En el predio de Ezeiza reina una atmósfera de frustración contenida. Cada jornada de entrenamiento trae consigo la esperanza de que alguien regrese, pero la realidad sigue siendo implacable. Este jueves, cuando Franco Armani y Maximiliano Meza volvieron a trabajar con el grupo, las expectativas de Eduardo Coudet nuevamente se desmoronaron. Ninguno de los dos estará disponible para enfrentar a Aldosivi este sábado en el Monumental. Es otro fin de semana más en el que River deberá resolver su formación sin dos de sus nombres más significativos, relegados a la condición de espectadores en una batalla que debería disputarse sobre el césped.
El caso de Armani es particularmente delicado. El histórico portero, quien atesora 39 años de edad y una trayectoria que lo ha convertido en sinónimo de seguridad bajo los palos del club de Núñez, apenas pudo aparecer en los primeros 45 minutos del encuentro que River perdió frente a Vélez en el estadio de Linipers a comienzos de este 2026. El problema comenzó de manera brutal: un desgarro en el gemelo de su pierna derecha sufrido durante la pretemporada en San Martín de los Andes, nada menos que el 4 de enero, cuando Marcelo Gallardo llevaba al equipo a los trabajos previos. Pero los problemas no terminaron ahí. Como si fuera castigo del destino, posteriormente emergieron complicaciones secundarias: una inflamación en el tendón de Aquiles y luego una fibrosis en el sóleo de la misma extremidad que lo atormentó. La situación llegó a ser tan grave que debió someterse a un procedimiento experimental basado en células madre con la esperanza de que la medicina regenerativa lograra lo que el reposo tradicional no había conseguido.
Meza: Cinco meses de ausencia que pesan como una losa
La situación de Meza representa un drama diferente pero igualmente preocupante. El volante derecho de 33 años, quien lleva más de ciento cincuenta días sin disputar un partido oficial, está completando su proceso de recuperación con una dedicación admirable. Su última aparición en una cancha de juego ocurrió el 9 de noviembre de 2025, precisamente en el mítico clásico contra Boca en la Bombonera. Ese día, en lugar de disfrutar de la gloria de un superclásico, sufrió la avulsión del tendón rotuliano en su rodilla izquierda, una lesión que lo obligó a pasar nuevamente por el quirófano. La crueldad de su historia es que ya había experimentado una cirugía similar tras el Mundial de Clubes, cuando una tendinopatía rotuliana en su rodilla derecha lo sometió a un procedimiento similar. El cuerpo de Meza parece empecinado en sabotearlo.
A pesar de que en estos últimos días Meza ha estado sumando minutos en trabajos con contenido netamente futbolístico, intentando recuperar la cadencia y el ritmo que la inactividad prolongada le ha arrebatado, Coudet y su cuerpo de profesionales mantienen una postura conservadora. No hay apuros. Los entrenamientos muestran una evolución positiva en su condición cardiovascular y en la mecánica de juego, pero todos son conscientes de que el regreso de un futbolista después de más de cinco meses representa un riesgo que no se puede minimizar. La paciencia, en este caso, es no solo una virtud sino una necesidad médica.
Vera y Quinteros: La carrera contra el calendario en la Copa
Fausto Vera representa un grado menor de incertidumbre dentro del cuadro de enfermos riverpratenses. El experimentado ex integrante de instituciones como Argentinos, Corinthians y Mineiro logró lesionarse justo en el preludio del superclásico, cuando River se enfrentaba a Carabobo en la Copa Sudamericana. Su rodilla izquierda fue la víctima. Ahora, trabajando sin dolor aparente en los entrenamientos diferenciados, Vera es consciente de una realidad ineludible: aún le restan al menos quince días de labores de rehabilitación antes de poder estar en condiciones de retornar completamente. Ha comenzado a trabajar en el campo, pero sus movimientos están cuidadosamente restringidos, monitoreados cada segundo por el equipo médico.
Distinto es el panorama que enfrenta Juanfer Quinteros, la joya ofensiva del equipo con su dorsal número 10. El talentoso colombiano también quedó marcado por el encuentro ante Carabobo, aunque su lesión es menos severa en términos estructurales: un desgarro de primer grado en el recto anterior de su pierna izquierda. Sin embargo, la incertidumbre sobre su retorno es mayor porque los tiempos rondan plazos más extensos. Las proyecciones, en el mejor escenario posible, sugieren que Quinteros podría recibir el aval médico para reaparecer recién cuando River viaje a Brasil para enfrentar a Bragantino el próximo 30 de abril, en lo que será la tercera jornada del Grupo H de la misma Copa Sudamericana que ya le ha cobrado sus lesiones.
La enfermería de River se ha convertido en un lugar de peregrinación obligatoria para una institución que necesita desesperadamente que sus principales activos regresen a la cancha. Cada sesión de entrenamiento es una prueba más de paciencia, cada partido jugado sin ellos es una batalla librada en inferioridad de condiciones. Coudet tendrá que seguir buscando soluciones creativas, reorganizando un equipo que será nuevamente tocado por la mala suerte de las lesiones. En el fútbol profesional, la enfermería es el enemigo más silencioso y, en estos momentos, River sabe exactamente cuán duros pueden ser sus golpes.

