La urgencia llegó a Boca cuando menos la esperaban. A mitad de camino en la temporada, el equipo de Rodolfo Arruabarrena enfrentó una realidad incómoda: su estructura defensiva colapsó justo en la línea que debería sostenerla. No fue un drama que surgió de la nada, sino la confluencia de circunstancias que obligó al club a acelerar decisiones que ya estaban en el radar. Ahora, el nombre de Álvaro Montero resuena con tanta fuerza en los pasillos de Ezeiza que los dirigentes hablan de esta semana como el momento en que todo podría definirse. Un arquero colombiano que estuvo en el Mundial, que fue figura en otro club de la Argentina y que hoy representa la solución más clara a una crisis de portería que amenaza con condicionar el resto de la campaña.

Para entender la magnitud del problema, hay que retroceder apenas algunas semanas. Agustín Marchesín, quien era la carta fuerte en el arco azul y oro, sufrió una lesión ligamentaria de consideración que lo apartará de las canchas durante varios meses. No se trata de una molestia menor o un inconveniente que se resuelve con una semana de reposo: estamos hablando de una lesión seria que vuelve incierta su disponibilidad incluso para el segundo semestre de competencia. Ese golpe fue el primero. Pero la portería de Boca tenía más problemas debajo de la superficie. Leandro Brey, quien se perfilaba como alternativa, no alcanzó en el primer semestre los estándares de confianza que el proyecto necesitaba. Su desempeño fue oscilante, sin la solidez que exige una posición tan crítica. Y luego estaba Javier García, un veterano de 39 años cuya participación fue prácticamente testimonial, un nombre más en la lista que una opción real para disputar minutos de importancia.

Montero: la figura que busca consolidarse en el fútbol argentino

En ese contexto de vacío e incertidumbre emergió el nombre del portero colombiano. Montero, quien acaba de completar 31 años, era un protagonista destacado en Vélez Sarsfield durante el primer semestre. Su desempeño en el Fortín no pasó desapercibido: meticuloso en la línea, decisivo en momentos críticos, con esa autoridad que trasmite seguridad a la defensa. Fue justamente esa consistencia la que le valió una convocatoria de Néstor Lorenzo para integrar la lista de 26 jugadores de Colombia rumbo a la Copa del Mundo. Sin embargo, en la competición mundial las cosas no terminaron como él esperaba. A pesar de haber sido seleccionado, terminó siendo relegado en las preferencias del técnico, quedando por detrás de Camilo Vargas en el orden de consideración. El resultado: participación limitada, sin los minutos que hubiera aspirado en un evento de tal envergadura.

Lo interesante del caso es que la negociación entre Boca y Vélez ya estaba más o menos encaminada antes de que la crisis en la portería xeneize alcanzara su punto de ebullición. Pero fue precisamente esa emergencia la que aceleró los tiempos y llevó a que ambas instituciones pusieran prioridad en cerrar un acuerdo que ahora se perfila como inminente. Según informaciones que circulan desde el predio de Ezeiza, los dirigentes boquenses son optimistas respecto de que esta semana puede ser decisiva. La negociación ha avanzado a velocidad sorprendente: el acuerdo contractual entre el club y el jugador está prácticamente cerrado, Arruabarrena ya brindó su aval, y lo único que resta es que ambas instituciones lleguen a un entendimiento económico definitivo sobre los términos del pase.

Los últimos escalones: del acuerdo de palabra al anuncio oficial

Si hay algo que alimenta aún más la expectativa sobre la llegada inminente es la información que surge desde los entretelones del fútbol argentino. En Vélez ya le habrían comunicado a Guillermo Barros Schelotto que comience a planificar el equipo sin contar con Montero. Esta clase de señal interna es, generalmente, la más confiable: cuando un club le dice a su cuerpo técnico que planifique sin un jugador, es porque la operación ya tiene un grado muy alto de certeza. Además, hay otro dato que refuerza el optimismo: se rumorea que en los próximos días el arquero podría someterse a la revisión médica, el trámite que normalmente precede al anuncio oficial. Si eso sucede, sería el penúltimo paso antes de que Montero se convierta en realidad para el proyecto azul y oro.

El colombiano, por su parte, se encuentra actualmente de licencia tras su paso por el Mundial con la selección cafetera. Pero todo indicaría que cuando regrese a la Argentina, no será para reintegrarse a Vélez y continuar con su vida en el Fortín, sino para sellar su incorporación a Boca. Esto implicaría, en la práctica, cerrar un ciclo que lo consolidó como referente en la portería del Fortín y abrir uno nuevo en una institución con mayores aspiraciones competitivas. Con esta llegada, Montero se convertiría en el segundo refuerzo oficial del Vasco después de Leandro Lozano, configurando así un equipo que busca reconstruirse en el segundo semestre tras tropiezos en el primero.

La perspectiva sobre los alcances de esta operación puede variar según desde dónde se mire. Para Boca representa una solución urgente a un problema acuciante que amenazaba con convertirse en estructural. Para Vélez, la venta de su portero titular representaría ingresos económicos y la necesidad de replantear su esquema defensivo en el medio de la campaña. Para Montero mismo, el desafío es adaptarse a una institución con mayor presión mediática y sporting, además de competir en un contexto donde se espera que devuelva la confianza de inmediato. Los próximos días serán determinantes para resolver si todos estos intereses logran converger hacia un acuerdo definitivo o si, por el contrario, algún imprevisto detiene un movimiento que hoy parece prácticamente consumado.