reemplazado durante el segundo tiempo por un desempeño que no convenció, algo que los hinchas no tardaron en manifestar con sus murmullos de desaprobación. Lo interesante es quién ocupó su puesto: no fue Juan Barinaga, quien venía siendo el lateral titular en el torneo doméstico cuando la rotación aún existía. En su lugar ingresó Malcolm Braida, un jugador que ha ido ganando minutos en el lateral izquierdo durante este 2026 y que, gracias a actuaciones parejas, ahora tuvo la posibilidad de demostrar su capacidad en la otra banda. Lo hizo sin sobresaltos. Esta movida deja abierta una pregunta incómoda para Ubeda: ¿qué hacer con Weigandt? ¿Darle una oportunidad de enmienda, o abrir el abanico hacia Braida nuevamente?
Hay otros nombres que también quedaron cuestionados tras la debacle. Lautaro Di Lollo, el defensor de 22 años, fue responsable directo de los dos penales que el Globo convirtió para tomar ventaja. Es irónico, porque hasta el sábado pasado el juvenil era considerado una pieza prácticamente intocable en el esquema, junto a Ayrton Costa. Di Lollo es de esos casos donde el rendimiento general no debería permitir que un par de decisiones malas en un momento crítico lo saquen del equipo. Y tiene un dato de peso: el propio Lionel Scaloni confirmó el buen momento que atraviesa el defensor al incluirlo en la prelista de 55 futbolistas para el próximo Mundial. Una inclinación que habla de un jugador en alza, más allá de los errores cometidos. Algo parecido sucede con Milton Delgado, quien también cometió una falla en el primer gol de Huracán pero que sigue siendo prácticamente fijo en el once al lado de Leandro Paredes. Ubeda difícilmente quiera desarmar casi completamente el mediocampo sacando al juvenil, máxime considerando que ahora no contará con Ascacibar.
En el arco, Leandro Brey también fue señalado tras la eliminación, aunque el contexto importa. Agustín Marchesín llegó lesionado, lo que obligó a Ubeda a esperar hasta el último momento para confirmar al joven portero contra Huracán, sabiendo que venía de sufrir un traumatismo en la ingle en Ecuador. Aun así, Brey le ganó la pulseada a Javi García. Estas son las decisiones que distinguen a un técnico de otro: saber dónde ceder, dónde mantener la línea y dónde buscar respuestas diferentes. El resto del equipo, en principio, se mantendría sobre los mismos parámetros tácticos que se vienen utilizando, aunque nadie descarta que las performances del fin de semana generen otros cambios.
Lo que viene para Boca en la próxima quincena es, en esencia, una prueba de fuego tanto para el plantel como para Ubeda. Dos partidos, dos eliminatorias, dos oportunidades para definir no solo la continuidad en la Libertadores sino también aspectos más personales del técnico. Las lesiones quitaron opciones, los errores individuales cuestionaron figuras y la experiencia demostró que el margen de error es cada vez más reducido. Con Cruzeiro asomando en el horizonte, las decisiones ya están siendo tomadas. Algunos cambios son obligados; otros responden a evaluaciones de rendimiento. La Bombonera tendrá la palabra final, como siempre.
Las implicancias más allá del partido
Mirar hacia adelante obliga a considerar diversos escenarios. Si Boca logra clasificar ante Cruzeiro, el partido ante Universidad Católica adquiere dimensiones distintas porque ya no será una batalla por la continuidad sino una oportunidad de consolidación. Pero si los resultados no acompañan, los cuestionamientos sobre las decisiones tácticas se multiplicarán y los cambios que puedan venir después adquirirán tintes de urgencia. Para el cuerpo técnico, para los jugadores que cargan con responsabilidades específicas y para la institución en su conjunto, estos próximos catorce días representan un eje de rotación que puede cambiar la dirección de la temporada. Las ausencias por lesión, lejos de ser solo un dato estadístico, condicionan filosofías tácticas completas. La reintroducción de ciertos jugadores abre o cierra puertas tácticas. Y la evaluación de rendimientos, más allá de resultados, determina a quién se le da continuidad y a quién se le buscan alternativas. En el fútbol moderno, donde los márgenes entre el éxito y el fracaso se miden en centímetros y en decisiones tomadas en fracciones de segundo, estas definiciones que Ubeda deberá hacer en las próximas jornadas podrían reverberar durante meses.



