La historia del deporte profesional está plagada de decisiones cuestionables, pero pocas generan tanto debate retrospectivo como las que ocurrieron durante el draft de la NBA en 2009. Ese año, equipos establecidos y con recursos millonarios tomaron decisiones que años después parecerían incomprensibles a la luz de lo que realmente sucedió en las canchas. Lo que pasó no fue simplemente un error de evaluación: fue una transformación silenciosa del baloncesto mismo, impulsada por un jugador que nadie quería lo suficiente como para seleccionar temprano.
El escenario es casi cómico en retrospectiva. Stephen Curry, hijo del ex basquetbolista de la NBA Dell Curry, creció rodeado de programas de basketball de élite, familiarizado con el deporte desde su infancia. Sin embargo, cuando llegó el momento de ser seleccionado entre los mejores prospectos del país, los equipos lo pasaron por alto sistemáticamente. Incluso el equipo de Minnesota, que tenía la oportunidad de capturarlo, optó por seleccionar no a uno sino a dos point guards antes que él: Ricky Rubio. Otros equipos también contribuyeron a esta negligencia colectiva. La pregunta que surge es inevitable: ¿cómo fue posible que un jugador que cambiaría fundamentalmente la forma en que se juega el baloncesto profesional fuera tratado como una opción secundaria?
El rechazo sistemático y sus consecuencias
La trayectoria de Curry una vez que finalmente fue seleccionado como la tercera opción general por Golden State Seeds resolvió cualquier duda sobre la competencia de los directores deportivos de la liga. Su carrera no fue simplemente exitosa; fue transformadora. Con un promedio de 24.8 puntos por partido, 6.3 asistencias y un porcentaje de tiros de tres puntos del 42.2%, Curry ganó cuatro campeonatos y dos premios de MVP, todo mientras legitimaba el lanzamiento de tres puntos como arma ofensiva central en lugar de táctico marginal. Antes de su llegada a la élite competitiva, los equipos consideraban un volumen masivo de triples como una rareza estadística. Curry convirtió esa rareza en la norma.
La ironía más profunda es que Rubio, quien fue seleccionado sobre Curry, tuvo una carrera completamente respetable pero infinitamente menos impactante. El base español promedió 10.8 puntos y 7.4 asistencias en su carrera de NBA, cifras sólidas para un base secundario pero que palidecen cuando se comparan con lo que Curry lograría. Rubio fue una sensación en YouTube antes de llegar a la NBA, generando expectativa con videos de pases acrobáticos y control de balón mágico que sugerían un futuro lleno de posibilidades. La realidad de su desempeño profesional, aunque consistente, nunca alcanzó las alturas que su hype collegiate sugería.
Las decisiones acertadas que no fueron tantas
Curiosamente, no todos los equipos cometieron errores monumentales ese año. Oklahoma City Thunder seleccionó a James Harden, quien se convirtió en el único jugador del primer puesto que podría competir legitimamente con Curry en términos de impacto histórico. Harden promedió 24.0 puntos, 7.3 asistencias y 5.6 rebotes en su carrera, con un porcentaje de tiros de tres del 36.4%, números que lo posicionan entre los grandes ofensivos de su generación. Sin embargo, incluso aquí existe una mancha: Thunder lo tradiría posteriormente en lugar de ofrecerle una extensión de contrato, permitiendo que Harden alcanzara su máximo potencial con Houston Rockets, donde ganó un MVP.
Más allá de estos titanes, la clase de 2009 contenía un tesoro de talentos que fueron sistemáticamente subestimados. DeMar DeRozan, quien cayó hasta la novena selección general a pesar de ser un All-American en secundaria, se convertiría en uno de los mejores jugadores en la historia de los Toronto Raptors. Con 21.1 puntos por partido y un impresionante 47.1% de eficacia en tiros de cancha, DeRozan demostró que las estadísticas de un año de universidad no siempre revelan el verdadero potencial de un atleta. Su especialidad en la zona media, una habilidad que parecía anacrónica en la era moderna del baloncesto, resultó ser increíblemente valiosa durante años.
Blake Griffin, seleccionado tercero, perdió toda su temporada de novato por una lesión de rodilla, un presagio de lo que sería una carrera truncada por problemas físicos. Aunque Griffin mostró flashes de grandeza con 19.0 puntos, 8.0 rebotes y 4.0 asistencias en promedio, su incapacidad para mantener la durabilidad limitó su legado. Era más que un atleta espectacular que se colgaba del aro; poseía herramientas ofensivas sofisticadas, incluyendo capacidad para anotar dentro de la zona pintada y en el rango medio, habilidades que lo diferenciaban de otros anotadores poder.
Los sorpresivos y los olvidados
Algunos de los mejores valores en este draft provinieron de lugares completamente inesperados. Jrue Holiday, quien cayó fuera de la lotería, se convertiría en un guardia defensivo élite con 15.9 puntos, 4.2 rebotes y 6.2 asistencias por juego, ganando un campeonato en el camino. Holiday ejemplifica cómo la defensa de nivel profesional a menudo es subestimada durante el proceso de evaluación pre-draft. Su capacidad para defender múltiples posiciones, unida a una ofensiva consistente, lo convirtió en el tipo de jugador que los equipos buscan pero que a menudo no pueden permitirse.
La historia de Danny Green es particularmente notable, ya que fue seleccionado en la segunda ronda a pesar de ser parte de un equipo ganador de campeonato en North Carolina. Green fue un componente crucial en el equipo campeón de 2009 de los Tar Heels, pero sus números universitarios de 8.7 puntos por partido y 3.4 rebotes no impresionaron suficientemente a los equipos de la NBA. Una vez que Green llegó a la liga profesional, su capacidad para tirar desde tres puntos y su dedicación defensiva resultaron ser exactamente lo que los contendientes necesitaban. Terminó su carrera con un 40.0% de precisión en triples, convirtiéndose en un pilar defensivo en equipos ganadores de campeonatos.
La familia de North Carolina en este draft fue especialmente fructífera. Además de Green y DeRozan, Ty Lawson, compañero de equipo de Green en aquel campeonato nacional, llegó a la NBA con un pedigrí de elite. Lawson promediaba 12.7 puntos y 6.0 asistencias en su carrera profesional, con 46.0% en tiros de cancha y 35.9% en triples. Su velocidad y capacidad ofensiva lo convirtieron en un point guard dinámico durante su pico, aunque su carrera se desvaneció más rápido de lo esperado. Curiosamente, el mejor jugador de aquel equipo campeón de 2009, Tyler Hansbrough, ni siquiera logró entrar en el primer puesto de un redraft actualizado, un testimonio de cuán impredecible puede ser la transición del baloncesto universitario al profesional.
Los no reclutados que conquistaron la NBA
Algunos de los mayores éxitos de este draft vinieron de lugares completamente inesperados: el mercado de agentes libres sin contrato. Wesley Matthews nunca fue seleccionado en el draft, pero se convirtió en uno de los jugadores sin contrato mejor pagados de la historia de la NBA. Matthews desarrolló una carrera sostenida como un defensor versátil con capacidad de tirar desde afuera, promediando 11.4 puntos con un 37.5% de precisión en triples. Su trayectoria demuestra que el draft no es el único camino hacia la grandeza en la NBA.
Otros sin contrato previo que hallaron éxito incluyen a Garrett Temple, quien llegó a ganar más de $50 millones en la NBA a pesar de que ningún equipo lo seleccionara originalmente. Temple fue un jugador de rol competente, contribuyendo con su capacidad ofensiva desde la periferia y su defensa comprometida. Joe Ingles no encontró oportunidad en la NBA hasta los 27 años, pero una vez que lo hizo, se convirtió en un tirador de élite con excelente versatilidad defensiva, terminando su carrera con 44.8% en tiros de cancha y 40.9% en triples.
La historia de Patrick Beverley presenta un arco particularmente dramático. Seleccionado en la segunda ronda por Los Angeles Lakers, sus derechos fueron comercializados a Miami Heat, que lo cortó incluso antes de que comenzara la temporada 2009-10. Beverley pasó los siguientes tres años jugando profesionalmente en Europa antes de eventualmente aterrizar un rol en la NBA en 2012-13. Considerando cuánto Miami necesitaba un guard versátil con capacidad de defensa y tiros ajustados durante su era del Big 3, es difícil no reflexionar sobre cuál podría haber sido su aporte en aquellos equipos que ganaban campeonatos.
Las sorpresas internacionales y las trayectorias alternativas
Este draft también incluyó una notable cantidad de talento internacional, algunos de los cuales eligieron o se vieron obligados a continuar sus carreras fuera de la NBA. Sergio Llull nunca jugó en la NBA pero se convirtió en una figura integral de Real Madrid, ganando prácticamente todos los títulos disponibles en Europa. Como base mágico con capacidad para orquestar ofensivas complejas, Llull representa el tipo de jugador que podría haber prosperado en la NBA pero que encontró suficiente éxito y estabilidad en Europa como para nunca hacer la transición.
Milos Teodosic fue otro talento europeo cuyo tiempo en la NBA fue brevísimo, pero cuyas actuaciones en Europa generaron algunos de los espectáculos de pase más impresionantes jamás vistos fuera de la NBA. Con 8.0 puntos y 4.0 asistencias en su breve carrera profesional estadounidense, Teodosic probablemente carecía de la atletismo requerido para competir sostenidamente en la NBA, pero su visión ofensiva fue casi sin igual. Nando De Colo es otro ejemplo similar, quien se convirtió en una de las figuras más importantes del baloncesto europeo aunque nunca logró establecerse duradero en la NBA.
Reflexiones sobre lo que pudo haber sido
Mirando retrospectivamente el draft de 2009 y cómo se vería si se redactara hoy, emergen varios temas claros. Primero, los equipos constantemente subestiman la capacidad de ciertos jugadores para traducir habilidades universitarias o características físicas en impacto profesional. Segundo, existe un sesgo notable hacia el pedigrí y las estadísticas volumétricas, que a menudo oculta la verdadera utilidad de un jugador en el contexto de un equipo profesional. Tercero, los factores intangibles como la durabilidad, la mentalidad competitiva y la capacidad de adaptación frecuentemente son difíciles de evaluar antes de que un jugador compita realmente en la NBA. Los caminos divergentes de estos jugadores desde 2009 hasta hoy revelaron que el talento bruto es solo una parte de la ecuación. La capacidad de un atleta para mantenerse saludable, mejorar en aspectos específicos de su juego, y encontrar un rol donde sus fortalezas puedan ser maximizadas mientras sus debilidades son minimizadas resultó ser crucial para el éxito sostenido en la NBA.



