El club de Boedo atraviesa una encrucijada financiera que ha llevado a su cúpula directiva a contemplar opciones que hace poco tiempo parecían impensadas. Desde la llegada de la nueva conducción hace algunas semanas, el diagnóstico económico ha permanecido en el centro del debate interno, revelando un panorama donde los compromisos asumidos superan ampliamente los ingresos disponibles. La magnitud del desequilibrio —cifrado en más de 67 millones de dólares en pasivos— ha transformado la búsqueda de soluciones en una tarea urgente que ocupa los pasillos de la institución azulgrana.

Cuando los nuevos dirigentes asumieron sus funciones, dedicaron esfuerzos significativos a difundir la realidad económica que enfrentaban. Un informe detallado presentado a mediados de junio funcionó como punto de partida para una serie de conversaciones internas sobre cuáles podrían ser las herramientas legales disponibles para intentar ordenar la estructura de pasivos. Entre las alternativas estudiadas figura con particular relevancia la convocatoria a concurso de acreedores, mecanismo que permitiría a la institución negociar con sus deudores bajo un marco legal específico. No todos en la dirigencia comparten la misma visión sobre esta estrategia: mientras algunos directivos ven en ella una vía indispensable para comenzar un proceso de saneamiento institucional, otros expresan preocupaciones sobre los riesgos que conlleva una decisión de este calibre.

Los números que definen la crisis

El panorama de acreedores del club traza un mapa complejo de compromisos adquiridos en diferentes contextos y momentos. En primer término aparece el ARCA, la agencia nacional responsable de la recaudación tributaria, que posiblemente ostente el rol de principal acreedor del club, tal como ocurre en numerosas instituciones del fútbol profesional argentino. Este organismo concentra deudas impositivas que se han acumulado durante varios períodos administrativos y representan una carga significativa en las arcas azulgranas.

Más allá de las obligaciones fiscales, la estructura de deuda del club incluye compromisos particulares que requieren atención específica. Destaca entre ellos el denominado fondo suizo, mecanismo financiero que ha generado reclamaciones por montos que superan los cuatro millones de dólares. Este reclamo constituye uno de los más relevantes en términos de cuantía individual. Simultáneamente, la compañía Pago Tic mantiene una relación operativa con la institución, funcionando como adelantadora de fondos que luego recupera mediante el cobro de cuotas sociales, generando un flujo financiero complejo que impacta en la disponibilidad de recursos mensuales.

El peso de los conflictos laborales y las deudas internas

Quizás donde mayor incertidumbre existe respecto a los montos finales es en la rama de los juicios con futbolistas que han representado al club en diferentes etapas. Los litigios sostenidos con profesionales como Franco Di Santo, Santiago Vergini y Nacho Piatti conforman un capítulo particularmente sensible de la deuda, en el cual las resoluciones judiciales aún no han sido definitivas en varios casos. El proceso de mediación más reciente respecto a algunos de estos litigios se encontraba programado para días posteriores a la elaboración del informe original, con la esperanza de que pudiera llegar a algún acuerdo que moderara la exposición financiera del club. La incertidumbre sobre los resultados de estos procesos legales añade complejidad al cuadro general de la situación económica.

Un componente que las autoridades actuales resaltan desde sus departamentos financieros refiere a los mutuos contraídos con ex directivos de la institución. Estos préstamos internos, probablemente realizados bajo administraciones anteriores con la intención de fortalecer la tesorería en momentos puntuales, ahora representan obligaciones que reclaman cumplimiento. La intersección entre acreedores externos e internos genera una trama donde los nombres más destacados son Marcelo Moretti, Néstor Navarro y Marcelo Tinelli, todos ellos ex miembros de la conducción azulgrana que ostentan posiciones como principales acreedores del club. Estos tres personajes podrían acumular entre 30 y 40 millones de dólares en reclamos, dependiendo de cómo se resuelvan los litigios pendientes, cantidad que aproximadamente representa la mitad del total del pasivo institucional.

El debate interno en los pasillos de San Lorenzo refleja posiciones encontradas respecto a los pasos a seguir. Existe un sector de la dirigencia que visualiza en el concurso de acreedores una herramienta potencialmente beneficiosa para reestructurar las obligaciones y permitir que el club continúe su actividad bajo nuevas condiciones pactadas. Simultáneamente, otros directivos cuestionan si es realmente necesario recurrir a un mecanismo de esta envergadura o si los riesgos institucionales que conllevaría superan los beneficios potenciales. En paralelo, ciertos analistas internos especulan sobre posibles vinculaciones entre la apertura a esta alternativa y acuerdos políticos o contactos con diferentes agrupaciones de socios que han propuesto históricamente la convocatoria a concurso como parte de sus plataformas de gestión. Tales observaciones son desmentidas desde los espacios que detentan la conducción actual.

La decisión que San Lorenzo eventualmente adopte respecto a convocar a concurso de acreedores o buscar alternativas de negociación directa con sus deudores tendrá implicancias que trascienden lo meramente administrativo. Un proceso concursal podría permitir al club restructurar sus pasivos y continuar operando bajo condiciones renegociadas, pero también implica exponer públicamente el detalle de las obligaciones, someterse a un proceso judicial prolongado y potencialmente enfrentar fricciones con grupos de acreedores. Por el contrario, mantener negociaciones bilaterales con deudores podría resultar más discreto pero quizás menos efectivo para resolver la magnitud de los problemas financieros. Distintos sectores del universo azulgrana —hinchas, socios, directivos, empleados— tendrán perspectivas disímiles sobre cuál de estas rutas resulta más conveniente para la institución, mientras que los números fríos de la contabilidad continuarán presionando por una resolución que permita al club funcionar con mayor estabilidad en los próximos períodos.