La carrera de Enner Valencia está por escribir su capítulo más inesperado. A los 36 años, cuando la mayoría de los futbolistas de elite comienzan a despedirse de las canchas, el delantero ecuatoriano se encuentra en el umbral de una negociación que lo traería al fútbol argentino para reforzar a Boca en un momento crítico donde la delantera reclama soluciones urgentes. Lo curioso del asunto reside en que Valencia casi había sido rival del Xeneize apenas meses atrás, en una serie que pudo haber cambiado de manera radical la historia de ambas instituciones. Hoy, ese mismo jugador que se cruzó en el camino de Boca sin enfrentarse directamente, podría convertirse en la pieza que resuelva los problemas goleadores del equipo de La Bombonera.
El recorrido de Valencia por el fútbol internacional es, sin exageración, la trayectoria de un goleador de clase mundial. Sus números hablan por sí solos: 698 partidos disputados y 235 goles anotados a lo largo de su carrera profesional, cifras que lo posicionan entre los delanteros más prolíficos de las últimas décadas. Estos registros no son producto de una década de juego en un único campeonato, sino de una peregrinación deportiva que lo llevó a dejar su marca en prácticamente todos los continentes. En la selección de Ecuador, su país natal, acumula 49 tantos en 106 partidos, convirtiéndose en el máximo goleador en la historia de la Federación Ecuatoriana y demostrando una efectividad que trasciende las fronteras. Su participación en tres Campeonatos Mundiales, con un desempeño destacado en Qatar 2022 donde anotó tres goles en igual número de encuentros, le permitió consolidarse como una de las figuras de su generación, a pesar de no contar con el reconocimiento mediático de otros colegas de similar rendimiento.
De Newell's a Porto Alegre: el gol que casi cambia todo
La historia que vincularía a Valencia directamente con Boca es reciente pero no menos significativa. Corría el año 2023 cuando el ecuatoriano, bajo las órdenes de Eduardo Coudet en Inter de Porto Alegre, se enfrentó a River Plate en los octavos de final de la Copa Libertadores. En ese encuentro, Valencia ejecutó una acción que resultaría determinante: marcó un gol que abriría el camino para que Inter avanzara en la competición, derrotando a los Millonarios en una serie tensa que se definió en la revancha mediante penales en el estadio Beira Río. Este gol no fue un tanto más en su estadística; fue el comienzo de una cadena de eventos que lo mantendría en la órbita del torneo continental durante varios meses más. Apenas poco después, Inter llegaría a la final de la Libertadores 2023, donde se enfrentaría nada menos que a Boca, el mismo equipo que ahora busca incorporarlo. Aquella circunstancia lo colocó a apenas diez minutos de distancia de un duelo que hubiese marcado profundamente el destino de ambas instituciones.
Lo irónico de esta secuencia temporal es que Valencia nunca llegó a enfrentarse a Boca en esa final. Fluminense interceptó el camino de Inter en la semifinal de vuelta, relegando al equipo de Porto Alegre a una posición secundaria en la competición. Boca, por su parte, llegó a la final donde se cruzaría con el cuadro carioca, perdiendo una instancia que pudo haber sido completamente distinta si Valencia hubiese estado presente en el campo de juego. El mismo Edinson Cavani, quien en ese momento era la referencia ofensiva del conjunto azul y oro, quedó marcado por el resultado adverso en Río de Janeiro. La pregunta contrafáctica de qué hubiese sucedido si Valencia e Inter hubiesen llegado a esa instancia permanecerá en el terreno de la especulación, pero lo que no es especulativo es que hoy ambos actores pueden tener un encuentro que la historia casi les negó hace poco más de un año.
Una carrera construida gol a gol en cinco continentes
Para comprender la dimensión de este eventual fichaje, es imprescindible analizar cómo Valencia construyó su legado deportivo desde sus orígenes en Ecuador. Su surgimiento se produjo en la cantera de Emelec alrededor de 2010, cuando el fútbol local aún no dimensionaba completamente el potencial ofensivo del joven delantero. Desde allí, Valencia trazó una ruta ascendente que lo llevó primero a debutar en competiciones internacionales como la Libertadores, incluso actuando en territorio argentino, específicamente en Rosario, en el estadio de Newell's Old Boys, el mismo escenario donde Boca jugó su último partido antes de oficializar la búsqueda de un nuevo delantero para el actual proyecto. Tras consolidarse en su país, Valencia dio el salto a Pachuca de México, donde adquiriría una visibilidad mayor en el fútbol internacional. Sin embargo, su verdadera prueba de fuego llegaría cuando trascendió a la Premier League inglesa, donde pasó tres años distribuyendo su carrera entre West Ham United y Everton, dos instituciones de gran tradición en el fútbol británico.
El retorno a México significó un nuevo pico en su trayectoria profesional cuando se incorporó a Tigres UANL, equipo donde amplió su renombre y consolidó su estatus de goleador consistente. De allí saltó nuevamente a Europa, esta vez hacia Fenerbahçe en Turquía, donde Valencia demostraría su capacidad de adaptarse a contextos tácticos distintos mientras mantenía su efectividad frente al arco contrario. Su paso posterior por Inter de Milán durante dos años le permitió jugar en una de las ligas más competitivas del continente europeo, aunque no con la regularidad que algunos esperaban. Posteriormente regresó nuevamente a Pachuca en México, donde permanecería hasta las proximidades del Mundial de Qatar, cuando su contrato expiró dejándolo en condición de agente libre justo antes de una de las competiciones más importantes del ciclo futbolístico. A nivel de títulos, Valencia cosechó triunfos en Ecuador, México, Brasil y Turquía, demostrando una capacidad adaptativa que trasciende los estilos futbolísticos regionales. Además, fue goleador en dos campeonatos de liga: el torneo mexicano en la temporada 2013/14 y la liga turca en 2022/23, consolidando su status de delantero de clase mundial.
La propuesta de Juan Román Riquelme como presidente de Boca llegó en un contexto donde el ecuatoriano había rechazado otras opciones para retornar a su país, incluyendo un potencial regreso a Emelec y una propuesta de Jorge Sampaoli en Talleres, su primer entrenador en el fútbol profesional. Las confirmaciones sobre este fichaje provienen de ambas partes involucradas en la negociación, con fuentes en Ezeiza expresando confianza en la concreción del acuerdo. Valencia mantiene vigencia ofensiva pese a su edad: en la temporada anterior registró ocho goles, demostrando que su capacidad goleadora no ha menguado significativamente. El equipo azul y oro, que atraviesa un período donde ha comenzado a funcionar tácticamente pero requiere soluciones inmediatas en el plano ofensivo, considera que la incorporación de un delantero con el prestigio y la experiencia de Valencia podría acelerar su evolución competitiva en el presente ciclo.
Las implicancias de un movimiento que reescribe narrativas
La eventual llegada de Valencia a Boca trascendería el mero aspecto deportivo de incorporar un delantero experimentado. Este movimiento reescribiría la narrativa de ambos actores en términos de lo que pudo haber sido y no fue. Boca, que perdió la final de Libertadores 2023 frente a Fluminense, tendría ahora la posibilidad de contar con un jugador que estuvo a escasos minutos de ser su rival en aquella instancia decisiva. Valencia, a su vez, cerraría un círculo que incluyó estar en el mismo torneo que su futuro club sin haber cruzado su camino directamente. Desde una perspectiva deportiva, las consecuencias de esta incorporación pueden interpretarse de distintas maneras. Por un lado, existe el argumento de que un delantero experimentado, de trayectoria internacional consolidada y con demostraciones recientes de capacidad goleadora, puede aportar estabilidad ofensiva y liderazgo en vestuario a un equipo que carece de referencias en ataque desde la salida de Cavani. Por otro lado, hay quienes podrían cuestionar si un futbolista de 36 años es la solución estructural que requiere un equipo en construcción, considerando factores como la adaptación al campeonato argentino, el ritmo competitivo y la durabilidad física en un fútbol que exige intensidad sostenida. Las próximas semanas determinarán no solo si esta operación se concreta, sino también cómo impactará en el rendimiento deportivo de Boca en los próximos meses.



