Hay partidos que no se juegan solo en la cancha. Se juegan en los vestuarios, en los pasillos del club, en la cabeza de cada futbolista que sabe que lo que está en juego va mucho más allá de los tres puntos. Gimnasia de Mendoza llega al clásico provincial de este domingo con una mezcla explosiva de ilusión renovada, bajas dolorosas y una presión que no admite errores. El rival es Independiente Rivadavia, la Lepra, y el escenario es el estadio Víctor Legrotaglie, donde un duelo que no se disputaba en Primera División hace 44 años vuelve a escribir historia.

Una resurrección llamada Darío Franco

Hace apenas unas semanas, el panorama en el Lobo mendocino era sombrío. Los números no cerraban, la zona de descenso asomaba como una amenaza concreta y el ambiente dentro del club pedía respuestas urgentes. La llegada de Darío Franco al banco de suplentes funcionó como un electroshock. En los tres compromisos que dirigió desde que asumió, el equipo sumó siete de los nueve puntos en juego, una performance que no solo alejó al Mensana de los últimos lugares de la tabla, sino que abrió una puerta que nadie se atrevía a imaginar: la clasificación a los playoffs del Apertura. Un objetivo que parecía ciencia ficción hace un mes se transformó, casi sin que nadie lo note demasiado, en una posibilidad real.

El único lunar en este breve pero intenso ciclo fue la eliminación en la Copa Argentina, donde el conjunto mendocino cayó ante Gimnasia y Tiro de Salta. Un tropiezo que, sin embargo, no opacó el trabajo realizado en el torneo doméstico. Con el foco puesto exclusivamente en la Primera División, el cuerpo técnico tiene claro que los próximos dos partidos definirán si esta recuperación fue una ilusión pasajera o el comienzo de algo más sólido.

La enfermería no da respiro

Si el campo de juego muestra una cara optimista, el parte médico del club pinta un cuadro bien diferente. La cantidad de futbolistas que llegaron en dudas o directamente descartados para el clásico es llamativa y obliga a Franco a hacer malabares con el plantel disponible. La baja más resonante en términos estructurales es la de Imanol González, quien sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y quedará fuera de las canchas durante varios meses. Una pérdida que golpea al equipo más allá de lo inmediato.

A esa lesión grave se suman otras que impiden la presencia de jugadores clave para este domingo. Luciano Paredes, lateral derecho, no pudo estar ante Lanús y tampoco estará en el clásico por un esguince de tobillo que todavía no le permite entrenar con normalidad. Juan Franco arrastra una distensión muscular en el recto anterior derecho, mientras que Ulises Sánchez padece algo similar en el aductor. Y como si el destino quisiera agravar el panorama, en el último partido se sumó al listado de bajas Braian Andrada, quien debió abandonar el campo antes de los veinte minutos con un dolor en la rodilla que lo hizo retirarse entre lágrimas, una imagen que quedó grabada en los hinchas que siguieron el partido.

Sin embargo, no todas las noticias desde el departamento médico son malas. El arquero y capitán del equipo, César Rigamonti, que había quedado fuera del compromiso de Copa Argentina a causa de un traumatismo en la tibia, regresó a los arcos en la última fecha y se confirma entre los titulares. También vuelven Lencioni, quien venía arrastrando una sobrecarga en el gemelo derecho, y Muñoz, que superó un desgarro en el cuádriceps. Tres regresos que le devuelven al técnico opciones importantes en el armado del equipo.

44 años después: el clásico que merece su propia historia

El encuentro de este domingo tiene una dimensión que excede lo estrictamente deportivo. El cruce entre Gimnasia y Independiente Rivadavia en la máxima categoría del fútbol argentino no se producía desde hace 44 años, lo que convierte a este partido en un evento con valor histórico innegable. El contexto lo hace aún más especial: tras el descenso de Godoy Cruz, este es el único duelo entre equipos mendocinos que tiene lugar actualmente en Primera División, lo que añade una carga simbólica extra a la ya de por sí vibrante rivalidad provincial.

Los registros históricos entre ambos clubes hablan de una competencia tremendamente equilibrada. A lo largo de 254 encuentros disputados en distintas competencias —entre ellas la Liga Mendocina, el Nacional de 1982, torneos de Ascenso y Copa Argentina—, la Lepra se impuso en 86 oportunidades, el Mensana en 84 y se repartieron puntos en 83 ocasiones. Un historial que confirma que entre estos dos equipos no existe favoritismo claro y que cualquier resultado es posible cuando se miden en la cancha.

Franco y Berti: amigos antes del silbato, rivales después

Uno de los condimentos más pintorescos de este clásico es la relación personal que une a los dos entrenadores. Darío Franco, conductor del Lobo, y Alfredo Berti, estratega de Independiente Rivadavia, fueron compañeros en Newell's Old Boys y mantienen un vínculo de respeto y afecto que trasciende lo profesional. El propio Franco lo dejó en claro cuando habló sobre el partido: "Es un grandísimo entrenador, que ya hizo historia y me alegra. Fuimos compañeros, lo voy a ir a saludar, pero cuando suene el pitazo seremos rivales a muerte, a cara de perro. Eso es lo lindo que tiene el clásico, el folklore".

Ese folklore del que habla Franco es exactamente lo que hace que partidos como este sean únicos. La amistad queda en el túnel de acceso. Adentro de la cancha, el técnico del Mensana fue categórico sobre lo que espera de sus jugadores y sobre la naturaleza de este tipo de compromisos: "Se va a dejar la vida, vamos a intentar jugar bien y a salir siempre a ganarlo. No importa cómo llegamos. Este es el partido del año". Una frase corta pero que resume con precisión lo que significa este derbi para el club y para todos los que lo siguen.

Gimnasia llega al clásico con el envión de su última victoria ante Lanús por 1 a 0, una actuación que terminó de consolidar la buena racha del equipo bajo la conducción de Franco. Ahora, con una plantilla castigada por las lesiones pero con el ánimo encendido, el Lobo mendocino sale a buscar tres puntos que serían mucho más que una victoria: serían la confirmación de que el resurgimiento es real, que el descenso ya no está en el horizonte y que los playoffs, ese sueño que nadie se animaba a mencionar hace un mes, están más cerca que nunca. El clásico manda. Y el Mensana no piensa llegarse tarde a la cita.