El partido que trasciende lo deportivo
A primera vista, el encuentro que Tigre disputará el sábado en el estadio de Sarmiento podría confundirse con cualquier otra fecha del torneo Apertura. Dos equipos en busca de puntos, dos entrenadores pensando en estrategias, dos hinchas esperando una victoria. Pero como sucede frecuentemente en el fútbol, cuando uno se detiene a observar con más atención, descubre que bajo la superficie de lo rutinario se esconden historias que merecen ser contadas. Este partido en Junín no es la excepción. Por un lado, está la realidad inmediata: Tigre necesita romper una sequía de más de sesenta días sin conocer la victoria, un período que pesa como una losa sobre los hombros del equipo de zona norte. Del otro lado, hay una responsabilidad que aplica a ambas instituciones: la necesidad de acumular unidades para mantener vivas sus opciones de clasificación a los octavos de final de la actual competencia.
Sin embargo, existe un componente que eleva la trascendencia de este enfrentamiento mucho más allá de lo que las estadísticas podrían sugerir. El Verde de Junín, bajo la dirección de Facundo Sava, alberga en su plantel a dos personajes que ocupan un lugar destacado en el imaginario colectivo de la hinchada matadora. Pablo Magnín y Cristian Zabala no son simplemente futbolistas que alguna vez vistieron la camiseta de Tigre; son nombres sinónimos con uno de los momentos más gloriosos de la institución en años recientes. Su participación en el plantel fue fundamental para que el Matador completara una hazaña que parecía pendiente: el regreso a la máxima categoría del fútbol argentino después de un doloroso descenso.
La epopeya del 2021: cuando dos delanteros escribieron historia
Para dimensionar adecuadamente lo que significa el reencuentro de este sábado, es necesario remontarse a mediados de 2020, época en la cual Magnín llegó a Victoria proveniente de Sarmiento con una misión clara: ser protagonista en la campaña de ascenso. El contexto no era menor: el club se encontraba en la Primera Nacional después de haber sido relegado en 2019, y la ilusión de volver a competir en Primera División movía a cada uno de los integrantes del plantel. Apenas iniciada su etapa con el Matador, el delantero comenzó a demostrar las cualidades que lo habían hecho merecedor de la confianza que depositaba en él el cuerpo técnico liderado por Diego Martínez. Durante las participaciones en la Copa Libertadores, que permitían a Tigre competir internacionalmente a pesar de su situación doméstica, el goleador convirtió tres goles en cuatro encuentros, aunque los resultados del equipo no acompañaron esos esfuerzos individuales.
Lo verdaderamente trascendental ocurriría durante 2021, cuando se disputó el torneo de la Primera Nacional que terminaría coronando al Matador como campeón. En esa campaña histórica, Magnín firmó un total de veintidós tantos en treinta y dos presentaciones, cifra que lo posicionaba como el máximo artillero de toda la competencia, superando por cinco goles al segundo mejor anotador, Pablo Vegetti, quien actuaba para Belgrano. No era simplemente un asunto de números: era la demostración de que el delantero había sido absolutamente decisivo en la consecución del objetivo. Luego vendría la final, donde Tigre derrotó a Barracas Central por la mínima diferencia, sellando el regreso a Primera División después de un año y medio de ausencia que había dejado cicatrices profundas en la institución.
Cristian Zabala, por su parte, escribiría su propia página de gloria en esa misma epopeya. Aunque comenzó el torneo sin ser un titularísimo indiscutible, el defensor fue ganándose su lugar partido a partido, con la consistencia y dedicación que caracterizan a los futbolistas que comprenden la magnitud del momento histórico que les toca vivir. En total, participó en veintiséis de las treinta y cuatro fechas que comprendió el torneo. Pero lo que gravó su nombre en letras de oro fue su actuación en el partido decisivo: Zabala fue quien anotó el gol que le permitió a Tigre vencer a Barracas Central en la final del 2021, transformando su nombre en sinónimo perpetuo de ese ascenso que toda una institución había anhelado.
Lo que vino después: el destierro de los héroes
Tras consumarse el ascenso, ambos futbolistas permanecieron una temporada adicional en Victoria. Sin embargo, la realidad que enfrentaron no fue la que quizá habían imaginado. En la Copa de la Liga disputada ya en Primera División, Magnín actuó como titular frecuente y logró anotar cinco goles en doce partidos, mostrando que su capacidad goleadora seguía intacta. No obstante, cuando llegó la fase de playoff, la entrada de Mateo Retegui como alternativa en el ataque modificó el esquema táctico, y el delantero perdió protagonismo de manera dramática. Esta reducción en el minutaje se extendió durante toda la Liga Profesional: apenas fue titular en una oportunidad de las veintisiete fechas que disputó. El deterioro fue paulatino pero sistemático, transformando a uno de los héroes en una figura periférica.
Un destino similar aguardaba a Zabala. Después de comenzar como titular durante la Copa de la Liga en Primera División, el defensor fue perdiendo terreno de manera gradual hasta convertirse en suplente, experimentando las entradas esporádicas que caracterizan a los jugadores sin continuidad. Ambos permanecieron en el Matador hasta 2023, año en el cual decidieron buscar nuevos horizontes para sus carreras profesionales. Magnín emprendió un peregrinar por el fútbol latinoamericano: pasó por Melgar en Perú, Huachipato en Chile y Deportivo Cuenca en Ecuador, alternando etapas de actividad con períodos de incertidumbre característicos de las transiciones entre clubes. Zabala, por su parte, emigró hacia Ecuador, donde se sumó a Independiente del Valle. En su paso por la institución ecuatoriana, experimentó una trayectoria similar a la que había vivido en Tigre: comenzó siendo titular y fue perdiendo oportunidades con el transcurso del tiempo, acumulando sesenta y cuatro partidos en los que marcó cinco goles.
A principios del año en curso, ambos futbolistas encontraron un nuevo destino casi de manera simultánea: Sarmiento de Junín. Para Magnín, el regreso al club Verde representó una oportunidad de revitalizar su carrera después de años de errancia. Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada: poco después de arribar, sufrió una lesión severa que lo marginó de las canchas. Recién a fines de marzo logró recuperarse de esa dolencia que afectó sus ligamentos cruzados, reintegrándose de manera progresiva. Su retorno fue modesto: ingresó durante un minuto en el encuentro contra Aldosivi, fue titular en los partidos ante Tristán Suárez (partido donde marcó el gol ganador) y también en el compromiso frente a Gimnasia La Plata, aunque en este último solo permaneció en el terreno de juego durante sesenta minutos. Zabala, en tanto, se incorporó a la plantilla del Verde más recientemente, llegando a principios de 2025 después de completar su periplo sudamericano.
El reencuentro y sus implicancias emocionales
Este sábado, cuando Tigre viaje a Junín para enfrentar a Sarmiento, sucederá algo que trasciende completamente los aspectos meramente tácticos o competitivos de un partido de fútbol. Magnín y Zabala, dos de los protagonistas indispensables del ascenso histórico de 2021, tendrán la oportunidad de cruzarse nuevamente con la institución que les permitió vivir uno de los momentos más significativos de sus vidas profesionales. Para los hinchas de Tigre, verlos enfundados en otra camiseta será inevitablemente emotivo, marcado por la nostalgia de esos días de gloria pero también, posiblemente, por la comprensión de que los caminos del fútbol son impredecibles y que las circunstancias cambian con rapidez. Para los propios futbolistas, enfrentarse nuevamente al Matador representa una oportunidad de demostrar que, más allá de los altibajos, sus contribuciones a esa gesta colectiva de 2021 permanecerán indelebles en la historia del club.

