La vida de los futbolistas profesionales suele ser un péndulo entre la nostalgia y la ambición. Entre lo que fue, lo que es y lo que podría volver a ser. Roger Martínez, delantero colombiano de 31 años, encarna esa tensión. Hace apenas semanas que dejó el fútbol argentino para embarcarse en una aventura en el fútbol saudita, pero sus palabras recientes demuestran que una parte importante de su corazón sigue latiendo en la ciudad de Avellaneda. El atacante, quien fue protagonista en uno de los momentos más gloriosos de la institución azul en los últimos años, no duda en reconocer que Racing permanecerá como una prioridad en su mente, aunque acepta con realismo que el destino no siempre obedece a los deseos personales. Su declaración llega en un momento en que la Academia intenta rearmarse tras una salida que dejó un vacío considerable en su delantera.
El peso de una victoria histórica
Remontarse a noviembre de 2024 es obligatorio para entender la magnitud de lo que Martínez protagonizó junto a Racing. El 23 de noviembre, en una noche que quedará grabada en la memoria colectiva del club, la Academia enfrentó a Cruzeiro de Brasil en la final de la Copa Sudamericana. No se trataba de un torneo menor: era la oportunidad de cerrar un ayuno de 36 años sin títulos internacionales para una institución que alberga una historia plagada de gloria. El resultado fue contundente: 3-1 a favor de Racing. Martínez, con su efectividad característica, anotó el tercer gol de la tarde, asegurando una victoria que significó mucho más que tres puntos o un trofeo. Fue la reafirmación de que Racing podía competir al más alto nivel, que el proyecto armado en los últimos años tenía solidez.
Esa noche, el delantero experimentó lo que describe como uno de los mejores momentos de su carrera. No es una exageración retórica ni una frase hecha para complacer a periodistas. Para Martínez, ese gol en la final representa algo profundo: la culminación de un ciclo que comenzó años atrás, cuando Racing le permitió transformarse de un jugador con potencial en un atacante respetado. Ver las imágenes de ese partido, según sus propias palabras captadas en conversaciones recientes, lo sumerge en una felicidad que trasciende lo deportivo. Es la gratitud de alguien que entiende que fue una institución, no la suerte ni el azar, la que le dio las herramientas para brillar en el profesionalismo.
Números que hablan de un vínculo productivo
Cuando Martínez retornó a Racing a mediados de 2023 para iniciar lo que sería su segundo ciclo en el club, nadie sabía con certeza cuánto tiempo permanecería. El fútbol argentino, en especial en clubes como Racing que aspiran a competencias internacionales, suele ser una cantera de donde parten futbolistas con regularidad. Sin embargo, durante su segunda etapa en la Academia, el colombiano jugó 50 partidos y marcó 16 goles, además de repartir dos asistencias. Estos números no son casualidad: reflejan a un jugador que se apropió del proyecto, que entendió el ritmo del campeonato local y que se convirtió en una pieza fundamental del engranaje ofensivo del equipo dirigido por Gustavo Costas.
Con esos registros, Martínez se posicionó como una de las figuras indiscutibles de un plantel que marcharía hacia la conquista internacional. Su efectividad ante el arco rival fue notoria, su capacidad de liderazgo en ataque se reconoció incluso entre aficiones rivales. Para Racing, su presencia representaba seguridad ofensiva. Sin embargo, la dinámica del mercado de pases moderno, acelerada y despiadada, tenía otros planes. Cuando en octubre de 2024 se acercaba el final de su contrato con la Academia, el club intentó mantener al jugador que acababa de ser crucial en la obtención del título sudamericano. Pero los números que ofrecía el Al-Taawoun, su nuevo equipo saudita, eran sencillamente imposibles de igualar desde la estructura económica argentina.
El saudita y la búsqueda de un cierre de ciclo
Apenas desembarcó en Arabia Saudita, Martínez mostró que su olfato goleador no se ve afectado por los cambios de geografía. En 31 encuentros en el Al-Taawoun, entre el segundo semestre de 2024 y lo que va del 2025, anotó 23 goles. Una cifra respetable que posiciona al atacante colombiano como un referente incluso en una liga donde millonarios del fútbol mundial decidieron pasar los últimos años de sus carreras. Sin embargo, sus pensamientos siguen anclados en Buenos Aires. En una reciente entrevista con una cadena televisiva colombiana, Martínez fue consultado específicamente sobre la posibilidad de un retorno a Racing. Su respuesta fue determinante, pero también realista.
"Para mí Racing siempre será prioridad", expresó el delantero, dejando en claro dónde residen sus sentimientos más profundos respecto al fútbol. La Academia, en su cosmovisión, no es un club cualquiera. Es el club de sus amores, la institución que lo formó cuando aún era un proyecto sin terminar. Ahora bien, Martínez no es ingenuo. Entiende que los deseos personales no siempre se materializan en el fútbol profesional. Por eso agregó una reflexión que destila humildad: "El que conoce el futuro es Dios". Una frase que reconoce la incertidumbre inherente a cualquier carrera deportiva, especialmente en un contexto donde los empresarios, los dirigentes y los números son tan influyentes como el talento mismo.
El fantasma del compañero ideal
Lo verdaderamente revelador de la conversación de Martínez surgió cuando le plantearon un escenario hipotético: si regresara a Racing, ¿bajo qué entrenador lo haría? Sin dudarlo, mencionó a Gustavo Costas, el técnico que dirigió la campaña victoriosa de la Sudamericana. Su respuesta fue casi unánime: "Obvio, obvio". La confianza, la química, el entendimiento mutuo que existe entre el jugador y su DT en esa etapa es evidente. Costas construyó un equipo a la medida de las características de Martínez, maximizando su potencial en área rival.
Pero la pregunta se extendió hacia otra dimensión: ¿con qué compañero de equipo le gustaría compartir nuevamente vestuario? Aquí es donde la nostalgia toma forma específica. Martínez inmediatamente pensó en Juan Fernando Quintero, quien en ese momento jugaba en Racing pero que hoy se desempeña en River Plate. El mediapunta colombiano fue clave en la generación de juego que permitía que Martínez expresara todo su potencial goleador. "Nos conocemos muy bien, y él aportó mucho en los goles que tuve la posibilidad de marcar en el último tiempo", explicó el delantero. Entre líneas, la declaración revela la importancia de las asociaciones futbolísticas, de ese entendimiento tácito entre jugadores que comparten idioma, herencia y, sobre todo, una conexión futbolística que trasciende la mera profesionalidad. Quintero, con su capacidad para generar espacios y crear situaciones de gol, resultó ser el complemento perfecto para la agresividad ofensiva de Martínez.
La gratitud como brújula emocional
En las palabras de Martínez hay un patrón recurrente: la gratitud. No se trata de un sentimiento fingido para consumo mediático. El colombiano ha reiterado en múltiples ocasiones que Racing fue la institución que le dio la oportunidad de ser futbolista profesional, que le permitió transformar su talento en un oficio respetado y remunerado. Esa deuda simbólica que establece con el club azul es genuina. "Ahí me brindaron mucho amor y todavía me lo siguen brindando", afirmó en la misma entrevista. Estas palabras tienen peso. En un contexto donde muchos futbolistas olvidan sus orígenes apenas alcanzan cierta exposición, Martínez mantiene vigente el recuerdo de las personas que le abrieron las puertas.
El gol en la final de la Sudamericana adquiere en su narrativa un significado que excede lo estadístico. Fue la oportunidad de devolverle a Racing algo de lo que la institución le había dado. Una forma de cierres de ciclos, de confluencia entre lo que uno recibe y lo que uno puede ofrecer. "Haber ganado un título con Racing y ser importante en el marcador, por haber metido el último gol... La verdad que es una felicidad muy grande", cerró en ese momento, reconociendo que ese instante particular representaba la culminación de años de trabajo conjunto.
El eco del deseo en tiempos de incertidumbre
La realidad económica que rodea al fútbol contemporáneo, sin embargo, plantea desafíos concretos. Martínez tiene 31 años. A esa edad, el mercado de pases tiende a ser menos permeable para regresos. Las ofertas sauditas, que son las que actualmente sustentan su carrera, no son frecuentes para jugadores en declive manifiesto. El hecho de que Martínez siga siendo competitivo en Arabia Saudita, anotando más de 20 goles en poco menos de una temporada, demuestra que aún posee capacidades ofensivas vigentes. Pero el tiempo, irreversible, continúa su marcha. Cada temporada que pasa reduce la ventana de oportunidades para materializar un regreso significativo a Racing en condiciones que resultaran interesantes para todas las partes.
Además, existe el factor deportivo más allá de los deseos personales. Racing, tras la salida de Martínez, debe reconstruir su delantera. Los dirigentes del club tendrán que encontrar atacantes que reemplacen la efectividad que proporcionaba el colombiano. Esto no significa que sea imposible que Martínez vuelva en algún momento, pero sí implica que el escenario en el que eso ocurra será necesariamente distinto al actual. Las dinámicas del equipo habrán cambiado, nuevos futbolistas ocuparán posiciones que él solía habitar, las tácticas se adaptarán a las características de quienes lleguen como sus sucesores.
En paralelo, debe considerarse que ya existen antecedentes de retornos en la historia de Racing. Futbolistas que se marcharon y volvieron años después bajo diferentes circunstancias. El club ha demostrado, en el pasado, que puede acoger retornos cuando las condiciones son propicias. La pregunta que permanece abierta es si las condiciones futuras permitirán que Martínez, desde donde quiera que esté, pueda materializar ese tercer ciclo que intuye posible aunque lejano.
Lo que queda claro en este momento es que las palabras del delantero colombiano trascienden lo anecdótico. Reflejan una realidad más amplia sobre cómo los futbolistas experimentan su carrera profesional, cómo ciertos clubes adquieren un significado que va más allá de lo contractual, y cómo la nostalgia puede coexistir con la aceptación pragmática de las realidades del mercado. El deseo de Martínez de regresar a Racing, compartiendo vestuario nuevamente con Costas y acaso con Quintero, representa una aspiración legítima que sólo el tiempo y las circunstancias futuras —ese futuro que, según él mismo reconoce, sólo Dios conoce— podrán o no hacer realidad. Por ahora, desde Arabia Saudita, continúa anotando goles mientras guarda ese sueño en el bolsillo del corazón.



