La competencia más exigente del planeta aceleró motores en tierras norteafricanas. Con 26 kilómetros de especial cronometrada más 50 de enlace hacia el campamento base en Marrakech, comenzó oficialmente la última batalla de la temporada mundial de rally-raid 2024. Lo que ocurrió en esa jornada inaugural no fue un simple trámite clasificatorio: fue el primer acto de un drama donde los favoritos tambalearon, los desconocidos brillaron, y el desierto marroquí volvió a cobrar su cuota de protagonismo en la definición de sueños deportivos. La prólogo, aunque no suma puntos para la clasificación general, estableció las bases psicológicas y mecánicas que dominarán el resto de la prueba.

En la rama de las dos ruedas, Tosha Schareina escribió el primer capítulo de su historia en este rally con tinta de fuego. El piloto no fue tímido: arrasó en los cronómetros con un margen de casi veinte segundos respecto a sus perseguidores. Detrás suyo, una batalla cerrada colocó a Ross Branch y Daniel Sanders empatados en segundo lugar, apenas a distancia de pelea. Sanders, en su debut con los colores de la marca austriaca KTM, demostró que no vino a hacer turismo por el Magreb. El cuarto escalón quedó en manos de Ricky Brabec, quien monitoreaba el ritmo desde una posición estratégica. La quinta posición correspondió a Pablo Quintanilla, mientras que Edgar Canet Ardevol se llevó la gloria en la categoría Rally2, sumando así una victoria española en el día. Este detalle no es menor: los españoles cosechaban triunfos desde temprano, algo que repetiría en la categoría mayor con la presencia de pilotos locales en las primeras filas.

La sorpresa del campeón reinante y el dominio ibérico

Luciano Benavides, quien llega a Marruecos como defensor del título mundial, pisó por primera vez su nuevo Dakar con KTM en competencia oficial. El resultado: séptima posición, compartiendo tiempo idéntico con Sebastian Buhler y Adrien van Beveren. No es un desastre, pero tampoco es el arranque de fuegos de artificio que algunos esperaban de quien dominó la temporada anterior. Más atrás, completando los diez primeros, aparecía Lorenzo Santolino, cerrando así un trío de pilotos nacionales en posiciones privilegiadas del primer día. La presencia española en la élite de la competencia de motos no era accidental: reflejaba el crecimiento de la estructura competitiva hispana en las categorías de rally-raid, un fenómeno que ha ganado tracción desde hace varios años en eventos de esta envergadura.

En los autos: Chicherit sorprende, Sainz aguanta, Al Attiyah falla

La categoría de cuatro ruedas presentó una trama diferente pero igualmente dramática. El debut de Dacia en el campeonato mundial generaba expectativa, especialmente porque Nasser Al Attiyah, piloto qatarí con un palmarés envidiable, llevaba el timón de esa aventura. Pero el desierto no entiende de favoritismo: Al Attiyah cruzó la meta con un tiempo que lo ubicaba fuera de los treinta primeros, a más de noventa segundos de distancia respecto al mejor registro de la jornada. Un baldazo de agua fría para las aspiraciones del equipo recién llegado al paddock.

Mientras tanto, Guerlain Chicherit ejecutaba una actuación que pocos vieron venir. El piloto francés se apoderaba de la victoria con un margen de apenas ocho segundos sobre su compañero Joao Ferreira, estableciendo un ritmo que los siguientes debían perseguir. Y acá viene lo curioso del día: Carlos Sainz, navegando en territorio conocido de la estructura de equipos estadounidenses, cerraba el podio provisional a diez segundos del liderato. Sainz demostraba equilibrio táctico en un día donde otros perdían la compostura. En la categoría Challenger, Mitch Guthrie Jr. ganaba la pulseada al terminar cuarto en la general y superar a Mathieu Serradori. Pero la noticia más luminosa llegaba desde la delegación española nuevamente: Cristina Gutiérrez trepaba al sexto lugar absoluto, mejorando los registros de navegantes de talla como Lucas Moraes y Martin Prokop, quienes se ubicaban noveno y décimo respectivamente dentro de la categoría Ultimate. Los puestos once y doce fueron para Eryk Goczal y Joao Dias, ambos muy cercanos al grupo de la punta.

El tropiezo que avisa lo que viene

Pero no todo fue festejos y actuaciones controladas. Sébastien Loeb, el legendario piloto francés, debutaba en esta competencia con su Sandrider cuando la realidad del desierto lo sorprendió de manera brutal. El accidente no fue menor: quedó atrapado en una zanja del terreno marroquí, con su vehículo dañado en el brazo derecho de la suspensión delantera. Aunque técnicamente la prólogo no suma puntos, el golpe psicológico y mecánico fue considerable. Loeb tendría que esperar al sorteo de salida de la tarde para conocer en qué posición comenzaría el verdadero combate del rally, y eso significaba partir desde atrás en una carrera donde cada kilómetro cuenta. El incidente recordaba a todos los competidores que el rally-raid no perdona distracciones, y que el desierto tiene una forma particular de humillar a quienes subestiman sus peligros.

Lo que viene ahora es la verdadera batalla. La primera especial del Rally de Marruecos trazará un bucle alrededor de Zagora con 317 kilómetros de tramo especial, más otros 158 de enlace hasta el vivac nocturno. Esos números no son decorativos: representan ocho horas mínimo de concentración absoluta, de navegación precisa, de máquina y piloto funcionando como un único organismo. Quienes no logren completar esa jornada verán cerradas sus posibilidades de luchar por la victoria final. Schareina llegaría con la moral en alto tras su dominio matutino, aunque el rally-raid ha enseñado repetidamente que el que lidera después de cien kilómetros puede estar fuera de competencia cien kilómetros después. Sainz tendría la oportunidad de consolidarse en el podio de coches, mientras que Chicherit debería defender su ventaja frente a pilotos experimentados. Al Attiyah enfrentaba la necesidad de una remontada que comenzaría desde una posición incómoda, y Loeb, con su suspensión reparada, tendría que calcular riesgos y beneficios en cada curva. El espectáculo apenas si había comenzado, y ya se vislumbraba que esta conclusión de temporada sería cosa de competencia pura, donde el margen entre el triunfo y el fracaso se mediría en décimas de segundo y en decisiones tomadas bajo el agotamiento extremo del desierto.

Los próximos días revelarán si los ganadores de la prólogo mantienen su senda o si el desierto marroquí, fiel a su naturaleza caprichosa, redistribuye las cartas entre los contendientes. La historia del rally-raid está llena de jornadas donde los favoritos resurgen tras abandonar posiciones de desventaja, y también de casos donde quienes dominan el comienzo ven diluirse sus opciones ante la suma de factores mecánicos, climáticos y simplemente la fatiga acumulada. Cada piloto que cruzó la meta el primer día sabe que la prólogo fue apenas un prólogo, y que lo verdaderamente importante ocurrirá cuando el termómetro suba, cuando el cansancio mental comience a afectar la precisión, y cuando el desierto marroquí muestre toda su capacidad para transformar expectativas en realidades inesperadas.