La voz de un relator puede convertirse en patrimonio de una hinchada. Lito Costa Febre, narrador histórico de los partidos de River, protagonizó este jueves una vuelta extraordinaria al pasado cuando gritó nuevamente una de sus frases más recordadas del fútbol argentino, aunque esta vez con un destinatario distinto. En un encuentro disputado en tierras venezolanas frente a Carabobo, con un marcador que terminó 2 a 1 a favor del equipo de Núñez, el relator encarnó nuevamente ese estilo apasionado que durante décadas lo ha caracterizado, trayendo a la memoria colectiva uno de los momentos más icónicos de la historia reciente del club.

Hace exactamente veintidós años, en el año 2002, un grito desgarrado quedó para siempre en la memoria de los hinchas millonarios. El contexto era un enfrentamiento contra Racing en el estadio Monumental, bajo la dirección técnica de Ramón Díaz, cuando River logró una victoria que trasformó la tarde gracias a Pipino Cuevas. Aquel fue un partido singular: con Martín Demichelis ocupando el puesto de arquero debido a la expulsión del titular Ángel Comizzo, el equipo enfrentó una situación de adversidad que finalmente superó. La frase que Costa Febre lanzó en ese momento—"Hacelo Cuevas, por Dios hacelo"—se convirtió en un mantra, una súplica convertida en narración, que recorre hasta hoy los bares, las casas y los recuerdos de varias generaciones de aficionados riverplatenses.

La repetición de un guion, pero con actores distintos

Lo extraordinario del jueves pasado fue la capacidad del relator para reconocer patrones que trascienden el tiempo. Durante el encuentro ante los venezolanos, la historia parecía escribirse nuevamente con tinta similar: River enfrentaba nuevamente una situación donde su arquero titular, Santiago Beltrán, había sido expulsado, obligando al equipo a improvisar en esa posición con Matías Viña. Las circunstancias paralelas —una baja defensiva crítica, la necesidad de un gol en un momento determinante— hicieron que Costa Febre, quien vive y respira cada instante del fútbol riverplatense, decidiera traer a colación nuevamente aquella proclama histórica. Pero esta vez, el nombre fue otro: "Hacelo Salas", dirigiéndose al atacante Maximiliano Salas, quien se encontraba en una posición de definición.

El párrafo de la narración que siguió merece un análisis detenido, porque en él Costa Febre desplegó toda su capacidad descriptiva. Mientras el jugador correntino avanzaba en un contraataque, el relator amplificó cada detalle: cómo Facundo González le proporcionó el envío largo, cómo Salas se abrió paso entre los defensores venezolanos, y finalmente, cómo definió por encima del arquero rival Bruera. Pero lo que marcó la diferencia fue la carga emocional con que narra Costa Febre estos momentos: el grito multiplicado, las repeticiones de "goooooolll" que se estiran en el tiempo, la insistencia en los datos que contextualizan al jugador ("el correntino Salas"), creando una narrativa donde cada elemento cobra significado.

De la mala prognosis al grito de gloria

Existe un aspecto irónico y humanamente relevante en este relato que merece ser destacado. Momentos antes de que Salas protagonizara la definición que terminaría siendo decisiva, Costa Febre había expresado su escepticismo respecto a las acciones ofensivas del jugador. Con tono crítico, había señalado algo cercano a que poco provecho aportaría el delantero en las acciones por venir. "Que nada bueno va a aportar, seguramente", fueron sus palabras registradas. Este desapego momentáneo —ese prejuicio sobre lo que sucedería—, contrasta de manera violenta con el desborde emocional que siguió segundos después. Cuando Salas finalmente marcó, Costa Febre no simplemente narró: canonizó el momento, lo transformó en un hito mediante sus palabras. Utilizó la metáfora "por fin el gato cazó la laucha", una frase que encapsula toda la tensión acumulada del partido, toda la esperanza depositada en ese instante específico.

La reacción emotiva del relator durante la anotación de la victoria es, en sí misma, un documento que revela la profundidad del vínculo entre quien narra y lo que narra. No se trata únicamente de transmitir información sobre qué sucedió en el campo de juego; Costa Febre participa activamente de la construcción del significado de esos eventos. Su voz no es un espejo neutro sino un instrumento que amplifica, que carga de dramatismo, que conecta el presente con el pasado, que transforma un gol en un acto de redención. Este partido en Venezuela, contra un equipo que en el contexto regional tiene importancia pero que para los hinchas millonarios representa una zona desconocida del fútbol continental, adquirió dimensión histórica gracias a la manera en que fue relatado.

Las implicancias de estos momentos van más allá de la anécdota colorida. La persistencia de Costa Febre en utilizar estructuras narrativas similares a lo largo de dos décadas subraya la importancia de mantener vivo el tejido identitario de una institución. River, como organización deportiva, se sostiene en la memoria colectiva de sus seguidores, en esos refranes de cancha, en esas frases que trascienden el contexto original y se vuelven universales dentro del universo del club. El hecho de que el relator reconociera la similitud estructural entre el partido de 2002 y el de este jueves, y decidiera hacer explícita esa conexión mediante la replicación consciente de su estilo narrativo, funciona como un acto de continuidad cultural. Los hinchas más antiguos escucharon en ese "Hacelo Salas" el eco del "Hacelo Cuevas", estableciendo un puente generacional que fortifica la pertenencia.

Reflexiones finales: el poder de la narrativa en el deporte

Múltiples perspectivas pueden extraerse de este evento. Algunos observadores podrían argumentar que el relato emotivo de Costa Febre añade valor narrativo y patrimonial a momentos que, de otra manera, podrían ser olvidados en la vastedad de competiciones continentales. Otros pueden sostener que la subjetividad extrema del relator—sus predicciones erróneas, sus cambios de tono—refleja una falta de profesionalismo o una excesiva implicación emocional. Desde otra óptica, se podría considerar que precisamente esa conexión apasionada es la que diferencia la narración deportiva latinoamericana de otros estilos más sobrios o distanciados, y que representa un valor cultural específico. Lo que resulta indiscutible es que, en el fútbol, los relatos construyen realidades tanto como las reflejan, y que figuras como Costa Febre son arquitectos de memoria colectiva cuya influencia trasciende ampliamente el minuto noventa de cualquier encuentro.