La institución de Avellaneda atraviesa un momento de turbulencia que va más allá de lo meramente deportivo. En apenas una semana, el club perdió tres jugadores que formaban parte de la estructura del equipo, generando un efecto dominó que obliga a la dirigencia y al cuerpo técnico a repensar la estrategia para las jornadas próximas. Las ausencias de Gabriel Ávalos, Kevin Lomónaco y Maximiliano Gutiérrez representan no solo bajas en el rendimiento colectivo, sino también un interrogante sobre la capacidad del club para retener su talento en un contexto de competencia internacional cada vez más agresiva.

Lo que complica aún más el escenario es la incertidumbre administrativa que rodea la conducción técnica del equipo. Jadson Viera, quien asumió la responsabilidad de dirigir al Rojo, se encuentra en una posición incómoda: hasta el jueves pasado no contaba con habilitación oficial para ejercer sus funciones debido a que la institución aún no había cerrado formalmente el ciclo de su predecesor, Gustavo Quinteros. Esta superposición de cambios —simultáneamente en el plantel y en la estructura de mando— crea un panorama de cierta desorganización que podría incidir directamente en el desempeño dentro de los terrenos de juego.

Las urgencias del mercado de pases

La salida de Lomónaco hacia el Elche de España dejó un vacío que necesita ser ocupado con celeridad. Frente a este boquete, el club cuenta con alternativas de diverso nivel: Juan Manuel Fedorco y Franco Calderón —quien llega fresco desde Universidad de Chile— compiten por la titularidad en esa posición. La incorporación de Calderón representa una apuesta por un perfil con experiencia en competiciones de nivel latinoamericano, aunque su integración al esquema táctico aún requiere tiempo y ajustes. Fedorco, por su parte, es una carta más conocida en la institución, lo que podría facilitar una transición más rápida, aunque sin las garantías que ofrece un futbolista con rodaje reciente en Europa.

En el mediocentro, las necesidades también son apremiantes. El rendimiento desigual del conjunto en los últimos encuentros —especialmente la humillante derrota de 0-3 contra Gimnasia de Mendoza— reveló desajustes en la contención. Por esta razón, Mateo Pérez Curci retornaría a la alineación titular para formar dupla con Iván Marcone, buscando mayor estabilidad defensiva. Pero la competencia por los lugares también involucra a Lautaro Millán, Matías Abaldo y Luciano Cabral, jugadores que pugnan por consolidarse en una posición donde la versatilidad y la capacidad de lectura de juego resultan cruciales para el funcionamiento general del equipo.

Ajustes en ataque y defensiva: un puzle difícil de armar

En las bandas, Santiago Montiel y Matías Palais mantendrían sus lugares como puntas de lanza ofensivas, mientras que en el ataque central se produce un cambio significativo. Felipe Tempone, el joven extremo que viene siendo probado como delantero de área, volvería a ocupar ese rol dejando en el banquillo a Ezequiel Ávila. Esta decisión responde a una búsqueda de mayor dinamismo y movilidad en zona de definición, característicos de un futbolista más joven que puede presionar mejor al rival desde arriba. Sin embargo, no representa una solución definitiva, sino más bien un experimento táctico en tiempos de urgencia.

La línea defensiva también presenta sus propias complicaciones. Leonardo Godoy, cuya actuación fue severamente cuestionada en el partido anterior, continuaría como lateral derecho más por necesidad que por convicción, dado que Santiago Arias, el colombiano que aparecería como alternativa, aún se recupera de una lesión muscular en el sóleo. Esta situación ilustra una realidad incómoda: con el plantel reducido y los lesionados sin fecha cierta de regreso, el técnico debe conformarse con lo disponible, independientemente de si se trata de la opción ideal o no.

El esquema que probablemente alineará Viera para el desafío del domingo contra Central Córdoba de Santiago del Estero reflejaría esta lógica de adaptación forzada: Rodrigo Rey en el arco; una defensa compuesta por Godoy, Fedorco o Calderón, Juan Arrayago y Facundo Zabala; un mediocampo que buscaría equilibrio con Pérez Curci e Iván Marcone acompañados por uno de los mediapuntas disponibles; y un ataque donde Montiel, Tempone y Palais serían los encargados de generar ocasiones. Cada línea representa un compromiso, una apuesta calculada pero nunca una certeza absoluta de rendimiento.

La visita a Córdoba no es un partido cualquiera en el calendario: se trata de una oportunidad para detener la sangría de resultados negativos y comenzar a construir confianza después de la goleada sufrida frente a Gimnasia. Sin embargo, el contexto de incertidumbre institucional, las múltiples ausencias, las lesiones sin resolución y la necesidad de integración rápida de jugadores nuevos conforman un escenario complejo donde las expectativas deben ser moduladas. La capacidad de adaptación y la mentalidad resiliente del equipo serán testigos del proceso que atraviesa la institución: si logra salir adelante de esta crisis con relativa solidez, habrá demostrado fortaleza; si los resultados se deterioran, el interrogante sobre la viabilidad del proyecto actual se profundizará, generando nuevas presiones sobre una dirigencia que ya enfrenta cuestionamientos por la salida de sus mejores activos.