La sequía llegaba a su punto más crítico. Veintiocho partidos sin encontrar la red. Veintiocho oportunidades perdidas, veintiocho noches de frustración para un futbolista que había comenzado su etapa en la institución de La Boca con todas las expectativas puestas en su capacidad ofensiva. Pero este martes, en territorio mendocino, Kevin Zenón logró lo que se le resistía desde hacía casi dos meses: volvió a gritar gol con la camiseta azul y oro. No fue un gol más. Fue el gol que llegaba cargado de significado en un momento donde su futuro profesional se encuentra en una encrucijada. El tanto frente a Gimnasia de Mendoza marcó el 2-1 parcial y, más allá de la relevancia que tuvo para el resultado de esa tarde, representó algo mucho más profundo: la reafirmación de un jugador en busca de recuperar su lugar en un equipo que lo vio nacer como una promesa y que ahora lo observa desde la incertidumbre.

El retorno a la titularidad después del ostracismo

Las oportunidades como titular se habían convertido en un artículo de lujo para Zenón en los últimos meses. Desde que el torneo mundial de clubes de 2025 dejó su marca en el calendario deportivo, el mediocampista zaguero había transitado un camino donde la mayoría de sus participaciones llegaban desde el banco de suplentes. Su consideración dentro del esquema táctico del equipo se había visto considerablemente reducida, relegándolo a un rol secundario que poco tenía que ver con la importancia que había adquirido en sus primeros meses vistiendo los colores de la Bombonera. Fue apenas en dos oportunidades durante todo el semestre que el técnico lo alineó de inicio, lo que dejaba clara la complicada situación en la que se encontraba dentro de la estructura del plantel. Sin embargo, cuando llegó la chance en Mendoza, el futbolista respondió sin titubeos. No desaprovechó la oportunidad. Desde los primeros minutos del encuentro dejó clara su intención de reclamar un espacio que consideraba suyo, de demostrar que seguía siendo la misma pieza valiosa que había sido tiempo atrás.

El gol llegó transcurridos 37 minutos del primer tiempo en una jugada que comenzó con Alan Velasco tomando la iniciativa por la zona derecha del campo. El extremo ejecutó un taco magistral que ubicó la pelota en los pies de Dylan Gorosito, quien sin perder tiempo colocó un pase preciso hacia el corazón del área. Allí, Zenón apareció como el depredador que sabe dónde está el arco, finiquitando la acción con un remate certero que hizo estallar a los hinchas que viajaron con el equipo. Treinta y siete minutos de juego, una sola oportunidad clara, y el gol convertido. Era la respuesta que Boca necesitaba escuchar de su parte después de meses donde el silencio de sus botas resultaba ensordecedor.

Un festejo que contenía más de lo visible

Lo que sucedió después de que la pelota ingresara a la red reveló la carga emocional que Zenón llevaba acumulada. Su reacción no fue un simple salto de alegría. El extremo izquierdo dirigió su mirada hacia las alturas en un gesto de rezo, de comunicación con dimensiones superiores, demostrando que el gol que acababa de marcar trascendía lo meramente deportivo. Luego tomó el balón con las dos manos y se la colocó debajo de la camiseta, en un acto simbólico que hablaba de su vida personal: su pareja se encuentra en estado de embarazo, y ese gesto fue un reconocimiento público a lo que representa esa nueva etapa de su existencia. Finalmente, con la pelota aún en sus manos, señaló hacia el banco de suplentes en un gesto que podría interpretarse de múltiples maneras. Algunos lo vieron como un mensaje directo al cuerpo técnico, otros como una dedicatoria especial a sus compañeros. Lo cierto es que cada movimiento, cada acción realizada después de convertir, construyó una narrativa personal que trascendía ampliamente los límites de lo futbolístico.

Ese festejo cargado de emotividad era la expresión pura de un futbolista que llevaba un tiempo considerable esperando ese instante preciso. Casi dos meses sin poder celebrar en el campo de juego representa una eternidad en el fútbol profesional, donde los goles son la medida más tangible del éxito ofensivo. Para un jugador que había llegado a Boca a inicios de 2024 procedente de Unión y que rápidamente se había posicionado como una pieza fundamental en el esquema ofensivo del equipo, cada partido sin convertir era una capa más de frustración que se depositaba sobre sus hombros. Las 92 presentaciones que había protagonizado bajo la camiseta azul y oro le permitieron marcar 11 goles, un promedio que hubiese sido respetable de haberse mantenido de manera consistente. Pero la realidad deportiva había conspirado contra esa continuidad.

La encrucijada: Boca o una nueva aventura al otro lado del continente

Lo que hacía especialmente significativo el gol ante Gimnasia era el contexto en el que se producía. Mientras Zenón celebraba bajo el cielo mendocino, en las oficinas y en los canales de comunicación entre dirigentes se desarrollaban negociaciones que podrían cambiar el rumbo de su carrera. Atlas de México había manifestado un interés concreto en incorporar al futbolista a sus filas. Las conversaciones entre la institución mexicana y Boca habían avanzado considerablemente, llegando a términos que contemplaban un préstamo con una cláusula de compra obligatoria sujeta al cumplimiento de determinados objetivos deportivos y administrativos. Aunque la operación aún no había sido cerrada de manera definitiva, Zenón ya había expresado su visto bueno respecto a la propuesta, lo que indicaba su disposición a emprender un nuevo desafío lejos de la Argentina. El mercado de transferencias mexicano permanecería abierto hasta el 11 de septiembre, lo que otorgaba a ambas partes una ventana temporal limitada pero suficiente para completar los trámites necesarios.

En este escenario, el partido ante el equipo mendocino adquiría dimensiones que iban más allá de la simple competencia deportiva. Para Zenón, podía representar uno de los últimos encuentros vistiendo los colores de la institución de La Boca si las negociaciones llegaban a buen término en los próximos días. Por eso cada acción, cada carrera, cada intento de generar juego tenía una carga adicional. No solo buscaba recuperar su estatus dentro del equipo y demostrar que seguía siendo válido para el proyecto actual; también intentaba dejar constancia de su capacidad y su determinación ante una posible audiencia internacional que estaría observando sus movimientos. Tres acciones anteriores resumían su capacidad contributiva: una asistencia decisiva frente a Lanús que cambió el ritmo de ese encuentro, un penal convertido con frialdad ante Vélez que demostraba su carácter bajo presión, y ahora este gol en Mendoza que cortaba una sequía que parecía no tener fin.

El trayecto de Zenón por Boca había experimentado cambios abruptos. Había llegado con la ilusión de convertirse en un futbolista protagonista, y en sus primeras etapas lo había logrado, ganándose un lugar de privilegio en la consideración del cuerpo técnico. Su velocidad, su capacidad para desbordar y su visión del juego lo posicionaban como una opción valiosa en el sector ofensivo. Sin embargo, desde el torneo mundial de clubes en adelante, su rol se había visto sensiblemente reducido, como si alguien hubiera bajado el volumen de su participación de manera progresiva. La competencia interna, los cambios tácticos, las decisiones del entrenador o simplemente el ciclo natural de un futbolista que ve reducidas sus oportunidades lo llevaron a transitar este período complicado. Ahora, con el gol marcado y la posibilidad cierta de una salida al exterior, Zenón se encontraba en un punto de inflexión donde su futuro inmediato podría tomar rumbos completamente distintos.

Implicancias y proyecciones futuras

La concreción o no de la transferencia a México llevará consigo consecuencias variadas que merecen consideración desde ópticas distintas. Por un lado, una salida del futbolista permitiría a Boca liberar espacio salarial y hacer lugar a nuevos proyectos en su plantilla, además de generar ingresos por transferencia que podrían reorientarse hacia otras adquisiciones. Desde la perspectiva de Zenón, un cambio de escenario en una liga competitiva como la mexicana podría ofrecerle la oportunidad de recuperar confianza, de volver a ser protagonista en un proyecto que lo requiera de manera inmediata y sin competencia interna sofocante. Para Atlas, la incorporación de un futbolista con experiencia en el fútbol argentino de nivel superior representaría una apuesta por refrescar su elenco con un perfil ofensivo diferente. Sin embargo, si las negociaciones no fructificaran, Zenón se vería obligado a reinventarse dentro de Boca, a competir nuevamente por su lugar en un contexto donde su protagonismo no está garantizado. En ambos escenarios, las próximas semanas resultan determinantes para establecer qué dirección tomará su carrera profesional.