El lateral derecho del Boca Juniors se ha convertido en una incógnita sin resolver. Mientras el entrenador Claudio Ubeda recurre a soluciones improvisadas y rotativas para cubrir una posición que exhibe fragilidades evidentes, hay un jugador que aguarda en silencio dentro de la misma institución: Dylan Gorosito, un defensor de apenas 20 años que acumula mérito tras mérito sin lograr romper la barrera del reconocimiento en primera categoría. La paradoja es inquietante. Cuando el equipo atraviesa un momento de incertidumbre defensiva, precisamente en el flanco derecho, la dirigencia asegura internamente que el juvenil "aún no está listo para el ritmo de Primera", aunque tampoco le ha brindado suficientes oportunidades para demostrarlo sobre el terreno de juego. La pregunta que resuena en el ambiente es incómoda: ¿por qué no replicar la fórmula que funcionó con Tomás Aranda?

Un joven que pide pista desde hace tiempo

Hace poco más de un año, cuando el calendario 2025 cerraba su ciclo, Gorosito ya levantaba la mano pidiendo oportunidades. Su desempeño en la reserva xeneize era notorio; sus compañeros en esa categoría reconocían su nivel. Pero lo que verdaderamente encendió las luces fue su actuación en el Mundial Sub 20, donde no solo apareció en los registros defensivos, sino que también aportó con goles y asistencias, demostrando una capacidad ofensiva poco común en laterales de su edad. Esos números, esos desempeños, generaron expectativa. El propio Paredes lo elogió públicamente como uno de los grandes proyectos del club en la actualidad. A principios de año, cuando varias salidas del plantel abrieron espacios en la nómina, Gorosito subió a entrenamientos de Primera. Acumuló sesiones de trabajo con el equipo principal, estuvo cerca, respiró el aire de la élite. Pero cuando llegó el momento de la verdad competitiva, apenas le permitieron sumar 16 minutos: una aparición fugaz en la victoria ante Gimnasia de Chivilcoy por Copa Argentina. Eso fue suficiente para que la frustración lo devolviera a Reserva, donde sigue siendo un pilar fundamental. De los doce partidos disputados por el equipo de Mariano Herrón en ese segmento, Gorosito disputó diez.

La búsqueda desesperada: un puesto sin dueño

El lateral derecho de Boca jamás tuvo un rostro definido en este ciclo. La posición se parece a un carrusel donde suben y bajan nombres según las urgencias del momento. Juan Barinaga fue presentado como solución a comienzos de año, con Gorosito relegado al ostracismo y Lucas Blondel completamente fuera de los planes. Luego Barinaga emigró hacia Huracán, y ese movimiento reactivó a Marcelo Weigandt, quien había estado prácticamente apartado del grupo, entrenando en instalaciones auxiliares y siendo considerado como posible salida. La reaparición del "Colo" fue abrupta: pasó de la marginalidad a ser titular casi indiscutible en trece encuentros. Sin embargo, como suele suceder en estos ciclos, su rendimiento comenzó a declinar. Las dudas retornaron, su nivel bajó, y la confianza se resquebrajó. Fue entonces cuando Malcolm Braida entró en escena de forma inesperada. El extremo izquierdo de formación en San Lorenzo, un futbolista versátil y adaptable, cambió de flanco gracias a su versatilidad táctica. Aunque su perfil natural es el de zaguero derecho, el entrenador lo lanzó como lateral derecho en el partido ante Huracán, donde reemplazó a Weigandt. Ahora aparece como alternativa para el próximo partido de Copa Libertadores ante Cruzeiro. Incluso Nicolás Figal, quien en Independiente jugó como lateral derecho en sus inicios y ha tenido algunos minutos en ese rol con el Xeneize, también está siendo considerado como posibilidad defensiva.

La rotación de nombres es sintomática de un problema estructural. No hay una respuesta clara, no hay un jugador que domine la posición, no hay certezas. En cambio, hay improviso, hay búsqueda de alternativas sobre la marcha, hay ensayo y error con futbolistas que no tienen ese puesto como especialidad natural. Y mientras tanto, el joven que sí conoce el territorio defensivo de ese flanco, que jugó en un mundial importante con protagonismo, que entrena diariamente en Boca Predio, sigue esperando.

El dilema que nadie resuelve: capacidad versus oportunidad

Desde las oficinas administrativas del club, la explicación oficial es que Gorosito "aún no está preparado para la exigencia del fútbol de Primera". Esa sentencia tiene lógica desde cierto ángulo: pasar de la reserva a disputar encuentros por puntos en Primera División es un salto considerable. La diferencia de ritmo, intensidad, marca y complejidad táctica es abismal. Muchos jóvenes talentos han fracasado en ese tránsito. Pero aquí surge el problema central: ¿cómo confirmar o refutar ese diagnóstico sin darle la oportunidad real de jugar?. Aranda, el mediocampista que se mencionaba al principio de esta historia, tuvo su momento cuando Ubeda lo necesitó desesperadamente. Fue arrojado a la cancha para conectar el juego entre defensa y ataque. Cumplió, demostró y se consolidó. ¿Por qué no sucede lo mismo con Gorosito en un contexto donde el lateral derecho es un puesto plagado de incertidumbres? Es verdad que el pibe xeneize ha tenido poco más de un minuto en cancha competitiva. Es cierto que no ha podido demostrar nada en ese escenario específico. Pero también es verificable que no le han dado la oportunidad para hacerlo. Mientras tanto, Braida, Figal, Weigandt y otros rotan en el puesto sin que ninguno genere la confianza suficiente. La ironía es palpable.

Lo curioso es que Gorosito reúne características que lo hacían potencialmente ideal para esta situación. Es un lateral "de raza", un defensor especializado que conoce la posición desde sus fundamentos. No es un volante adaptado, no es un central reubicado, no es un extremo que cambió de banda. Es un lateral derecho puro, con experiencia internacional reciente y con un nivel demostrable en su categoría. El himno de los hinchas, ese clamor que pide su aparición, no surge de la nostalgia ni del sentimentalismo. Surge de la observación. Muchos aficionados vieron sus videos en el Mundial Sub 20, vieron su desempeño en Reserva, entienden que hay algo valioso ahí. Y se preguntan, con razón, por qué no existe al menos una apuesta mínima, un ingreso desde el banco de suplentes, un minuto de oportunidad real.

Precedentes y expectativas en la cantera boquense

Boca ha tenido una larga tradición de producción de talentos en la defensa. Algunos de esos jóvenes han pasado por exactamente el mismo dilema que Gorosito: estar en Reserva con buen nivel, ser elogiados internamente, y luego esperar indefinidamente por una oportunidad. Milton Delgado es un caso que se menciona en el ambiente como referencia. En su momento, también hubo un clamor popular pidiendo que se le diera oportunidad. Diferentes épocas, diferentes contextos, pero un fenómeno similar: la tensión entre la paciencia que pide la institución y la urgencia que siente el talento joven que sabe que sus mejores años competitivos están frente a él. El reloj biológico de un futbolista es implacable. A los 20 años, Gorosito todavía tiene margen para crecer, para consolidarse, para transformarse en un jugador relevante. Pero ese margen no es infinito. Cada mes que pasa sin oportunidad competitiva es un mes de pérdida en su proceso de desarrollo. Entrenarse contra compañeros que conoce de memoria no genera el mismo efecto que enfrentarse a atacantes desconocidos, a estrategias variadas, a situaciones de presión real donde los errores tienen consecuencias inmediatas.

Perspectivas inciertas sobre lo que viene

El futuro próximo del lateral derecho en Boca permanece en la incertidumbre más absoluta. Es posible que Braida se consolide en el puesto y resuelva el problema mediante su adaptabilidad. También es probable que Weigandt recupere niveles y vuelva a ser una opción confiable. Figal podría aportar solidez desde su experiencia. Pero mientras tanto, Gorosito sigue en Reserva. Podría suceder que, eventualmente, una lesión, una expulsión o una mala actuación abriera la puerta y le permitiera debutar competitivamente. O bien podría ocurrir que llegara el final de la temporada sin haber tenido esa oportunidad, obligándolo a buscar estadía en otro club para acelerar su desarrollo. Algunos analistas dentro de Boca consideran que un préstamo en otro equipo podría ser beneficioso para su crecimiento. Otros creen que debe tener chances dentro de la institución. La realidad es que el tiempo corre y las decisiones se irán tomando solas si no hay intervención clara.

Lo que sí queda manifiesto es que Boca enfrenta un desafío poco frecuente: tener un problema evidente en una posición específica, tener un jugador con potencial dentro de la misma institución disponible para cubrir ese espacio, y aun así optar por soluciones alternativas sin probar la más lógica. Ya sea por criterios técnicos que se desconocen, por cautela institucional, por dinámicas internas de vestuario o por simple inercia administrativa, la paradoja persiste. Un lateral derecho sin identidad clara, un joven con aptitudes sin pista real en Primera, y una incógnita que seguirá creciendo mientras ambos fenómenos continúen en el mismo carril paralelo sin intersectarse.