El fútbol argentino llegó al partido entre Defensa y Justicia y Boca con una mochila cargada de controversia. Los dos compromisos previos del Xeneize en el Torneo Apertura habían dejado un tendal de quejas: primero ante Independiente, con un penal que el árbitro Andrés Merlos no había visto pero terminó cobrando a instancias del VAR, y luego ante River, donde un empujón sobre Lucas Martínez Quarta dividió aguas entre quienes pedían penal y quienes lo descartaban. En ese clima enrarecido, el juez designado para el duelo en Varela, Andrés Gariano, tenía todo para que cada decisión fuera diseccionada en tiempo real. Y sin embargo, salió airoso.
El gol anulado: el VAR no perdonó el hombro adelantado
La primera acción determinante llegó con el marcador en cero para ambos lados. Agustín Hausch ejecutó un centro preciso desde la derecha y Juan Gutiérrez se impuso en el salto ante Marco Pellegrino para conectar un cabezazo que fue directo al fondo de la red. El festejo del Halcón duró apenas segundos. El asistente Savorani no había levantado el banderín, pero el VAR, monitoreado en esa jornada por Silvio Trucco, revisó la jugada y detectó una posición adelantada de Gutiérrez. La imagen que se difundió a los 14 minutos mostraba apenas un hombro por delante de la última línea defensiva xeneize, un offside milimétrico que el ojo humano difícilmente hubiera captado en tiempo real. El gol fue correctamente anulado.
Este tipo de decisiones, que antes generaban eternas discusiones sin resolución, hoy quedan saldadas por la tecnología aunque no sin cierto debate estético sobre qué tan ventajosa es una posición de un centímetro. Más allá de esa discusión filosófica del fútbol moderno, la aplicación del reglamento fue impecable: si hay ventaja corporal, hay offside. Gariano y Trucco aplicaron la norma sin margen para la interpretación.
El penal que no fue y la expulsión de Soso
La segunda jugada candente llegó cuando el reloj marcaba los 38 minutos y Boca ya ganaba 1 a 0. Ayrton Portillo, mediocampista del Halcón, encaró en dirección al área visitante y, ante la marca de Malcom Braida, terminó en el suelo. El reclamo fue inmediato. Sin embargo, el análisis detenido de la jugada mostró que Braida, si bien intentó un par de roces o manotazos de tanteo mientras perseguía a su rival, no concretó una falta clara. Más aún: no quedó del todo definido si el contacto, en caso de haber existido, se produjo dentro o fuera del área, y si Portillo cayó por el impacto o simplemente se dejó llevar por el impulso de la carrera. Gariano no cobró nada. El VAR no intervino. La decisión fue correcta.
Lo que sí generó consecuencias fue la reacción del banco visitante. El técnico de Defensa, Mariano Soso, protestó con vehemencia y el árbitro no tuvo otra alternativa que mostrarle la tarjeta roja. Un detalle que no es menor: esta fue la tercera expulsión de Soso en sus últimos seis partidos en los que estuvo presente en el banco de suplentes, ya que en otras dos fechas debió cumplir suspensión precisamente por sanciones anteriores. Un registro que habla de una relación complicada entre el entrenador del Halcón y los jueces, o quizás de un estilo de conducción que suele cruzar los límites tolerados por los árbitros.
Trucco llamó al VAR por el 4-0 y Gariano ratificó el gol
El capítulo más sorprendente de la noche llegó sobre el cierre del partido, cuando Merentiel convirtió el 4 a 0 para Boca. En la acción previa al tanto, había habido una mínima fricción entre Belmonte y Banega en la mitad de la cancha, a unos 50 metros del arco. El roce fue tan insignificante que ni el árbitro ni los asistentes lo consideraron una infracción. Pero lo llamativo fue que desde la cabina del VAR, el propio Silvio Trucco tomó la iniciativa de llamar a Gariano para que revisara la jugada en el monitor de campo, alegando un posible "error claro y manifiesto" del juez principal.
La decisión de Trucco de intervenir en una jugada tan alejada del arco y con una fricción tan leve generó cierta perplejidad. El protocolo del VAR establece que la revisión debe limitarse a situaciones donde el error sea evidente e indiscutible, no a contactos mínimos en zonas que ni siquiera están relacionadas directamente con la generación del gol de manera determinante. Sin embargo, Gariano cumplió con su parte: fue al monitor, revisó las imágenes y ratificó su criterio original. El gol fue válido. Cuatro a cero.
El contexto que pesaba sobre el Xeneize y sus árbitros
Para entender la dimensión del partido en Varela, es necesario repasar lo que había pasado en las dos jornadas anteriores con Boca como protagonista. Ante Independiente, el árbitro Merlos no había visto una supuesta infracción de Sebastián Valdez sobre Alan Velasco dentro del área, pero el VAR, con Lucas Novelli en cabina, lo llamó a revisar y terminó cobrando el penal. Las imágenes mostraban un contacto de una sutileza extrema, y la decisión fue resistida por los jugadores del Rojo. Luego, en el superclásico ante River, el árbitro Darío Herrera y el VAR Héctor Paletta coincidieron en no cobrar una infracción de Lautaro Blanco sobre Martínez Quarta, argumentando que el empujón no había sido suficiente para desequilibrar al defensor. River reclamó con fuerza.
Ese historial reciente transformó el partido ante Defensa en algo más que un simple duelo del Apertura. Cada silbato de Gariano fue evaluado con una lupa especial. Y el árbitro respondió con solidez. Las dos decisiones centrales de la noche, la anulación del gol del Halcón por offside y la no sanción del supuesto penal a Portillo, fueron correctas. Además, tuvo el temple de revisar el monitor en la acción del 4-0 y mantener su posición. En Varela, el ojo del Halcón no encontró fisuras en el trabajo del juez. A veces, la mejor actuación arbitral es la que no deja huella y simplemente deja que el fútbol hable.

