El desierto marroquí nuevamente fue testigo de definiciones mayúsculas en el mundo del rally-raid. Los 273 kilómetros del tramo clasificador final en el bucle de Mengoub no dejaron lugar a dudas: las coronas ya tenían dueño. La jornada matutina trajo consigo la resolución de una temporada ardua, donde los protagonistas debieron ajustar cada decisión táctica pensando en los kilómetros finales de esta particular contienda africana.
En la rama de las motocicletas, la acción estuvo de principio a fin marcada por el drama y las sorpresas. Tosha Schareina se impuso en la especial del día, aunque con un margen mínimo: apenas menos de sesenta segundos lo separaban de Lorenzo Santolino en un doblete que habría podido ser español de no mediar otra circunstancia. No obstante, la gloria momentánea en aquella etapa no alcanzaba para alterar lo que ya se veía como inevitable en la clasificación general. Daniel Sanders fue quien finalmente levantó los brazos como vencedor absoluto de la prueba, superando al piloto valenciano por más de once minutos en la tabla de posiciones. La escena se completaba con Luciano Benavides en el podio, quien en esta ocasión debía despedirse de su condición de monarca mundial tras reinar durante la campaña previa.
La dinastía británica toma el cetro en las dos ruedas
La sorpresa llegó con el anuncio de los campeones mundiales. Ross Branch, piloto británico, se convirtió en el nuevo soberano de la categoría de motos luego de superar en puntuación a Adrien van Beveren por una diferencia de doce unidades. El francés completó el cuadro de honor en cuarta posición dentro de la competencia marroquí, quedando ligeramente adelante de Bradley Cox, quien además de obtener el mejor desempeño entre los pilotos de la categoría Rally2, también se llevó el cetro en su división. La transición de poderes en las motos había sido consumada, y todo apuntaba a que las máquinas de gasolina ya tenían a sus nuevos protagonistas para lo que vendría.
Pero si bien el mundo de dos ruedas tuvo su merecido reconocimiento, la atención de buena parte de la comunidad motorsportiva se dirigió inexorablemente hacia los automóviles. Sin mayores complejidades ni suspensos de último minuto, Nasser Al Attiyah confirmó lo que parecía estar escrito en el destino: su tercer título mundial en la disciplina. El piloto qatarí, operando desde los controles de un Dacia de nueva generación, no solo se aseguró la corona sino que además finiquitó como ganador de la totalidad del rally marroquí. Una victoria de estas características resultaba ser el preámbulo perfecto para los desafíos que se avecinaban en el calendario internacional.
El Dacia como arma de conquista rumbo al Dakar
La máquina europea demostró ser un instrumento formidable en manos de quien sabía explotarla. Sébastien Loeb, compañero de escudería del campeón mundial, cruzó la meta a menos de seis minutos, consolidando así el dominio del equipo y ratificando la condición de favoritos que ambos pilotos ostentarían de cara a las pruebas subsiguientes en territorio saudí. El francés fue quien se apoderó del tramo especial final, doblando a Seth Quintero por algo más de dos minutos en la puja por esa particular victoria. El tercer lugar de la clasificación general quedó en poder de Guillaume de Mevius, quien logró superar a Yazeed Al Rajhi, ocupante de la cuarta posición. Quintero completaba el quinteto de cabecera en quinto lugar del ranking final.
Carlos Sainz fue otro de los personajes relevantes en esta definición marroquí, aunque su actuación estuvo marcada por una ausencia estratégica en una de las jornadas cronometradas. Pese a esto, el español cerró con un quinto puesto en la última especial, lo cual constituía una señal inequívoca de que su capacidad competitiva seguía intacta. En la tabla de campeones, Sainz logró consolidar un cuarto lugar que muchos considerarían meritorio dadas las circunstancias. Sus aspiraciones de revalidar su título en la categoría Touareg se mantenían vigentes, aunque el año 2025 le presentaría nuevos desafíos desde el primer día.
La conclusión de esta jornada histórica en Marruecos cerró un capítulo importante pero no el definitivo. El próximo acto de envergadura planetaria tendría lugar el 3 de enero, cuando arranque el legendario Rally Dakar. Este evento marca simultáneamente el final de una temporada y el comienzo de otra, reseteando puntuaciones y permitiendo que nuevas historias se escriban en la arena del rally-raid internacional. Los campeones coronados aquí cargarían con la presión de defender sus tronos, mientras que los aspirantes buscarían su oportunidad de gloria en lo que es considerada la competencia más exigente del planeta. El desierto seguiría siendo el escenario donde se definían los destinos de quienes se atrevían a desafiarlo.

