La final que disputará Argentina este domingo ante España representa mucho más que un partido de fútbol: es el reencuentro entre dos potencias que protagonizaron el último encuentro hace exactamente cinco años, bajo circunstancias muy distintas a las que hoy prevalecen. Mientras entonces se trataba de una llave clasificatoria en un torneo olímpico devaluado por la pandemia, ahora se juega la corona mundial. Lo curioso del asunto es que el último tanto argentino marcado frente a los españoles en cualquier competencia internacional llevó la autoría de un futbolista que actualmente milita en las filas de Boca Juniors: Tomás Belmonte, el volante que hoy se recupera de una lesión en el tobillo y sigue desde la distancia este trascendental capítulo de la historia futbolística común.
El precedente olímpico: cuando todo era diferente
Corría el año 2021, aunque oficialmente los Juegos Olímpicos correspondían a 2020. La pandemia global había obligado a postergar la cita deportiva, transformando Tokio en el escenario de una edición atípica, con restricciones de público y un ambiente que poco tenía que ver con la tradición olímpica. En ese contexto, Argentina y España se enfrentaron en el Saitama Stadium durante la tercera y última fecha del Grupo C del torneo de fútbol masculino. Para la Selección argentina, dirigida entonces por Fernando Batista, era una oportunidad de última hora: después de caer rotundamente 2-0 ante Australia en su presentación y lograr un ajustado 1-0 contra Egipto, la escuadra celeste y blanca se encontraba obligada a ganar para mantener viva su aspiración clasificatoria a los cuartos de final.
Del otro lado de la cancha estaba España, bajo el mando de Luis de la Fuente, quien comandaba una generación de futbolistas que, curiosamente, volvería a encontrarse con Argentina en circunstancias de máxima importancia años después. Los españoles llegaban con respaldo en la zona y sin presiones aparentes, disfrutando de una posición cómoda que luego los llevaría a liderar el grupo y, eventualmente, a conquistar la medalla de plata del certamen.
El instante decisivo: Belmonte en el corazón del drama
El partido siguió un guión predecible hasta que España golpeó primero. En el minuto 66, Dani Olmo ejecutó una asistencia de precisión para que Mikel Merino pusiera el balón en la red y marcara el 1-0. Con ese resultado, la Selección argentina se veía prácticamente condenada a la eliminación en primera fase. Los minutos corrían, la ansiedad invadía el estadio y la ilusión de avanzar se desvanecía con cada segundo que pasaba. Entonces, cuando apenas restaban tres minutos para el final del encuentro, llegó el acto de redención: Tomás Belmonte aparició en el área tras un córner ejecutado desde la derecha, ganó el duelo aéreo y remató con precisión para lograr el 1-1 que mantenía, al menos momentáneamente, las esperanzas vivas.
El gol del volante xeneize fue un destellazo de épica deportiva, esa clase de tanto que resume la historia de un partido en un solo instante. Sin embargo, el fútbol es cruel, y ese empate no resultó suficiente para Argentina. Mientras Belmonte celebraba su anotación, en el otro encuentro de la zona Egipto derrotaba 2-0 a Australia, un resultado que sellaba matemáticamente la suerte de la Selección. Argentina finalizaba con cuatro puntos, insuficientes para avanzar, mientras que España progresaba como líder con seis unidades, camino hacia la medalla de plata que posteriormente conquistaría.
Los supervivientes: quiénes vuelven a verse las caras
Lo fascinante del antecedente olímpico es que no fue un encuentro entre generaciones completamente distintas. Del lado argentino, tres futbolistas que estuvieron presentes en Tokio vuelven a estar en la órbita de la Selección bajo el comando de Lionel Scaloni: Alexis Mac Allister y Facundo Medina actuaron como titulares aquel día, mientras que Thiago Almada ingresó durante el segundo tiempo. Los tres son piezas fundamentales del proyecto argentino que busca defender el título mundial conquistado recientemente. En el caso de España, la continuidad es aún más notable. Unai Simón en el arco, Eric García y Marc Cucurella en defensa, Martín Zubimendi en el mediocampo, y en ataque los nombres de Pedri, Mikel Merino —precisamente quien anotó el gol olímpico—, Dani Olmo y Mikel Oyarzabal conforman un núcleo de continuidad notable. La mayoría de estos futbolistas no solo estaban en Tokio, sino que además han vivido la trayectoria de España desde entonces, incluyendo el triunfo en la Eurocopa 2024, donde la Roja reafirmó su dominio continental.
Este dato de continuidad genera una atmósfera peculiar alrededor del encuentro de este domingo. No se trata simplemente de dos equipos que no se veían hace años enfrentándose al azar. Es, en cambio, un reencuentro entre rivales que comparten historia reciente, que conocen los movimientos uno del otro y que han evolucionado como conjuntos en paralelo. Argentina transitó el camino hacia la defensa de su corona mundial, mientras que España reconstruyó su proyecto europeo para volver a estar entre los mejores del mundo.
El ausente y su legado
Mientras se aproxima el encuentro más importante, Tomás Belmonte observa desde la tribuna de recuperación. El volante que marcó el último gol argentino frente a España no podrá estar presente en la cancha debido a una lesión que lo aqueja en uno de sus tobillos. Su ausencia es un detalle menor en el contexto de una final mundial, pero también es un recordatorio de que el fútbol es un deporte donde los protagonistas cambian constantemente. Aquel futbolista que se lució hace cinco años en Tokio hoy vuelve a estar ligado a esta historia, aunque desde un rol distinto. La ironía de que su nombre sea el último en la memoria colectiva como goleador argentino frente a España agrega una capa de significación a su condición actual de observador.
Implicancias y perspectivas del reencuentro
La confluencia de elementos que rodean este encuentro invita a reflexiones múltiples sobre el devenir del fútbol internacional y las dinámicas que caracterizan a las grandes competiciones. Por un lado, existe la perspectiva de quienes ven en este reencuentro una continuidad lógica del desarrollo de ambas selecciones: Argentina consolidando su posición dominante tras el triunfo mundialista, y España reclamando su lugar entre las élites tras años de transición. Por otro lado, desde la óptica del análisis táctico y estratégico, el hecho de que ambos equipos compartan tantos futbolistas que se conocen desde hace años podría implicar encuentros predecibles, donde la sorpresa táctica cede terreno al conocimiento mutuo. Asimismo, la pregunta sobre cómo impactará en los equipos el que tanto tiempo haya pasado desde su último encuentro —cinco años es una eternidad en el fútbol moderno— abre interrogantes sobre la validez del precedente olímpico como referencia. Finalmente, desde una perspectiva más amplia, el hecho de que Argentina cuente con un gol más reciente frente a España, aunque sea en contexto olímpico, podría interpretarse como un factor psicológico o simplemente como un dato anecdótico sin mayor trascendencia en la definición del partido. Lo cierto es que el desarrollo de los próximos minutos escribirá nuevas líneas en el capítulo de encuentros entre estas dos potencias, un capítulo que, a partir de este domingo, ya no tendrá a Belmonte como su último anotador.



