Durante décadas, el camino hacia la Fórmula 1 para un piloto nacido en suelo americano fue casi una misión imposible. El automovilismo de élite europeo funcionó históricamente como un ecosistema cerrado, diseñado a medida para quienes crecieron kárteando en Italia, España o Gran Bretaña. Sin embargo, una serie de pilotos estadounidenses —y de doble nacionalidad— decidió desafiar esa lógica y sumergirse en las categorías alimentadoras del campeonato más importante del mundo. Los resultados fueron tan variados como sus trayectorias personales: algunos rozaron la gloria, otros se hundieron en el anonimato, y uno protagonizó uno de los escándalos más estrafalarios que se recuerdan en las antesalas de la F1.
Los que llegaron sin el nivel suficiente: fracasos anunciados
El caso de Brad Benavides ilustra con crudeza los riesgos de quemar etapas sin haber construido los cimientos necesarios. Con 21 años y sin un historial competitivo sólido —prácticamente sin puntos en la Fórmula Renault Eurocup ni en el Campeonato Regional Europeo by Alpine, y apenas tres puntos en toda su temporada de F3 2022—, Benavides dio el salto a la F2 en 2023 con PHM Racing by Charouz, escudería que tampoco contaba con un respaldo importante. El resultado fue predecible: en ninguna de las nueve clasificaciones que disputó logró superar la 18ª posición, y no sumó un solo punto en todo el año. El piloto nacido en Florida, con pasaportes también español y guatemalteco, ni siquiera completó la temporada. Su historia posterior tiene algo de redención parcial: se fue a la Euroformula Open para 2024 y se quedó con el título, aunque el campeonato reunió apenas tres pilotos que disputaron la totalidad de las fechas. Ya de regreso en la F3, mostró destellos más prometedores, incluyendo poles en Spa-Francorchamps y Monza, y un cuarto puesto liderando buena parte de la carrera final en el circuito italiano.
Con un perfil diferente pero resultados igualmente magros llegó Jake Rosenzweig, un piloto angloamericano radicado en Londres que se incorporó a la GP2 a fines de 2012 con el equipo Barwa Addax. Tenía 23 años y tres temporadas en la Fórmula Renault 3.5 a sus espaldas, otra categoría que en esa época se consideraba escalón directo hacia la F1. Pero jamás había subido al podio en esa serie, y la GP2 resultó ser un escalón demasiado alto. En 26 carreras repartidas entre 2012 y 2013, Rosenzweig no cosechó ni un solo punto. Su momento más cercano al éxito fue una clasificación en octava posición en Monza, pero abandonó la carrera principal a las cuatro vueltas cuando marchaba sexto —justo la posición que le hubiera permitido largar adelante en la carrera sprint con parrilla invertida, su única chance real de protagonismo. La temporada 2013 fue la última de su carrera. Optó por alejarse completamente de las redes sociales y refugiarse en la vida privada, sin aspavientos ni declaraciones.
Más reciente es el caso de Max Esterson, un neoyorquino que llegó al automovilismo de manera atípica: brilló en el simulador iRacing antes de subirse a un kart, y recién lo hizo a los 15 años. Debutó en monoplazas dos años después y fue escalando con ritmo razonable, incluyendo un podio y una victoria en GB3. Pero sus temporadas en F3 con Jenzer Motorsport fueron difíciles —apenas dos cosechas de puntos en toda la campaña 2024—, y la transición a la F2 con Trident en 2024-2025 no mejoró el panorama. En 25 carreras, cero puntos y un mejor resultado de décimo puesto en el Red Bull Ring. Hubo momentos de ilusión, como cuando apareció brevemente segundo en Jeddah o tercero en Austria, pero en ambos casos se trató de estrategias de parada tardía que terminaron desinflándose antes del final.
Los que dejaron marca, para bien o para mal
En el extremo opuesto al anonimato se ubica Santino Ferrucci, piloto de Connecticut que compitió con Trident en F2 durante 2017 y 2018, acumulando 11 puntos y un sexto puesto como mejor resultado. Su nombre no quedará grabado en la historia de las categorías junior por sus actuaciones deportivas, sino por un episodio que condensó en un solo fin de semana de carreras todo lo que no debe hacer un piloto. En Silverstone, primero solicitó sin éxito decorar su monoplaza con propaganda a favor de Donald Trump —algo expresamente prohibido por el reglamento—. Luego chocó con su compañero de equipo Arjun Maini en la carrera principal y lo empujó deliberadamente fuera de la pista en la sprint. Convocado por los comisarios, simplemente no se presentó. Para rematar, golpeó intencionalmente el auto de Maini durante la vuelta de enfriamiento. El propio equipo Trident salió a repudiarlo públicamente, calificando su conducta de "antideportiva e incivilizada". Las consecuencias fueron contundentes: exclusión de las dos rondas siguientes, multa de 60.000 euros más otros 6.000 por usar el celular dentro del cockpit, y meses después una condena judicial italiana que lo obligó a abonar 502.000 euros al equipo por deudas impagas. Todo eso ocurrió, efectivamente, en el mismo fin de semana.
Conor Daly, hijo del expiloto irlandés de F1 Derek Daly, tuvo una travesía más discreta pero igualmente sin brillo en la GP2. Había completado dos buenas temporadas en GP3 con ART Grand Prix —terminó tercero en el campeonato de 2013—, lo que le abrió la puerta. Pero tanto en su aparición parcial de 2013 con Hilmer Motorsport como en su campaña completa de 2014 con Lazarus, los resultados no acompañaron. En 20 carreras sumó apenas 4 puntos, con dos séptimos puestos en carreras sprint como mejores actuaciones, y siendo habitualmente superado por su propio compañero de equipo Nathanael Berthon. Daly migró a la IndyCar, donde lleva 126 carreras sin lograr una victoria, aunque en algunos episodios estuvo cerca. Un recorrido que despierta respeto por la constancia, aunque la consagración sigue siendo esquiva.
La historia más conmovedora del grupo pertenece a Juan Manuel Correa, piloto con doble nacionalidad estadounidense y ecuatoriana. Su primera temporada en F2 fue en 2019 con Charouz, y venía de un año en GP3 donde puntuó frecuentemente pero sin subir al podio. Cosechó un par de segundos puestos en carreras sprint, pero su temporada quedó marcada para siempre por el fatal accidente en Spa-Francorchamps que cobró la vida de Anthoine Hubert. Correa resultó gravemente herido en ese siniestro y estuvo al borde de perder ambas piernas. Lo que siguió fue una historia de recuperación que superó cualquier pronóstico médico: un año y medio después volvió a la F3, subió al podio, y luego retornó a la F2 con Van Amersfoort Racing en 2023 y con DAMS en 2024, donde festejó un tercer puesto en Barcelona que arrancó aplausos de todo el paddock. En 68 carreras acumuló 80 puntos y tres podios. En 2025 compitió en carreras seleccionadas de IMSA e Indy NXT.
Jak Crawford, tejano incorporado al Red Bull Junior Team en 2020, representa hoy la mayor proyección del automovilismo americano en las categorías europeas. Llegó al programa de Red Bull tras destacar en la F4 mexicana, y fue ascendiendo peldaño a peldaño: segundo en la ADAC F4, sexto en la italiana, tercero en Euroformula Open. Su primera temporada en F2 con Hitech en 2023 lo dejó en la 13ª posición, pero dejó señales claras de velocidad: cinco podios y una pole en Zandvoort. Tras cambiar su vínculo de Red Bull a Aston Martin, Crawford se mudó a DAMS para dos temporadas y creció notablemente. En 2025 su promedio de clasificación trepó hasta la octava posición, encadenó tres victorias —la más resonante en Silverstone— y acumula 319 puntos en total, ubicándose cuarto en el campeonato provisional. Sin embargo, eso no alcanzó para que el nuevo equipo Cadillac F1 lo considerara para un lugar en la grilla.
Logan Sargeant, de Fort Lauderdale, hizo una campaña de F2 en 2022 que fue genuinamente brillante. Había tenido tropiezos previos —una temporada inicial floja en F3 con Carlin en 2019, y una segunda en la que quedó a cuatro puntos del título de F3 por un accidente en la última fecha—, pero Williams lo adoptó y le dio la oportunidad. Con Carlin en F2, Sargeant terminó cuarto en el campeonato, con dos poles y dos victorias en carreras principales, una de ellas en Red Bull Ring de manera inusual —sin haber rodado ni una vuelta entre los tres primeros, pero ganador después de una cadena de penalizaciones post-carrera. Su promedio en clasificación fue el sexto mejor del campeonato, lo que evidenció una velocidad en vuelta única llamativa. Williams le abrió la puerta de la F1 en 2023, pero el rendimiento no estuvo a la altura y fue desvinculado tras una temporada y media marcada por errores y accidentes. Sargeant reconoció que la experiencia lo afectó emocionalmente y se tomó un año sabático para recuperar el equilibrio.
El más completo de todos, históricamente, fue Alexander Rossi. El californiano comenzó en la Skip Barber Racing School, ganó el campeonato de Fórmula BMW Américas en 2008 —lo que le valió una prueba con el equipo alemán— y cruzó el Atlántico con ambición genuina. Fue tercero en la temporada inaugural de GP3, tercero en la Fórmula Renault 3.5, y luego aterrizó en la GP2 de manera circunstancial en 2013, cuando Caterham lo mandó a cubrir un lugar que quedó vacante de imprevisto. Terminó noveno siendo el mejor debutante, con un podio en su debut, una pole y una victoria en Abu Dhabi. Su temporada completa llegó en 2015 con Racing Engineering, donde acumuló 285,5 puntos, cuatro victorias y once podios, terminando subcampeón detrás de un Stoffel Vandoorne que ese año fue simplemente inalcanzable. Rossi ganó desde la octava posición en Monza y desde la tercera en Sochi, y logró una pole en Mónaco bajo lluvia por seis décimas de ventaja. Eso le abrió la puerta a cinco Grandes Premios de F1 con Manor, y luego a una carrera sólida en IndyCar, incluyendo una victoria en las 500 Millas de Indianápolis como novato y el subcampeonato en 2018.
El antecedente más antiguo del grupo es Scott Speed, quien integró la primera grilla de la GP2 en 2005 con el aval del programa junior de Red Bull. Venía de ganar los campeonatos alemán y europeo de Fórmula Renault 2000, pero la competencia inaugural de la GP2 fue brutal: compartió parrilla con futuros referentes como Nico Rosberg, Heikki Kovalainen y Nelson Piquet Jr. Speed terminó tercero en el campeonato, a medio punto de Alexandre Premat, con cinco podios pero sin victorias. Fue llamado al estreno de Toro Rosso en la F1 en 2006, aunque sin sumar puntos en 28 carreras fue despedido a mitad de 2007 tras un conflicto con el director Franz Tost. Su reemplazante fue nada menos que Sebastian Vettel. Speed se reconvirtió al NASCAR y al rallycross antes de colgar el casco.
Completan el cuadro dos apariciones puntuales en la ronda de Red Bull Ring de 2019: Ryan Tveter, que había militado dos temporadas en GP3 con Trident y llegó como sustituto de emergencia terminando 15º y 16º, en lo que resultó ser su última carrera como piloto profesional; y Pato O'Ward, el mexicano que acababa de ingresar al programa de Red Bull y aprovechó la sanción a Mahaveer Raghunathan para debutar con MP Motorsport. O'Ward fue 19º y 14º, y reconoció sin vueltas que se sintió lento y superado. Sin embargo, ese traspié no detuvo su evolución: se alejó de Red Bull, encontró refugio en el universo McLaren y se convirtió en uno de los pilotos más regulares de la IndyCar, aunque el título del campeonato norteamericano aún le escapa.
Lo que emerge de este recorrido es un patrón claro: los pilotos americanos que llegaron a la F2 o a la GP2 sin haber consolidado resultados sólidos en los escalones anteriores pagaron el precio con campañas irrelevantes o carreras abruptamente terminadas. En cambio, quienes construyeron su trayectoria con paciencia y lograron adaptarse al estilo europeo —más técnico, más demandante en clasificación, con calendarios maratónicos— dieron pelea genuina e incluso tocaron la puerta de la F1. El auge del interés estadounidense por la F1, impulsado en los últimos años por el Gran Premio de Las Vegas, Miami y Austin, augura que habrá más



