Apenas habían transcurrido cuatro minutos en el estadio cuando Defensa y Justicia pareció sacudir el tablero. Juan Gutiérrez se elevó con precisión luego de un centro medido de Agustín Hausch y puso el balón en el fondo de la red. El festejo en el banco del Halcón fue inmediato, la gente reaccionó, y por un momento pareció que la noche empezaba de la mejor manera posible para el conjunto de Varela. Pero la celebración duró lo que tarda una señal en viajar desde la cancha hasta una pantalla en Ezeiza. El VAR había entrado en escena.

La tecnología intervino y el festejo quedó en la nada

Durante varios minutos, el partido quedó suspendido en el tiempo. El árbitro Gariano esperó instrucciones mientras desde la cabina del VAR, conducida por Silvio Trucco, analizaban la jugada cuadro por cuadro. La conclusión que llegó al oído del juez principal fue contundente: Gutiérrez se encontraba en posición adelantada en el momento exacto en que Hausch tomó contacto con la pelota para enviar el centro al área. Las líneas digitales sobre la imagen congelada marcaban al delantero apenas por delante del último defensor de Boca Juniors. Gol anulado. El marcador volvió a cero, y con él, también la ilusión del Halcón.

Gariano fue explícito al momento de comunicar la decisión: la determinación no era suya, sino que provenía de la cabina tecnológica. En jugadas de este tipo, estrictamente factuales, el árbitro principal no tiene margen para interpretar ni para contradecir. No se trata de una falta que alguien pudo ver o no ver, no es una mano dudosa ni un codazo fuera del campo visual. Es una medición. La tecnología captura el fotograma, las líneas se trazan, y el sistema dictamina. El juez de campo simplemente ejecuta lo que le informan. Su rol en ese momento se reduce al de un mensajero con silbato.

El banco de Defensa no lo vio igual

Desde el cuerpo técnico y los jugadores de Defensa y Justicia, la resolución no cayó bien. La lectura que se hizo en el banco del Halcón fue distinta: consideraban que Gutiérrez estaba habilitado al momento del pase y que el gol debía haber sido validado. No es una queja menor ni caprichosa, porque hay elementos concretos en la forma en que se presentaron las imágenes que alimentan esa sensación de injusticia, o al menos de duda razonable.

El principal punto de conflicto no es tanto la posición del atacante, sino la calidad y la precisión del trazado de líneas que se mostró en la transmisión oficial. Al observar detenidamente la imagen congelada, surge un detalle que no es menor: Pellegrino, el defensor de Boca que se encontraba más próximo a Gutiérrez en la jugada, aparece con el pie sobre la línea azul que lo representa. El problema es que esa línea debería ubicarse por detrás del cuerpo del jugador, no debajo de su pie. Si la referencia del defensor está mal posicionada, todo el análisis comparativo entre atacante y defensor pierde solidez. Una medición tan fina, donde los centímetros definen si hay gol o no, exige que cada elemento esté colocado con precisión quirúrgica. Y en este caso, hay razones para dudar.

El fotograma congelado: ¿en el momento correcto?

Hay otro aspecto que suma incertidumbre al análisis. El instante en que se detuvo el video para trazar las líneas también genera interrogantes. En las imágenes que se difundieron, Hausch todavía no había impactado el balón cuando se realizó la congelación. El pie del volante estaba en camino, pero el contacto aún no se había producido. Técnicamente, el offside debe medirse en el preciso instante en que el jugador que habilita toca la pelota, ni antes ni después. Si el fotograma elegido fue uno anterior a ese contacto, la medición podría no reflejar la realidad exacta de la jugada.

Ahora bien, existe una contracara que los defensores de la decisión podrían argumentar: si en ese fotograma —supuestamente anterior al contacto— Gutiérrez ya estaba adelantado, entonces al avanzar un cuadro más, la diferencia entre el atacante y el defensor habría sido incluso mayor. Es decir, si el error en la congelación existió, paradójicamente pudo haber beneficiado al jugador anulado. Este razonamiento no elimina las dudas sobre la metodología, pero sí matiza la indignación. La pregunta que queda flotando es cuánta certeza real hay detrás de una decisión que se presenta como objetiva y matemática, cuando los elementos que la componen son pasibles de cuestionamiento.

Un partido que siguió con polémica de fondo

Lo concreto es que el encuentro continuó con el empate en cero y con un malestar instalado que no se disipó fácilmente. Poco después llegaría el 1-0 a favor de Boca, convertido por Giménez, lo que terminó de inclinar la balanza anímica y deportiva hacia el lado xeneize. El gol de Gutiérrez, que podría haber cambiado la dinámica del partido desde los primeros minutos, quedó registrado en la memoria de los hinchas de Defensa como uno de esos momentos donde la tecnología, en lugar de cerrar debates, los abrió de par en par.

El VAR llegó al fútbol argentino prometiendo eliminar las injusticias groseras, los errores que cambian partidos y que durante décadas quedaron impunes. En gran medida, cumplió esa promesa. Pero casos como este revelan que la herramienta no es infalible ni está exenta de márgenes de error. Cuando las líneas no se trazan correctamente, cuando el fotograma elegido genera dudas y cuando el propio sistema de referencia está mal calibrado, la tecnología puede reproducir la misma sensación de arbitrariedad que prometió erradicar. Y eso, en un partido entre Defensa y Justicia y Boca Juniors, ante miles de ojos atentos, no pasa desapercibido.