El tenis profesional conoce historias de ascenso vertiginoso, pero pocas tan comprimidas en el tiempo como la de Victoria Mboko. La tenista canadiense pasó de ser una completa desconocida en el circuito mundial hace poco más de un año a integrar la élite de las mejores jugadoras del planeta. Hoy, con apenas 19 años, ocupa un lugar dentro de los diez mejores rankings del mundo. Ese trayecto acelerado ha sido posible gracias a su talento innato, pero también a decisiones estratégicas que muestra una madurez deportiva poco común en alguien de su edad. La más reciente de esas decisiones fue la contratación de Wim Fissette, un técnico belga cuya hoja de ruta incluye trabajar con algunas de las mejores tenistas de las últimas dos décadas. Este cambio en su estructura deportiva marca un punto de inflexión en su carrera: la búsqueda deliberada de conquistar su primer título de Grand Slam.
El catálogo de Fissette y sus campeones
Wim Fissette no es un entrenador cualquiera en el universo del tenis femenino. Su currículum es una construcción de éxitos que abarca a jugadoras que han ganado los torneos más importantes del deporte. Ha sido artífice de grandes momentos en la carrera de Victoria Azarenka, la bielorrusa que ganó dos títulos del Abierto de Australia. También trabajó codo a codo con Kim Clijsters, la belga que conquistó varios Grand Slams en su carrera. Bajo su dirección técnica, Naomi Osaka alcanzó posiciones dominantes en el ranking mundial. Y más recientemente, fue el responsable del trabajo táctico de Iga Swiatek, la polaca que en su momento fue considerada una de las tenistas más dominantes sobre la tierra batida mundial. La asociación entre Fissette y Swiatek se extendió hasta el mes de marzo de este año, cuando sus caminos se separaron tras la disputa del torneo de Miami. Ahora, Mboko busca que su nombre se sume a esa galería de campeonas que han prosperado bajo la tutela del técnico belga.
La elección de Fissette por parte de Mboko no es casual ni improvisada. Se trata de una decisión fundamentada en la certeza de que el acompañamiento de alguien con experiencia acumulada trabajando a nivel de élite mundial puede significar el eslabon faltante para dar el salto hacia los títulos de Grand Slam. La confianza en esta apuesta es tal que ya comenzó a dar sus primeros frutos concretos en la competencia.
Estrasburgo como laboratorio de trabajo
La oportunidad de poner a prueba esta nueva alianza llegó apenas hace poco tiempo, cuando Mboko debutó con Fissette en el torneo de Estrasburgo. El resultado fue prácticamente inmediato y sorprendente: la canadiense avanzó hasta la final del certamen, logrando una campaña que nadie en su equipo esperaba. En la instancia decisiva del torneo francés, se cruzó con Emma Navarro, quien mostró un resurgimiento en su nivel de juego. A pesar del esfuerzo, Mboko cayó en tres mangas en esa final. Sin embargo, el rendimiento general mostrado en Estrasburgo, particularmente considerando las circunstancias que rodearon su preparación, fue considerado por propios y extraños como un éxito más que una derrota.
El contexto de ese torneo añade matices relevantes al desempeño de la canadiense. En los meses previos a Estrasburgo, Mboko había atravesado una racha de obstáculos que parecía conspirar contra sus aspiraciones competitivas. Una intervención quirúrgica para la extirpación de muelas del juicio la dejó fuera de su mejor condición física durante varias semanas. Además, una enfermedad posterior la obligó a ausentarse del torneo WTA 1000 disputado en Roma, una competencia de máximo nivel que hubiese sido fundamental para su preparación. Con este panorama adverso, el hecho de que lograra llegar a una final en Estrasburgo cobra dimensiones distintas: sugiere que la combinación de su talento con el trabajo de un técnico experimentado puede acelerar su recuperación competitiva incluso en momentos difíciles.
Del debut a la consolidación en torneos mayores
El punto de partida de esta historia de ascenso acelerado se remonta a hace apenas doce meses. En ese momento, Mboko nunca había participado siquiera en un torneo de Grand Slam. Su primer contacto con este tipo de competencias llegó cuando se presentó en París el año pasado, donde logró clasificarse a través de la qualy y alcanzó la tercera ronda. Para una debutante en ese escenario, el resultado fue espectacular. Ese desempeño inicial en el Abierto de Francia pareció desbloquear algo en su juego y su mentalidad. En los doce meses siguientes, pasó de ser alguien sin experiencia en torneos mayores a convertirse en una de las diez mejores tenistas del ranking internacional. La velocidad del cambio es notable cuando se analiza con perspectiva histórica: existen pocos precedentes de una jugadora que haya escalado posiciones de manera tan meteórica en el tenis moderno.
Mboko misma reflexionó públicamente sobre cómo los conocimientos y la experiencia de Fissette representan un plus invaluable en su búsqueda por dar los próximos pasos. En declaraciones formuladas en vísperas de su presentación en Roland Garros, la tenista canadiense señaló que contar con un entrenador que ha transitado los caminos hacia títulos de Grand Slam con varias jugadoras le proporciona una perspectiva completamente distinta sobre lo que se requiere para estar en esas posiciones de privilegio. Esa perspectiva, argumentó, le permite visualizar cuáles son los ajustes concretos que necesita implementar en su juego para convertirse en una contendiente seria en los torneos más importantes del calendario tenístico.
El desafío de la tierra batida y la adaptación física
Uno de los aspectos específicos sobre los que Mboko ha trabajado intensamente con Fissette es su desempeño sobre la tierra batida. Durante las primeras etapas de su colaboración con el técnico belga, la canadiense reconoció con franqueza que nunca se había sentido plenamente cómoda moviéndose sobre este tipo de superficie. La tierra batida, característica principal de torneos como el Abierto de Francia, requiere técnicas de deslizamiento y patrones de movimiento completamente distintos a los de las canchas duras o las de pasto. Mboko confesó que en los inicios del entrenamiento con Fissette, incluso antes de abordar los aspectos meramente técnicos del tenis, priorizó trabajar la mecánica del deslizamiento y los movimientos laterales específicos que demanda este tipo de piso.
Lo interesante de esta confesión es que pone de relieve cómo un técnico experimentado puede identificar los cimientos necesarios antes de edificar tácticas sofisticadas. Fissette aparentemente comprendió que para que Mboko mejorara significativamente su rendimiento en tierra batida, primero debía resolver los problemas fundamentales de movimiento y equilibrio. La jugadora canadiense admitió que el progreso en estos aspectos físicos y mecánicos ha sido notable desde que iniciaron el trabajo conjunto. No es que ahora sea una experta en el deslizamiento sobre arcilla —el aprendizaje de estas habilidades requiere mucho más tiempo que el transcurrido—, pero la mejora en su capacidad de compensar deficiencias de movimiento mediante un trabajo cardiovascular y de resistencia superior ha sido substancial. Eso, a su vez, le permite mantenerse más tiempo en los puntos y aprovechar mejor sus oportunidades de ataque, sin depender únicamente de su técnica de deslizamiento aún en desarrollo.
Miras puestas en París y más allá
Con esta estructura consolidada y los primeros resultados positivos visibles, Mboko se enfocó en su presentación en Roland Garros, el torneo donde hace un año había dado sus primeros pasos en competencia de Grand Slam. El objetivo declarado es simple en su enunciación pero ambicioso en su alcance: ganar la mayor cantidad de partidos posibles en el torneo. Esa formulación, aparentemente modesta, contrasta con la realidad de que se trata de una jugadora Top 10 que ha demostrado capacidad de llegar a finales de torneo. Lo que Mboko intenta es calibrar sus ambiciones: no hablar de títulos específicos porque sabe que en el tenis, a diferencia de otros deportes, existe una variabilidad muy alta en los resultados de corto plazo. Sin embargo, su entusiasmo genuino por la competencia que se avecinaba era evidente en sus palabras públicas.
La confluencia de factores que rodea la carrera actual de Mboko genera un escenario fascinante desde el punto de vista deportivo. Una tenista joven que ha alcanzado la élite mundial en un tiempo comprimido, ahora trabaja con un técnico cuyo historial de éxito en grandes torneos es incontestable. El desempeño en Estrasburgo sugiere que esta combinación genera sinergias positivas. Los obstáculos recientes —la cirugía dental, la enfermedad, la falta de experiencia en arcilla— parecen haber sido parcialmente superados o están en vías de serlo. Quedan muchos capítulos por escribirse en la historia de Victoria Mboko, pero la elección de Wim Fissette como entrenador parece ser un movimiento estratégico que tiene potencial para acelerar su llegada a los títulos de Grand Slam.
Perspectivas y posibles escenarios futuros
La asociación entre Mboko y Fissette abre múltiples interrogantes que el tiempo y las competencias irán despejando. Por un lado, existe la posibilidad concreta de que esta dupla logre su objetivo y que la canadiense capture su primer Grand Slam dentro de los próximos años, validando la apuesta de ambas partes. El historial de Fissette sugiere que sabe cómo orientar a jugadoras hacia esos hitos. Por otro lado, está el escenario donde los resultados son buenos pero no alcanzan la magnitud de un título mayor, lo que de todas formas constituiría un éxito de consolidación para una jugadora que apenas hace un año no participaba en torneos de este calibre. También existe la posibilidad de que las dinámicas entre técnico y jugadora no funcionen como se espera, generando una separación prematura, como ha ocurrido en otras ocasiones en el circuito profesional. Lo que parece indiscutible es que Mboko ha elegido un camino muy deliberado hacia sus aspiraciones de alto nivel, demostrando que además de talento posee la madurez de tomar decisiones estratégicas informadas sobre su futuro deportivo. Las próximas temporadas, particularmente su desempeño en los Grand Slams de los años venideros, dirán si esa decisión fue acertada o simplemente un paso más en su evolución hacia convertirse en una de las figuras dominantes del tenis femenino.



