El reloj marca el fin de una etapa dorada en la Academia. Lo que comenzó como una promesa de continuidad se transformó en un éxodo silencioso que, mes tras mes, desmorona los cimientos de un proyecto que hace poco más de un año parecía inamovible. La reciente transferencia de Gabriel Rojas al Cruzeiro brasileño por cinco millones de dólares no es un hecho aislado: es el símbolo más crudo de cómo un equipo ganador se desintegra cuando pierden sus pilares, su director técnico y, fundamentalmente, el rumbo que los llevó a conquistar titulares internacionales. En un contexto donde las ligas sudamericanas viven cambios constantes y los jugadores jóvenes buscan maximizar sus carreras, Racing enfrenta la tarea titánica de reconstruirse desde los escombros de un ciclo que, aunque breve, dejó cicatrices profundas.

De la gloria al vacío: el antes y el después

Cuando el calendario marcaba finales de 2024 e inicios de 2025, Racing transitaba una realidad completamente diferente a la actual. El equipo que levantaba la Copa Sudamericana 2024 y la Recopa 2025 funcionaba como una máquina aceitada, donde cada pieza encajaba con precisión. Ese once que pisaba fuerte, compuesto por Arias en el arco, una defensa sólida con Di Cesare, Santiago Sosa y Agustín García Basso, Martirena en el lateral derecho, Nardoni en el medio, Almendra como volante creativo, Rojas en el flanco izquierdo —precisamente el lateral que ahora se marcha—, Juanfer Quintero como enganche, Roger Martínez en ataque y Maximiliano Salas como delantero centro, representaba algo más que una simple alineación táctica. Era el reflejo de un pensamiento futbolístico coherente, de un entrenador que sabía exactamente qué quería, y de jugadores que estaban dispuestos a entregarlo todo dentro de la cancha. Hoy, de esa constelación de talentos, apenas quedan rastros.

La partida de Gustavo Costas marcó el punto de no retorno. Su llegada a principios de 2024 había revolucionado el ambiente en Avellaneda: no solo porque trajera una idea de juego definida, sino porque supo identificar jugadores en el mercado que nadie tenía siquiera en consideración. Santiago Sosa, García Basso, Maximiliano Salas, Santiago Solari, Bruno Zuculini y Cambeses fueron incorporaciones que parecían riesgosas en su momento pero que, bajo su dirección, se transformaron en piezas fundamentales de una máquina ganadora. La combinación de estos refuerzos con baluartes ya existentes en la institución —Gabriel Arias, Gastón Martirena, Facundo Mura, Juan Nardoni, Agustín Almendra, Juanfer Quintero, Roger Martínez y Johan Carbonero— generó una química que pocos equipos logran alcanzar. Sin embargo, la ausencia de Costas en el banquillo dejó un vacío que parece irreparable en el corto plazo.

La desbandada: nombres que se fueron y nombres que aún pueden irse

El panorama actual es desolador. De aquel elenco que celebraba bajo las luces de Asunción cuando ganaba la Sudamericana, prácticamente ninguno permanece en la institución. Gabriel Arias, Agustín Almendra, Juanfer Quintero, Roger Martínez, Johan Carbonero, Juan Nardoni y el propio Gabriel Rojas ya no visten la camiseta de Racing. Algunos, como Rojas, se marcharon por ofertas de clubes de primer nivel continental. Otros, como Quintero y Martínez, encontraron oportunidades en mercados más competitivos. Martirena es prácticamente el único sobreviviente de esa estructura defensiva que resultaba casi impenetrable en la campaña ganadora. La ausencia de reemplazos de similar jerarquía agravó la situación: el club no invirtió en jugadores que igualaran el nivel de los que se fueron, transformando cada partida en un acto de resignación.

Pero la sangría no termina allí. Con el semestre que acaba de comenzar, nuevas sombras se ciernen sobre Avellaneda. Bruno Zuculini tiene ofertas de Nacional de Uruguay y podría abandonar la institución, dejando un agujero en la sala de máquinas del mediocampo. Santiago Sosa, aquel volante recuperador que fue clave en el funcionamiento táctico, también figura en la lista de posibles partidas. Roger Martínez —el delantero que parecía intocable hace poco tiempo— y Agustín García Basso, quien hizo una defensa sólida durante gran parte de la campaña ganadora, también contemplan cambios de aire. La situación es paradójica: mientras el club sigue fuera de las competiciones internacionales tras quedar eliminado de la Sudamericana, los jugadores que desembarcaron con tanta ilusión a inicios de 2024 comienzan a perder motivación. Algunos sienten que ya dieron todo lo que tenían para entregar. Otros entienden que, sin el proyecto que los unía bajo la conducción de Costas, el futuro en Avellaneda carece de sentido.

El caso de Maximiliano Salas merece una mención aparte. Su salida fue especialmente conflictiva: River Plate ejecutó la cláusula de rescisión que permitía al club de Núñez llevárselo sin mayores trámites, un golpe que evidenció la fragilidad de los acuerdos cuando un jugador deja de ser prioridad dentro del proyecto. En el caso de Rojas, la transacción fue diferente: una venta directa a Cruzeiro, que pagó dinero real en los cofres del club, pero que igualmente marcó la consolidación de un patrón: Racing vende, Racing no compra. O si compra, lo hace con cautela y a menor escala que antes.

El presente sin brújula y el futuro incierto

Mientras los jugadores disfrutan de las vacaciones aprovechando el corte de la temporada, en la Academia existe una incertidumbre profunda sobre quién será el próximo técnico. Sin un entrenador definido, sin claridad sobre qué rumbo tomar, y con varios de los futbolistas que aún permanecen en el club rumiando sus opciones de mercado, Racing transita un período de transición que podría resultar peligroso. La renovación de la estructura dirigencial también está en cuestión: ¿quién armaría al próximo equipo? ¿Con qué presupuesto? ¿Con qué filosofía? Las respuestas no están claras. Lo que sí está claro es que el equipo que dominó la Sudamericana 2024 y la Recopa 2025 es, en términos concretos, historia. Sus fragmentos están dispersos en otras ligas, otros países, otras realidades futbolísticas.

La reconstrucción que enfrenta Racing no es únicamente deportiva: es también estructural y emocional. Los hinchas, que vivieron días de gloria hace apenas unos meses, experimentan ahora la melancolía de ver desaparecer la obra que les permitió volver a soñar. La comparación inevitable entre aquellos días de gloria y el presente genera frustración en una base que, históricamente, ha demostrado ser exigente y apasionada. El mercado de pases de 2024 y 2025 ha sido brutal con Racing: lo que en un momento parecía un proyecto consolidado resultó ser efímero, vulnerable a las tentaciones del mercado internacional y a la ausencia de un liderazgo técnico que lo sostuviera. Las consecuencias de este proceso de desmembramiento pueden resultar diversas según cómo se desarrollen los próximos movimientos: si la institución logra identificar rápidamente un técnico con visión de futuro y lleva a cabo refuerzos estratégicos, podría iniciar un nuevo ciclo con bases más sólidas, aunque sin los atajos emocionales que generó el equipo anterior; si, por el contrario, la desorientación continúa y se marchan más jugadores sin reemplazos de calidad, el descenso deportivo podría ser dramático, alejando a Racing de los objetivos continentales durante años. La incertidumbre rodea cada decisión, y solo el tiempo dirá si lo que quedó en pie alcanza para reedificar algo que se asemeje a la gloria que, apenas hace poco, parecía eterna.