A los treinta y ocho años, Ángel Di María continúa escribiendo historias de clase dentro de la cancha. Su presencia en Rosario Central ha resultado ser una inyección de calidad que trasciende los números y se materializa en cada movimiento, cada lectura de juego, cada detalle que solo acumula quien ha jugado en los escenarios más exigentes del mundo. Este viernes, nuevamente lo demostró, cuando apenas ingresó al terreno de juego para suplir una ausencia imprevista, impuso su sello característico en el encuentro que enfrentó al equipo canalla con Estudiantes de Río Cuarto.

El contexto fue particular. Con apenas treinta y cinco minutos transcurridos del primer tiempo, la lesión de Gaspar Duarte obligó a realizar cambios en el esquema ofensivo. Fue allí cuando el Fideo tomó la cancha, en una situación donde el equipo necesitaba encontrar ese plus que diferencia a los conjuntos ganadores. La respuesta no se hizo esperar. Con la tranquilidad que otorga la experiencia acumulada en décadas de profesionalismo, Di María se insertó en el ritmo del partido y comenzó a generar situaciones de peligro con una naturalidad que solo tienen quienes han jugado en las máximas competiciones europeas y disputado Copas Mundiales.

El gol que reflejó su vigencia

Cuando apenas habían transcurrido nueve minutos de la segunda etapa, ocurrió el momento que definiría el resultado del partido. Di María recibió la pelota en las proximidades de tres cuartas partes de la cancha, en una zona donde la visión del juego resulta fundamental. Lo que sucedió a continuación fue un ejemplo de fútbol inteligente: el astro de Central se combinó fluidamente con Julián Fernández, quien apremiaba por el costado derecho de la cancha. El primer envío fue devuelto de manera rápida, permitiendo que Di María volviera a quedarse con el balón. En ese instante, el experimentado volante ejecutó un movimiento magistral: arrastró a dos defensores de Estudiantes y posicionó el esférico de manera que su compañero quedara completamente desmarcado. Desde esa posición ventajosa, el Fideo soltó un pase entre líneas de una precisión quirúrgica, permitiendo que Fernández definiera con un zurdazo abierto que selló el 2-0 en territorio cordobés.

Lo que parecía consumado tuvo un momento de tensión. El árbitro de línea señaló posición adelantada, lo que generó la correspondiente revisión desde el VAR, donde Fernando Espinoza ejercía la responsabilidad de supervisar la jugada. El análisis corroboró que Fernández estaba perfectamente habilitado al momento del pase, convalidando así una asistencia que pasará a formar parte de las acciones memorables del partido. No fue un gol cualquiera: fue la consolidación de la superioridad que Central buscaba imponer desde temprano en el encuentro.

Más allá de la asistencia: su rol defensivo

Pero la influencia de Di María no se circunscribió únicamente a los aspectos ofensivos del juego. Momentos después de la jugada que originó el gol, el futbolista canalla recibió nuevamente la pelota en las cercanías de la mitad de la cancha y se lanzó a una corrida que caracteriza su juego: avance determinado, buscando generar espacios y crear oportunidades. Sin embargo, Juan Antonini, defensor visitante, recurrió a un recurso poco elegante: una patada por la espalda que no pasó desapercibida para los árbitros. La acción fue amonestada en primera instancia, pero la gravedad de la infracción y su revisión posterior vía tecnología terminó resultando en la expulsión del jugador de Estudiantes, dejando a su equipo con una desventaja numérica que resultaría decisiva para el desenlace final.

El partido concluyó con un resultado favorable para los intereses locales. El 2-1 a favor de Rosario Central significó el pase a los playoffs para el conjunto dirigido, mientras que Mauro Valente logró descontar para los visitantes pero sin alcanzar para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Al finalizar los noventa minutos, Di María se refirió a lo acontecido con la perspectiva de quien ha ganado todo y entiende que cada victoria, más allá de su importancia relativa en una competencia, representa el cumplimiento de un objetivo: "Veníamos con la intención de obtener los tres puntos, y eso era lo principal. En los últimos encuentros hemos actuado de manera consistente, sumando victorias consecutivas, desplegando fútbol de calidad. Aunque reconozco que cualquier escenario presenta dificultades, todas las canchas representan un desafío. Sabemos que los rivales llegan con necesidad de recuperarse en la tabla, y aunque desplegaron un buen desempeño, conseguimos lo que buscábamos", manifestó el experimentado extremo.

Luego amplió sus reflexiones tocando un aspecto que no suele abordarse cuando se habla de los ídolos: la necesidad de adaptarse a las propias limitaciones físicas sin renunciar a la excelencia. "Lamentablemente, la salida de Gaspi fue una baja sensible, ya que se trata de un futbolista de relevancia en nuestro sistema de juego. Con respecto a mi ingreso, debo ser honesto: al principio me resultó complicado encontrar el ritmo necesario. A mi edad no cuento con la capacidad de los más jóvenes para sentirme operativo desde el primer momento, pero mis compañeros fueron fundamentales en ese proceso de adaptación, y eso es lo que valoro", concluyó, revelando una madurez que trasciende el fútbol mismo.