Hay momentos en el fútbol argentino donde los asteriscos pesan más que los goles. Donde la historia se entrelaza con el presente de manera tan intrincada que resulta imposible separar lo que sucedió en el campo de lo que significa que suceda ahora. En Mendoza viven uno de esos instantes. El próximo encuentro entre Independiente Rivadavia y Gimnasia no será un partido cualquiera, ni siquiera un clásico común. Será el primero en casi medio siglo disputado en la máxima categoría del fútbol profesional argentino, y lo hará cargado de una particular genealogía que va más allá de los colores que cada equipo defiende.
Cuarenta y cuatro años han pasado desde la última vez que estos dos gigantes mendocinos se enfrentaron en Primera División. Cuatro décadas en las que el fútbol cambió, en las que generaciones enteras nacieron sin presenciar este encuentro en el nivel superior. El contexto histórico es incuestionable: apenas una vez, en aquella lejana 1982, cuando la categoría funcionaba con un esquema de zonas, estos conjuntos compartieron el mismo torneo en la élite. Fueron dos choques en el estadio Malvinas Argentinas los que dejaron su marca: un empate sin goles en el marcador final de 2-2 y una victoria contundente del club ribereño con cifras de 2-0. Ahora, después de tanto tiempo, el derbi vuelve a la Primera. La ciudad entera contiene la respiración.
Cuando la formación trasciende al presente
Lo verdaderamente particular de este encuentro reside en quiénes están sentados en los bancos de suplentes. Alfredo Berti, quien dirige a la Lepra desde el club ribereño, y Darío Franco, timonel actual del Lobo en Gimnasia, comparten algo que va mucho más allá de la rivalidad deportiva local. Ambos profesionales forjaron sus primeras armas futbolísticas en Newell's Old Boys, en la provincia de Santa Fe. Más aún: los dos pasaron por las manos del mismo maestro, del mismo filósofo del juego que marcaría sus trayectorias como futbolistas y, posteriormente, como estrategas. Ese maestro tiene nombre: Marcelo Bielsa.
Franco llegó a las filas rojinegras de Rosario en 1988, desempeñándose como mediocampista, permaneciendo allí hasta 1991, momento en que emigró hacia el Real Zaragoza en España. Berti, por su parte, debutaría años más tarde, en 1992, también ocupando la zona central del campo. Aunque sus trayectos como jugadores no se superpusieron completamente, ambos recibieron la impronta bielsista durante sus respectivas estadías. La filosofía del entrenador santafesino, su manera de entender el posicionamiento táctico, su exigencia sobre la intensidad del juego y esa búsqueda constante de la perfección, quedaron grabadas a fuego en la formación de estos dos hombres que ahora vuelven a cruzarse, pero esta vez con responsabilidades directivas sobre el terreno de juego.
El respeto como ingrediente de la competencia
En los clásicos tradicionales, la narrativa suele construirse sobre antagonismos profundos. Los colores contrastan, las historias divergen, los símbolos chocan. Independiente Rivadavia y Gimnasia, naturalmente, tienen sus propias identidades, sus propios públicos, sus propias razones para sentirse rivales. Pero en esta ocasión, existe un hilo conductor que une a quienes están conduciendo estos proyectos. Hace poco, tras conseguir una victoria 1-0 contra Lanús, Franco expresaba públicamente su admiración hacia Berti. "Es un entrenador de primera magnitud, dejó su marca en la historia local, me acercaré a saludarle", fueron palabras que suavizaban la rivalidad sin eliminarla, reconociendo la talla de su colega. Este tipo de gestos, típicos de profesionales que comparten raíces formativas comunes, agrega una dimensión interesante al enfrentamiento. No se trata de enemigos acérrimos, sino de colegas que entienden mutuamente de dónde vienen.
Existe además un precedente reciente que habla del nivel competitivo entre ambos técnicos. Durante el año 2023, ambos estuvieron presentes en la definición del ascenso a la Liga Profesional. Berti dirigía a Independiente Rivadavia; Franco, al Almirante Brown. En aquella oportunidad, el encuentro decisivo se disputó en el estadio Kempes, y fue la escuadra del Pelado Berti la que se impuso de manera contundente, sellando el resultado con dos goles. Esa victoria abrió las puertas de la Primera División para Rivadavia. Ahora, Franco tendrá la oportunidad de medirse nuevamente contra su antiguo rival en condiciones distintas, con Gimnasia recuperándose de una etapa complicada y mostrando señales de revitalización desde la llegada de su nuevo conductor técnico.
Los números recientes hablan de trayectorias encontradas. Mientras que Independiente Rivadavia mantiene un presente sólido en Primera División tras su promoción, Gimnasia ha iniciado una etapa de recuperación bajo la dirección de Franco. Dos victorias y un empate constituyen el saldo de las primeras presentaciones, indicando que el equipo está encontrando estabilidad. Independiente Rivadavia, por su lado, sigue consolidando su presencia en la categoría máxima. Ambos conjuntos llegan al clásico con motivaciones diferentes pero igualmente intensas.
Mendoza vibra con esta oportunidad única de presenciar a sus dos principales instituciones disputando un encuentro de tanta relevancia histórica. El derbi número 264 entre estos equipos, aunque haya sido jugado en diversas categorías a lo largo de los años, tendrá por primera vez el estatus de encuentro de Primera División en décadas. Los estadios se llenarán, la pasión desbordará las tribunas, y en los bancos de suplentes estarán dos hombres que aprendieron del mismo maestro a entender el fútbol como arte y como batalla, que respetan las trayectorias del otro pero que, llegada la hora, harán todo lo posible para que su equipo prevalezca. Ese es el verdadero espíritu del deporte: la competencia genuina, el respeto profesional, y la búsqueda de la excelencia.


