La lógica del fútbol moderno suele ser implacable: quien no juega, desaparece del radar. Sin embargo, Racing acaba de escribir una excepción a esa regla, forzada por una situación que ningún técnico desea enfrentar. Nazareno Colombo regresa a la convocatoria después de seis encuentros consecutivos en los que no pisó ni el banco de suplentes, un castigo deportivo que parecía definitivo pero que la realidad lesiva del equipo terminó revirtiendo. Lo que sucedió en el fondo de la Academia no fue simplemente un cambio de criterio arbitrario, sino la convergencia de una crisis física que obligó a Juan Pablo Vojvoda a replantear sus convicciones tácticas y, en el proceso, a darle una segunda oportunidad a un jugador que había caído en desgracia.
Las cifras dicen bastante sobre el drama defensivo que enfrenta la Academia. Tres bajas simultáneas en la línea de contención generaron un escenario de emergencia que no deja margen para purismo ni para mantener distancias disciplinarias. Matías Pérez quedó fuera por un esguince en el tobillo derecho, mientras que Juan Barinaga y Ezequiel Cannavo sufrieron lesiones musculares que los inhabilitan de forma inmediata: un desgarro en el recto anterior para el primero y una fatiga en el aductor para el segundo. La combinación resulta casi absurda desde la perspectiva de la planificación: con un lateral derecho natural lesionado y sin alternativas de relevo disponibles en el banco, Vojvoda se encontró en la incómoda posición de tener que recurrir a soluciones improvisadas o, directamente, a rescatar jugadores del ostracismo.
El dilema táctico que impone la realidad física
La decisión tomada por el entrenador ruso refleja cómo las lesiones pueden transformar la estrategia de un equipo de la noche a la mañana. Por primera vez desde su llegada a Racing, Vojvoda será forzado a utilizar un sistema de tres defensores complementado con cinco en el mediocampo, un esquema que requiere de reajustes tanto en la mentalidad como en la ejecución táctica. La entrada del juvenil Mateo Martínez como stopper por la banda derecha marca un punto de inflexión: no se trata únicamente de resolver la ausencia de personal, sino de rediseñar cómo el equipo ocupará el campo. Matías Zaracho, quien normalmente actúa en otras funciones, deberá asumir el rol de carrilero por la derecha, un desplazamiento que implica adaptación tanto para él como para el resto del sistema.
Colombo, en este contexto, representa algo más que un simple nombre en la lista de convocados. A los 27 años, el zaguero de 1,88 metros no había jugado desde el 9 de agosto, cuando entró en el segundo tiempo contra Argentinos Juniors para cubrir la lesión de Marco Di Cesare. Cinco meses de silencio competitivo es una eternidad en el fútbol profesional, un período en el cual su cotización desciende, los rumores sobre su futuro se multiplican y los hinchas lo olvidan o, peor aún, lo recuerdan con desaprobación. Durante el mercado de pases reciente, el jugador estuvo cerca de abandonar Avellaneda: Talleres y Unión le ofrecieron oportunidades, al igual que el Necaxa mexicano, pero ninguna de esas opciones cristalizó en una transferencia concreta. Lo que podría haber sido una salida catártica terminó siendo un limbo prolongado.
La rutina de entrenamiento como salvavidas profesional
Hay un detalle que no debe pasarse por alto en esta historia: Colombo nunca dejó de entrenar con el plantel principal a pesar de su exclusión de las convocatorias. En un mundo donde muchos jugadores marginados optan por entrenamientos separados o, directamente, por buscar salida del club, la actitud del defensor fue diferente. Esa constancia en el trabajo diario, lejos de los reflectores pero bajo vigilancia de sus pares y del cuerpo técnico, fue lo que lo mantuvo en un nivel físico aceptable cuando la necesidad lo reclamó. No es casualidad que Vojvoda haya decidido llamarlo precisamente cuando la crisis defensiva llegó a su punto máximo: el entrenador conocía que, pese a sus limitaciones recientes, Colombo tenía la base de acondicionamiento necesaria para enfrentar una convocatoria de emergencia.
El historial del futbolista es el de alguien que ha oscilado entre momentos de relevancia y períodos de cuestionamiento. Llegó a Racing en 2023, durante la gestión de Fernando Gago, procedente de Defensa y Justicia, club del que la Academia pagó tres millones de dólares para asegurar el cien por ciento de su ficha. El contrato que firmó se extiende hasta diciembre de 2027, lo que lo convierte en un activo que no puede simplemente descartarse sin consecuencias financieras y deportivas. Colombo fue parte del elenco que conquistó la Sudamericana 2024 y la Recopa 2025, logros que lo vinculan permanentemente con la historia reciente del club. Sin embargo, sus prestaciones en los últimos meses habían generado críticas y desaprobación entre los espectadores, algo que pesó en su caída en la consideración del técnico.
La vuelta de Colombo, entonces, no es simplemente un acto de redención o un gesto de magnanimidad del entrenador, sino una decisión pragmática nacida de la escasez. Vojvoda no cambió de opinión porque haya habido una epifanía respecto a las cualidades del defensor, sino porque la realidad lesiva del equipo lo obligó a revisar sus opciones disponibles y a constatar que, dentro de ese abanico limitado, Colombo era la opción menos mala. Es así como funciona el fútbol en sus momentos de crisis: la ideología cede ante la necesidad, y los jugadores que parecían terminados obtienen una ventana impredecible para demostrar que aún tienen algo que dar.
El panorama de lesiones que envuelve a toda la Academia
Más allá de Colombo, el panorama lesivo de Racing es complejo y merece análisis. Leandro Córdoba, una de las incorporaciones recientes del club, también permanece en proceso de recuperación después de una reagudización de un esguince de tobillo que arrastra desde su anterior club, Racing de Córdoba. El delantero había retornado a los entrenamientos con el grupo el miércoles, pero al día siguiente sufrió una nueva molestia que lo dejó fuera de consideración nuevamente. Vojvoda había planificado llevarlo al banco en el encuentro anterior contra Sarmiento, pero ese plan tampoco pudo ejecutarse. Estas sucesivas lesiones de diferentes futbolistas conforman un patrón que afecta la planificación táctica general del equipo y limita las opciones ofensivas y defensivas del técnico.
La formación que la Academia presentará incluye nombres tanto consolidados como jóvenes en su primera experiencia de relevancia. Facundo Cambeses tendrá el arco, con una línea que combinará a Marcos Rojo, Gonzalo Escudero y Mateo Martínez como defensores, mientras que Leonel Pérez, Matías Zaracho, Ulises Ortegoza, Gastón Lodico y Nacho Rodríguez conformarán el mediocampo. Arriba, Lautaro Díaz y Maravilla Martínez buscarán generar peligro ofensivo. Es un equipo que refleja las urgencias del momento: experiencia en algunos sectores, apuestas a jóvenes en otros, y la necesidad constante de reinventar soluciones ante la ausencia de piezas clave.
La reincorporación de Colombo abre múltiples interrogantes sobre el futuro inmediato de Racing. ¿Logrará el defensor aprovechar esta oportunidad para recuperar su lugar en la consideración del técnico, o se tratará de una intervención puntual que durará solo mientras persista la crisis de lesiones? ¿Conseguirá el equipo mantener su compacidad defensiva con un esquema de tres defensores, una formación que requiere ajustes y coordinación que no siempre se logran de un partido para otro? Por otro lado, está la cuestión de cómo Colombo vivirá personalmente esta reincorporación después de meses de marginación: si bien la oportunidad existe, también existe el peso de la falta de ritmo competitivo y la presión de no fallar en un contexto donde cada error se amplifica. Para Racing, el regreso del jugador representa tanto una solución táctica inmediata como un experimento que podría tener consecuencias duraderas en la estructura del equipo, dependiendo de los resultados que se obtengan y de la evolución del estado físico de los futbolistas actualmente lesionados.



