Existe un espacio gris dentro de una de las instituciones deportivas más importantes del país, un sitio donde convergen la permanencia física y la ausencia simbólica. Cuatro futbolistas del plantel profesional de Boca Juniors continúan vinculados contractualmente al club pero viven una realidad paralela: entrenan únicamente en turno matutino mientras sus compañeros realizan una exigente pretemporada en doble jornada, no aparecen en ningún contenido digital de la institución y carecen de certezas respecto a su futuro inmediato. Esta situación, que comenzó a gestarse desde la llegada del entrenador en junio pasado, plantea interrogantes sobre las dinámicas internas de gestión deportiva y los espacios de ambigüedad que persisten en clubes profesionales cuando las decisiones técnicas generan situaciones de incertidumbre laboral.
El punto de quiebre: una decisión que los dejó fuera del mapa
El mecanismo mediante el cual estos cuatro atletas quedaron en una zona de penumbra administrativo-deportiva tiene un origen específico y datado. Cuando el entrenador asumió formalmente sus funciones el pasado dieciocho de junio, dejó clara su intención de reestructurar el plantel. En esa comunicación inicial indicó explícitamente a Juan Barinaga, Marcelo Weigandt, Agustín Martegani y Lucas Janson que no formarían parte de su proyecto futuro. Estos cuatro elementos habían gozado de consideración previa durante la gestión anterior, cuando contaban con participación regular en entrenamientos y sesiones de trabajo. El cambio de dirección técnica, por lo tanto, marcó un punto de inflexión que los trasladó a una realidad completamente distinta.
Lo particular de esta situación radica en que, a diferencia de lo sucedido meses atrás con otros futbolistas que fueron separados del grupo para entrenar en instalaciones alternativas bajo supervisión específica del cuerpo técnico, estos cuatro permanecen dentro del predio pero bajo un régimen diferenciado. No se trata de una exclusión total ni tampoco de una integración plena. Ocupan un espacio intermedio donde se les permite concurrir a trabajar pero bajo condiciones restrictivas que los distinguen claramente de quienes sí integran el plantel con expectativas de participación. Esta categoría administrativa sin nombre oficial representa un fenómeno recurrente en instituciones deportivas: la gestión de jugadores indeseados sin herramientas legales o contractuales que permita una resolución definitiva en corto plazo.
La rutina de los excluidos: mañanas sin futuro y tardes de ausencia
El régimen que rige para estos cuatro profesionales marca diferencias sustanciales respecto al de sus compañeros. Mientras el equipo principal participa en una pretemporada de alto volumen que incluye trabajo por la mañana y concentración en turno vespertino con múltiples actividades coordinadas, Barinaga, Weigandt, Martegani y Janson llegan únicamente en horario matutino, completan su sesión de trabajo y regresan a sus domicilios. De este modo, quedan excluidos completamente del segundo turno, lo que genera una desconexión respecto a dinámicas grupales, trabajos específicos y la vida cotidiana del equipo que busca sintonía colectiva.
Esta estructura horaria diferenciada implica consecuencias prácticas inmediatas. Los futbolistas no participan en los espacios informales donde se construyen relaciones, donde circulan mensajes del cuerpo técnico, donde se tratan cuestiones de dinámica interna. No están presentes durante las sesiones vespertinas donde típicamente se trabajan aspectos tácticos más específicos o donde el entrenador profundiza en ajustes de equipos. Su experiencia cotidiana en el predio se reduce a entrenamientos técnicos-físicos sin el contexto de pertenencia al proyecto. Esto genera un aislamiento no declarado pero evidente en la estructura misma de la organización.
Particularmente relevante resulta la invisibilidad digital que rodea a estos cuatro profesionales. El club, a través de sus plataformas de comunicación, documenta regularmente las actividades del plantel mediante videos, fotografías y contenido multimedia. Sin embargo, cuando se publican registros de trabajos grupales o sesiones de pretemporada, estos futbolistas no aparecen. La institución ha optado por no incluirlos en ningún material de difusión, reforzando así su estatus de no-pertenencia incluso en el plano simbólico y comunicacional. Esto amplifica el efecto de marginalización: no solo entrenan en horarios diferentes, sino que además son sistemáticamente ausentes de cualquier representación visual de la institución.
Antecedentes: otros casos de desvinculación acelerada
El panorama actual de estos cuatro jugadores adquiere mayor claridad cuando se lo contrasta con otros movimientos recientes dentro del plantel. Días atrás, un futbolista experimentado efectuó la rescisión de su contrato y se despidió de sus compañeros precisamente en el momento en que se iniciaba la pretemporada. Posteriormente, otro atleta de trayectoria consolidada también llegó a un acuerdo de desvinculación rápida, sin que mediara indemnización a pesar de su expreso deseo de continuar y de su intención de trabajar en su recuperación dentro de la institución. Ambos casos se alineaban con la intención manifestada por el cuerpo técnico desde el comienzo: no estaban en los planes, y se buscó facilitar su salida mediante negociaciones directas.
Lo que distingue a Barinaga, Weigandt, Martegani y Janson es que hasta el momento no han alcanzado acuerdos de rescisión similares. Permanecen, entonces, en una especie de limbo contractual donde técnicamente siguen siendo futbolistas de la institución pero donde no existe claridad sobre su futuro ni sobre el tiempo que permanecerán en esta situación de indefinición. El club no los empuja explícitamente hacia la salida mediante negociaciones activas, pero tampoco los integra plenamente al proyecto. Esta ambigüedad genera una tensión permanente: ¿cuánto tiempo pueden mantenerse en esta condición? ¿Cuál es el horizonte temporal esperado para una resolución? ¿Qué ocurre si ninguna de las partes termina iniciando negociaciones formales?
Implicancias y perspectivas abiertas
La persistencia de esta situación intermedia plantea interrogantes sobre cómo los clubes de fútbol argentinos gestionan conflictos entre decisiones técnicas y realidades contractuales. Cuando un entrenador comunica que ciertos jugadores no están en sus planes pero estos permanecen en el club sin una ruta clara hacia la desvinculación, se generan espacios de ambigüedad que pueden prolongarse indefinidamente. Algunos analistas de estructuras deportivas sugieren que estas dinámicas reflejan dificultades en los procesos de negociación o limitaciones económicas que impiden ofrecer indemnizaciones. Otros argumentan que constituyen mecanismos de presión implícita para motivar a los jugadores a buscar salidas por cuenta propia. Desde perspectivas diferentes, se reconoce que estas prácticas impactan en el bienestar de los profesionales involucrados, en la cohesión grupal y en la claridad organizacional que requieren las instituciones deportivas modernas.



