No hace falta ser adivino para leer entre líneas. Cuando Paulo Dybala habla de la amistad con Leandro Paredes, de cuánto extraña compartir momentos con él y su familia, y agrega que "en el futuro nunca se sabe" respecto a su destino, el mensaje queda flotando en el aire con una claridad que ningún comunicado oficial podría superar. Lo que cambiaría, de concretarse su llegada a Boca Juniors, no sería solo el mercado de pases argentino: sería la historia del club, que sumaría a uno de los delanteros más talentosos que dio el país en las últimas décadas, campeón del mundo, con hambre de revancha y con un vínculo afectivo que —según él mismo admitió— lo jala desde adentro.

El peso de una amistad que cruza continentes

Hace menos de un año, el proceso que terminó con Paredes vistiendo la camiseta azul y oro fue, en muchos aspectos, un espejo anticipado de lo que hoy rodea a Dybala. El volante también tenía contrato vigente en Europa, también había señales públicas y privadas, también el club fue construyendo el clima antes de que todo se cerrara. Ahora, con el mediocampista ya instalado como capitán en La Bombonera, el rol que juega en el posible arribo de su compañero de selección no es menor. Dybala lo dejó en claro con sus propias palabras: "El día que se fue de acá para nosotros fue triste, nos juntamos menos, casi nada. Y ellos insisten mucho en la cuestión. No sólo en público, en privado también". La frase no describe solo nostalgia. Describe una gestión activa, cotidiana, de convencimiento entre amigos. Paredes no espera sentado: trabaja.

Los años que ambos coincidieron en Roma dejaron una huella profunda. Entrenamientos compartidos, salidas, vacaciones en común, una cercanía que fue mucho más allá del vestuario. Dybala y su esposa, Oriana Sabatini, construyeron con los Paredes algo que él mismo definió como "una amistad increíble". Y esa amistad hoy tiene nombre, dirección y colores: azul y amarillo, en el barrio de La Boca, con capacidad para más de 57.000 personas. Sin embargo, el cordobés fue cuidadoso en marcar una diferencia respecto a su amigo: "La relación de él con Boca empieza desde muy chico. Él está mucho más apegado al club que yo. Tiene la Bombonera tatuada en el pecho". La aclaración no apaga el fuego, simplemente lo matiza. Su vínculo con el club puede ser distinto al de Paredes, pero eso no lo hace inexistente.

Junio como frontera: el contrato que todo lo define

El 30 de junio de 2025 es la fecha que estructura todo este escenario. Ese día vence el contrato que une a Dybala con la AS Roma, y a partir de ese momento quedará libre para negociar con quien quiera, en las condiciones que prefiera. Pero el fútbol tiene sus propios tiempos jurídicos: la normativa FIFA habilita a los jugadores a firmar preacuerdos con sus futuros clubes durante el semestre previo al vencimiento de sus contratos. Es decir, desde enero de este año, Dybala puede tener compromisos firmados con otra institución sin que eso implique incumplimiento alguno con Roma. En ese contexto, su respuesta —"en el futuro nunca se sabe"— suena más a cautela protocolar que a genuina incertidumbre. Quien tiene contrato vigente no puede confirmarlo públicamente aunque lo tenga resuelto. Las formas mandan.

Desde comienzos de año, Boca dejó de disimular su interés. Las señales institucionales se acumularon: el club asumió abiertamente la intención de incorporarlo y dejó trascender que está dispuesto a construir una propuesta económica a la altura de un jugador que, en otro momento, fue descripto desde la sede del predio de entrenamiento como "una estrella". No es un término que se usa a la ligera. Implica un reconocimiento que va más allá de lo futbolístico: es la admisión de que este tipo de operación requiere condiciones extraordinarias. El entorno del jugador, por su parte, fue dando señales propias. Oriana Sabatini, cuya familia directa reside en Argentina —es sobrina de la legendaria tenista Gaby Sabatini—, fue cerrando vínculos contractuales con medios locales que apuntan a una radicación cercana. El nacimiento de su hija Gia reforzó ese deseo de estar cerca de los suyos. Y la madre de Oriana, Catherine Fulop, habló en más de una ocasión del tema con una soltura que, en algunos momentos, pareció ir más allá de lo que los protagonistas hubieran elegido revelar.

El Mundial como motor paralelo

Hay otra dimensión en la cabeza de Dybala que no tiene que ver con clubes ni con contratos, sino con algo más profundo: la camiseta celeste y blanca y el Mundial de Estados Unidos 2026. Campeón del mundo en Qatar 2022, el delantero atravesó un período complicado por lesiones que lo marginaron de varias convocatorias al seleccionado nacional. Pero no se resigna. "Mi objetivo es poder estar ahí en la selección, poder jugar el Mundial, pero primero tengo que estar bien en mi club, jugar, demostrar que estoy al nivel para poder estar ahí. Por mis lesiones, estuve en falta de algunas convocatorias y obviamente que en una selección como la Argentina no podés frenarte", reconoció con una honestidad que da cuenta de su lucidez. Sabe que el camino no está despejado. Sabe que Lionel Scaloni maneja un plantel de élite donde nadie tiene el lugar asegurado. Y sabe, también, que la única forma de estar en el radar es jugando y rindiendo a nivel de club.

En ese sentido, la elección del destino importa. Si Dybala llega a Boca y recupera protagonismo, regularidad y buen nivel en la Copa Libertadores —torneo de enorme visibilidad continental— sus posibilidades de volver a la consideración del cuerpo técnico nacional se incrementan. No sería el primer caso: jugadores de clubes argentinos han demostrado a lo largo de los años que la Libertadores puede ser una vidriera tan válida como la Serie A o la Ligue 1. La historia del fútbol sudamericano está llena de ejemplos de futbolistas que, lejos de las ligas europeas, supieron mantener —o recuperar— su nivel internacional.

Un escenario con múltiples lecturas

Lo que viene en los próximos meses abre un abanico de posibilidades con consecuencias que van más allá del resultado deportivo inmediato. Si Dybala efectivamente llega a Boca, el impacto sería múltiple: económico, futbolístico, simbólico y hasta cultural. La capacidad del fútbol argentino de retener o atraer figuras de ese calibre siempre fue limitada por razones estructurales —inflación, inestabilidad cambiaria, desigualdad salarial respecto a las ligas europeas—, pero este caso podría marcar un antes y un después. Por otro lado, si la operación no se concreta, Boca deberá redefinir su estrategia de mercado con el tiempo en contra. Para Dybala, el escenario alternativo también existe: clubes del Medio Oriente, la MLS o incluso alguna liga europea de segundo nivel podrían tentar con propuestas económicas superiores. Y el sueño mundialista, que exige continuidad y rendimiento, condicionará cualquier decisión. Lo que parece claro es que junio de 2025 no será un mes cualquiera para el fútbol argentino.