La semana próxima traerá consigo uno de esos encuentros que marcan el pulso de una campaña continental. Boca Juniors recibirá a Cruzeiro el martes en la Bombonera, en un cruce de la Copa Libertadores donde prácticamente nada podrá dejarse al azar. Sin embargo, antes de que suene el árbitro inicial en esa noche decisiva, existe un verdadero laboratorio futbolístico que comenzará este sábado: el entrenamiento donde el técnico Diego Ubeda pondrá bajo la lupa cada detalle, cada movimiento, cada capacidad física de sus futbolistas. Y en ese contexto, hay un nombre que concentra buena parte de la atención: Edinson Cavani, quien acaba de recibir el visto bueno médico para reincorporarse plenamente a los trabajos tras semanas lidiando con molestias en su estructura dorsal.
Las piezas que faltan en el rompecabezas táctico
Para armar el equipo que saltará a la cancha frente a los brasileños, Ubeda deberá resolver múltiples incógnitas que surgieron durante las últimas jornadas. La más inmediata tiene que ver con la mitad de la cancha: Santiago Ascacibar fue expulsado en el encuentro ante Barcelona, en territorio ecuatoriano, por lo que su presencia quedará vedada durante esta próxima fecha. El reemplazo no es menor en un plantel donde las opciones están limitadas. La alternativa más probable apunta a Tomás Belmonte, quien tiene todas las características para ocupar ese espacio. Aunque existe otra variable en la ecuación: Ander Herrera podría ser considerado, pero sus antecedentes recientes juegan en contra. El vasco viene de una lesión muscular que lo mantuvo alejado de la cancha en el último partido ante Huracán, cuando apenas llegó para sentarse en el banquillo sin ver acción, lo que sugiere que aún no recupera el ritmo competitivo necesario.
Pero hay más. En el ataque, Adam Bareiro sufrió una lesión durante el choque ante el Globo, lo que genera otro vacío en la conformación del once inicial. Para este puesto, existe un candidato que ya demostró su capacidad para cumplir esa función: Milton Giménez. El delantero se vio obligado a entrar en acción cuando el paraguayo se lesionó hace poco, y posteriormente tuvo que ocupar ese lugar nuevamente cuando Bareiro fue expulsado en un encuentro anterior ante el cuadro de Liniers. Su experiencia reciente en esa demarcación lo posiciona como el candidato más probable para continuar en esa línea.
Cavani, la prueba de fuego antes de la batalla decisiva
Es en este escenario donde emerge la figura de Cavani con una carga emocional y táctica particular. El delantero uruguayo de 39 años fue autorizado por el departamento médico a participar con total normalidad en los entrenamientos tras recuperarse de sus dolencias dorsales. Sin embargo, su situación presenta matices que van más allá de la simple autorización para entrenar. Su inactividad es preocupante: su último partido oficial remonta a febrero, lo que significa más de cuatro meses sin competencia real. En lo que transcurre de este año, apenas ha acumulado dos encuentros, cifra que deja clara su limitada participación en la temporada.
Aquí es donde radica la complejidad de la decisión que deberá tomar Ubeda. Lanzar al Matador directamente a la cancha en un partido de semejante envergadura, enfrentando a un rival que exigirá el máximo esfuerzo físico y táctico, podría ser irresponsable considerando su falta de rodaje. El cuerpo necesita adaptarse gradualmente a los ritmos competitivos, especialmente en una persona con más de tres décadas de vida que acaba de salir de un período de baja actividad. Por eso, el entrenamiento de este sábado adquiere una relevancia extraordinaria: será el espacio donde Ubeda pueda someter al uruguayo a exigencias controladas, donde pueda verificar si realmente su dorso aguanta los esfuerzos requeridos, si su explosividad ha sido recuperada, si su juego aéreo mantiene su potencia habitual. Es, en otras palabras, el examen antes del examen definitivo.
Lo más probable, tras este análisis de fin de semana, es que Cavani integre el equipo desde el banco de suplentes el martes. No se trata de una sanción ni de una desconfianza hacia su calidad, sino de una cuestión de pragmatismo futbolístico. Su ingreso en un momento estratégico del partido podría resultar letal para Cruzeiro: un atacante de su jerarquía, descansado y con capacidad de tomar decisiones en espacios reducidos, puede ser la carta de cambio que incline la balanza. Pero primero, deberá superar la prueba del sábado sin contratiempos.
Otros ajustes en la estructura defensiva
Mientras tanto, en el lateral derecho también se prevén movimientos. Marcelo Weigandt debió abandonar el campo ante Huracán durante el descanso, lo que plantea dudas sobre su disponibilidad y estado físico. Malcom Braida lo sustituyó en esa ocasión y cumplió su rol de manera adecuada. La opción de mantener al defensor en esa posición está siendo considerada por la dirección técnica, aunque Barinaga también podría ser una alternativa si se opta por hacer rotaciones. La práctica de este fin de semana servirá para calibrar estas decisiones también, permitiendo que Ubeda vea con claridad cuál es la mejor configuración defensiva para enfrentar las virtudes ofensivas brasileñas.
El conjunto de variables que deberán resolverse en las próximas horas muestra la complejidad de dirigir un equipo en momentos decisivos de una competencia de relevancia mundial. Cada decisión tiene peso, cada cambio puede significar la diferencia entre avanzar o quedar fuera. El sábado no será simplemente un entrenamiento, sino un laboratorio donde se definirán los destinos de múltiples futbolistas y, indirectamente, el rumbo de una campaña entera. Cavani, Belmonte, Giménez, Braida y el resto deberán demostrar durante esas horas de trabajo por qué merecen estar en el campo cuando llegue la noche más importante. Y es que en el fútbol de elite, las oportunidades para tomar decisiones conscientes y preparadas son limitadas; aprovecharse de ellas es la diferencia entre los equipos que avanzan y los que quedan en el camino.
Las implicancias de lo que suceda este martes frente a Cruzeiro trascienden lo meramente deportivo. Una clasificación mantendría viva la ilusión de conquistar una competencia que Boca no gana desde hace más de una década, reforzaría la confianza interna y proyectaría la ilusión hacia las instancias finales. Un fracaso, por el contrario, cerraría prematuramente una puerta que se abrió con esperanzas. Por eso, cada movimiento de este fin de semana, cada evaluación que se haga en la práctica de Ubeda, cada cambio que finalmente se concrete en la alineación, tiene el peso de lo trascendental. Cavani y compañía tienen 90 minutos para escribir un capítulo diferente en la historia de esta temporada; antes, tienen un sábado para demostrar que están listos para hacerlo.



