Hace casi tres meses que Exequiel Zeballos no disputa un partido oficial. El delantero del club de la Ribera permanece en una situación incómoda: sigue entrenando diariamente con sus compañeros en el predio, mantiene la disciplina y la rutina de trabajo, pero las convocatorias no llegan y las camisetas alternativas brillan por su ausencia en las redes sociales del club. Mientras la institución de La Boca intenta resolver su futuro contractual, el jugador navega en una zona gris donde ni siquiera está claro cuál será su próximo destino, aunque hay un actor europeo que sigue mirando desde lejos.

La última presentación oficial del Changuito ocurrió en circunstancias dolorosas. Fue el 29 de mayo pasado, en la derrota 1-0 de Boca frente a Universidad Católica por la Copa Libertadores. Esa noche húmeda en La Bombonera, el delantero fue titular y completó los noventa minutos bajo el comando técnico de Rodolfo Arruabarrena. Desde aquel encuentro, el calendario marcó inexorablemente el paso de los días: primero semanas, luego meses. Al cierre de agosto, ya habían transcurrido más de dos meses y medio sin fútbol competitivo para quien alguna vez fue figura destacada del ataque xeneize. Un tiempo que en la carrera de un futbolista profesional resulta prácticamente una eternidad, especialmente cuando se aproximan los treinta años de edad.

La espera bajo vigilancia europea

Lo intrigante del caso Zeballos radica en que su ausencia de las canchas no obedece a una lesión, ni tampoco a un castigo disciplinario o a una marginación por decisiones estrictamente deportivas. El escenario es más complejo: su permanencia en el club depende de negociaciones que trascienden lo meramente futbolístico. Su contrato con Boca vence el 31 de diciembre de 2026, pero la institución de La Ribera mantiene urgencia por encontrar una solución antes de que el año llegue a su final. En otras palabras, no hay intención de que el delantero continúe cumpliendo función dentro de la estructura del equipo una vez que finalice la temporada actual. Las directivas buscan una salida, una transferencia que ponga fin a esta relación antes de que los últimos meses del año lleguen.

En ese panorama de incertidumbre interviene un factor internacional que complica aún más el cuadro. Napoli mantiene viva su atención sobre Zeballos, el club napolitano sigue el expediente del delantero argentino sin perder detalle de su evolución. Sin embargo, esa posibilidad de emigrar a Italia por ahora se mantiene en la categoría de rumor, sin que existan avances concretos hacia una definición. La distancia entre el interés declarado y una propuesta formal sigue siendo considerable. Mientras tanto, Zeballos permanece en una posición de espera que afecta tanto su carrera deportiva como su rutina cotidiana. No hay certezas sobre cuándo volverá a competir, ni hay garantías sobre dónde lo hará.

La particularidad de una ausencia visible

Lo que distingue el caso de Zeballos respecto de otros futbolistas que quedaron fuera de la consideración técnica es precisamente la naturaleza de su segregación. El delantero no está apartado del grupo de entrenamiento. Cada mañana se presenta en el predio, se suma a las actividades junto a sus compañeros, sigue el plan de trabajo físico, participa en los entrenamientos tácticos. La rutina diaria de un futbolista profesional continúa para él de manera regular. Incluso mantiene momentos de camaradería con otros jugadores: existen registros en sus redes sociales donde aparece sonriendo, compartiendo bromas con colegas como Kevin Zenón, demostrando que la convivencia dentro del plantel no presenta fracturas evidentes. Sin embargo, existe un vacío notorio en la comunicación oficial del club respecto de su persona. Boca no publica fotografías suyas en sus canales, no lo incluye en los contenidos que habitualmente comparte sobre las actividades diarias del equipo. Los únicos registros visuales que existen del Changuito entrenando provienen de su propia iniciativa, de lo que él mismo sube a sus plataformas personales.

Esta peculiar invisibilidad institucional genera un efecto curioso. Zeballos sigue siendo parte del equipo en la práctica cotidiana, pero ha sido borrado de la narrativa pública que Boca construye sobre sí mismo. Es como si existiera en dos mundos simultáneamente: uno real, en el que entrena y convive; otro mediático, en el que simplemente desapareció. Mientras aguarda la resolución de su futuro contractual, el delantero ha optado por cambios superficiales en su apariencia: luce un nuevo corte de pelo, a veces se coloca una vincha, ocasionalmente lleva el cabello recogido. Detalles menores que quizás reflejen un intento por mantenerse activo, por sentierse visible a sí mismo en una situación donde la visibilidad institucional le ha sido negada. Continúa trabajando con la disciplina de un profesional, pero sin el combustible que proporciona la competencia oficial.

El panorama que se extiende hacia el futuro cercano tiene múltiples aristas. Si Napoli formaliza una propuesta y Boca logra llegar a un acuerdo, la carrera de Zeballos podría tomar un giro significativo: emigrar a una de las principales ligas europeas, desvincularse de la incertidumbre, acceder a nuevos desafíos. Si ese escenario no se materializa, entonces el club de La Ribera deberá recurrir a otras alternativas: buscar otros compradores, intentar colocarlo en ligas de menor jerarquía, o eventualmente permitir su salida a cambio de condiciones menos favorables. En cualquier caso, la inercia actual indica que Zeballos no seguirá siendo parte de los planes de Boca más allá de los meses venideros. Para el jugador, esta espera representa un tiempo de suspensión en su carrera, una pausa forzada que puede resultar perjudicial en términos de ritmo competitivo y exposición. Cada semana sin partidos oficiales es una oportunidad perdida para mantener su nivel, para generar estadísticas que respalden futuras negociaciones, para permanecer en sintonía con los requerimientos de la alta competencia.