La Copa Sudamericana se convirtió en un espejo incómodo para Racing. Después de compartir puntos con Caracas en un encuentro que dejó más preguntas que respuestas, Gustavo Costas volvió a exigir cambios sustanciales en el funcionamiento del equipo. El empate sin goles en el primer tiempo y la igualdad 1-1 en el marcador final de esta tercera jornada de la competencia continental evidencian un patrón que el entrenador identifica como preocupante: errores defensivos puntuales que anulan el trabajo previo y condenan los partidos al limbo de la indecisión.
Durante la conferencia de prensa posterior al encuentro, Costas fue terminante en su diagnóstico. "En el fútbol hay que ganar, no se habla de merecimientos", expresó el técnico, una frase que encapsula su filosofía de trabajo y, al mismo tiempo, funciona como autocrítica silenciosa sobre lo que sucede dentro del campo. El entrenador reconoció que la Academia ha caído en un patrón repetitivo que los empobrece: comenzar bien en los primeros minutos, cometer un error táctico o de concentración, recibir el empate, y luego navegar sin certeza hacia el desenlace. "Nos está pasando todos los partidos, que empezamos bien, cometemos un error y nos empatan el partido, son muchos ya sin ganar", lamentó el director técnico, visiblemente frustrado aunque contenido en sus formas.
La desconcentración como enemiga silenciosa
Lo que ocurrió ante el equipo caraqueño no fue una sorpresa táctica ni una derrota por mérito ajeno. Fue, en cambio, la consumación de un descuido que Costas señaló con precisión quirúrgica. El tanto de igualdad llegó en una acción donde la defensa de Racing no estuvo atenta en el minuto del complemento, un error de posicionamiento que el técnico consideró evitable: "Tenemos que estar atentos, no nos puede pasar". Esta clase de autocrítica sin justificativos externos revela un entrenador que busca responsabilizar al elenco por sus propias decisiones y no por circunstancias ajenas. Sin embargo, también expresa cierta desesperación ante la incapacidad de sus dirigidos para mantener la concentración durante noventa minutos completos.
La carencia de Adrián Martínez en el ataque fue compensada con la inclusión del juvenil Tomás Pérez, quien anotó su primer gol en Primera División. A pesar de este logro individual, la ofensiva no encontró el ritmo necesario para vulnerar una defensa venezolana que, aunque compacta, no mostró un juego especialmente brillante. Costas identificó el problema: falta de frialdad en los remates, decisiones imprecisas en momentos claves, oportunidades desperdiciadas que, en el cálculo inexorable del fútbol, se transforman en puntos perdidos. "Yo pienso que no acertamos, tenemos que estar más fríos, tuvimos muchas jugadas que no supimos aprovechar y eso te cuesta el partido", sintetizó el técnico sobre el desempeño ofensivo.
Las alarmas internas y el interrogante sobre la unidad
Durante la conferencia, uno de los periodistas preguntó sobre el clima interno del club y la relación con la Comisión Directiva de Racing, un tema que ha generado especulaciones en las últimas semanas. Costas respondió con un prolongado silencio de diez segundos antes de abordar el asunto. Su respuesta fue categórica pero evasiva, en equilibrio perfecto entre la honestidad y la prudencia: "Nosotros estamos pensando en ganar y en nada más, no pensamos en otra cosa. Nos está costando mucho, pero por eso hay que dar más y estar atentos. Hoy salimos a buscarlos". Aunque las palabras suenen como una declaración de enfoque y unidad, el contexto en el cual fueron pronunciadas sugiere que hay fuerzas en tensión dentro de la institución que trascienden lo puramente deportivo.
Este no es el primer revés que Costas analiza desde una postura similar. Semanas atrás, tras la derrota 3-2 ante Botafogo, el entrenador señaló con dureza que su equipo "se hizo los tres goles sólo". Esa observación y la actual no son manifestaciones de un técnico que culpa al rival o a las circunstancias, sino de uno que demanda responsabilidad interna. El patrón es claro: Racing está perdiendo partidos por decisiones propias, no por superioridad rival. En los últimos quince minutos del encuentro ante Caracas, cualquiera podría haber ganado, según la evaluación de Costas, lo que refuerza la idea de que el partido estuvo abierto y vulnerable a cualquier desvío del resultado.
La urgencia que se acerca: el domingo decisivo
El calendario no ofrece piedad ni espacios para lamentos. Racing recibirá a Huracán en la última fecha del Torneo Apertura, un duelo donde los puntos tienen un peso específico muy superior al de cualquier otro momento de la temporada. La Academia busca acceder a los playoffs, y esa clasificación dependerá, entre otras variables, de cómo resuelva este encuentro. Costas lo sabe: "Acá no hay merecimientos, sabemos lo que nos jugamos el domingo. Lo que en realidad nos jugamos en todos los partidos". Esta declaración funciona como una especie de ultimátum para sus propios jugadores, un recordatorio de que en el fútbol los resultados son la única moneda válida.
La postura de Costas refleja una certeza histórica: desde los comienzos del fútbol moderno, los resultados prevalecen sobre las impresiones o las actuaciones parcialmente buenas. Equipos que dominan encuentros pero pierden por errores defensivos conocen bien esta amargura. Racing, una institución con una vasta tradición competitiva, no puede permitirse el lujo de seguir acumulando empates en competencias donde los objetivos específicos demandan victorias. El técnico, con su lenguaje directo y sin adornos, ha comunicado claramente que espera una reacción inmediata y contundente.
Lo que suceda ante Huracán trascenderá el resultado en sí mismo. Determinará si Racing logra mantener sus aspiraciones de playoffs vigentes o si entra en una espiral de dudas que comprometa el cierre de semestre. También será un indicador del nivel de conexión entre Costas y sus jugadores, de si el mensaje sobre la necesidad de ganar ha sido interiorizado más allá de las palabras pronunciadas en conferencias de prensa. En un escenario donde los margenes de error se estrechan cada jornada, el equipo de Avellaneda no puede permitirse repetir los mismos patrones que lo han llevado a este punto de tensión. La próxima semana será probatoria en más de un sentido, y tanto el técnico como su plantel lo saben con total claridad.



