El técnico de San Lorenzo enfrenta su segundo examen oficial al mando del conjunto azulgrana en apenas diez días, y esta vez los términos del desafío no resultan menos complicados que aquella eliminación por penales ante Riestra. Lo que caracteriza a este arranque de campeonato no es solamente la adversidad de jugar de visitante en un escenario históricamente hostil, sino la debilidad estructural del plantel que deberá presentar en la cancha. Sin incorporaciones que hayan llegado a buen puerto y con dos bajas sensibles en su estructura táctica, el equipo llega al debut en el Torneo Clausura en una posición de vulnerabilidad que trasciende lo meramente circunstancial. La situación apunta hacia un replanteamiento más profundo de lo que representa este semestre para la institución de Boedo.
Las ausencias que pesan más que cualquier rival
Cuando Néstor Gorosito asumió hace apenas una semana y media, heredó un cuadro que ya había sufrido transformaciones durante el torneo anterior. Pero la realidad del recambio obligatorio es aún más severa de lo que parecía en principio. Jhohan Romaña y Lautaro Montenegro, dos defensores que formaban parte del núcleo duro del semestre pasado, no estarán disponibles para esta nueva etapa. En el caso de Montenegro, la situación reviste particular dramatismo: el jugador cerró la campaña anterior como indiscutible en su posición, pero la firma de un precontrato con un club de los Emiratos Árabes Unidos lo apartó del proyecto. Su contrato con San Lorenzo vence a fin de año, lo que explica la decisión institucional de no invertir más en su continuidad. Su ausencia en defensa deja un vacío que no es únicamente de carácter técnico.
Romaña, por su parte, abandona el plantel en un contexto diferente pero igualmente determinante. Ambas bajas confluyen en un mismo punto: San Lorenzo comienza este capítulo con menos recursos defensivos de los que utilizó hace apenas seis meses. En una estructura táctica donde la solidez en la línea de fondo resulta fundamental, perder dos piezas de esa envergadura sin contar con sustitutos probados genera interrogantes genuinos sobre la capacidad competitiva del equipo en el corto plazo.
Las compras que no llegaron a tiempo
Si las salidas debilitaron el equipo, la falta de refuerzos lo deja prácticamente desarmado. Juan Pablo Álvarez era la única incorporación que el cuerpo técnico había logrado concretar hasta el momento, un extremo procedente de Banfield que ya había tenido vínculos previos con el entrenador durante su experiencia en Colón. Sin embargo, una problemática administrativa se interpone entre el futbolista y su debut. La institución permanece inhibida en el sistema de la FIFA para inscribir nuevos jugadores, a pesar de que sus dirigentes aseguran haber saldado todas las deudas. Dos de cinco obligaciones históricas aún figuran pendientes en los registros del organismo internacional, lo que ha generado un efecto paralizante sobre cualquier posibilidad de incorporaciones.
El proceso de normalización requiere tiempo, y Gorosito no cuenta con ese lujo. Mientras la burocracia internacional se despliega, el equipo debe presentarse en el campo con lo que tiene disponible. Álvarez trabajó durante la semana como parte del once titular en los entrenamientos, pero su habilitación formal lleva un retraso que lo deja fuera de esta primera presentación oficial. La combinación de salidas no reemplazadas e incorporaciones paralizadas administrativamente configura un escenario de precariedad poco usual para los inicios de un torneo en una institución del calibre de San Lorenzo.
Las apuestas riesgosas de Gorosito
Frente a este cuadro de limitaciones, el entrenador optó por decisiones que resultan cuando menos osadas. Gonzalo Alassia, volante de 22 años que llegó a la institución a principios de 2024 procedente de Atlético Rafaela, ocupará una posición de responsabilidad en el mediocampo. Su trayectoria en el plantel principal ha sido marginal hasta ahora, prefiriendo el club mantenerlo en la categoría de reservas, donde acumula 35 encuentros, seis goles y seis asistencias. El dato revela a un futbolista con experiencia en partidos, pero su primer partido en Primera División llega en un contexto que dista de ser favorable. Debuting ante una institución como Lanús, en condición de visitante, representa una prueba extremadamente demandante.
En la línea defensiva, la creatividad de Gorosito alcanza niveles aún más significativos. Franco Lorenzón será el marcador central titular, un jugador que regresó recientemente de Morón con escaso protagonismo en el plantel y que también integraba la lista de futbolistas marginados antes de ser reincorporado a los entrenamientos. Su compañero será Ángel Córdoba, quien habrá de mantener su posición de costumbre. Paralelamente, Ezequiel Herrera jugará en la posición de lateral derecho, mientras que Nicolás Tripichio, capitán del equipo, será desplazado hacia el mediocampo. Esta reorganización táctica evidencia no solo la falta de alternativas, sino también la confianza del técnico en la versatilidad de sus jugadores. La única noticia positiva proviene del regreso de Manuel Insaurralde, quien superó una lesión muscular y volverá a la alineación.
La fortaleza adversaria en cifras y leyenda
Si los problemas internos resultan significativos, el contexto del partido amplifica las dificultades. Lanús, en su estadio conocido como La Fortaleza, representa históricamente un escollo particularmente complicado para San Lorenzo. Los números son contundentes: de 68 encuentros disputados en ese escenario, los azulgranas apenas ganaron 19, mientras que en 17 ocasiones consiguieron igualar y en los restantes 32 se llevaron la derrota. El registro refleja una ventaja significativa del equipo local que trasciende la condición de jugar con público propio. Durante décadas, ese estadio ha funcionado como un lugar donde San Lorenzo experimenta dificultades recurrentes, algo que forma parte de la cultura futbolística del club.
Lanús, por su lado, cuenta con un plantel consolidado que ya dispone de rodaje en torneos domésticos y una estructura táctica más definida. Para un equipo visitante desarmado, sin refuerzos y con varios debutantes en posiciones sensibles, el desafío se magnifica considerablemente. Gorosito deberá aplicar toda su experiencia en la conducción de equipos bajo presión para obtener un resultado que le permita al proyecto continuar con viabilidad hacia adelante.
Las implicancias de un resultado adverso
Lo que suceda este sábado a las 21:30 en La Fortaleza adquiere relevancia que supera el resultado puntual. Una derrota en estas circunstancias no sería únicamente un descalabro deportivo, sino una confirmación de que las limitaciones estructurales del equipo son más profundas que lo esperado al inicio de la gestión. Por el contrario, un resultado positivo frente a la adversidad podría redimensionar las perspectivas sobre la capacidad competitiva del grupo, más allá de los déficits de plantilla. La incapacidad de incorporar futbolistas debido a cuestiones administrativas internacionales plantea también interrogantes sobre los tiempos de resolución de conflictos burocráticos que limitan la capacidad de acción de las instituciones argentinas en el plano internacional. El desempeño de Alassia y Lorenzón en sus debuts podría determinar no solo el resultado inmediato, sino la viabilidad de continuar apostando por este tipo de soluciones improvisadas en los encuentros venideros. Las próximas semanas revelarán si esta metodología de ajustes constantes representa una fortaleza táctica o simplemente un parche provisorio que tarde o temprano exigirá cambios estructurales más profundos.



