Lo que parecía una quimera de hinchas nostálgicos se convirtió en negociación concreta en los últimos días. Maximiliano Meza está a punto de abandonar River Plate para repatriarse nuevamente a Independiente, cerrando así un capítulo que quedó trunco hace casi una década. El mediocampista de 33 años, quien permanecía en la órbita del Millonario sin perspectivas de continuidad, ha alcanzado un acuerdo verbal para vincularse al club de Avellaneda durante dieciocho meses, hasta diciembre de 2027. La operación depende ahora de desenredar administrativamente su salida de Núñez, trámite que se gestiona para los próximos días. Este movimiento representa mucho más que un simple cambio de aires: es la posibilidad de que un futbolista retorne al lugar que lo convirtió en figura de importancia nacional e internacional.
El primer indicio de que algo se movía en el tablero llegó cuando las autoridades de River diffundieron el listado de catorce efectivos descartados de la consideración técnica. Eduardo Coudet había definido claramente quién viajaba a la pretemporada europea y quién quedaba fuera del proyecto. Meza fue incluido en ese grupo de marginados, lo que aceleró inmediatamente los rumores sobre una posible salida. En el mundo Independiente, la noticia prendió rápidamente. Los dirigentes del Rojo, atentos a las oportunidades del mercado, visualizaron la posibilidad de traer de regreso a una pieza que años atrás había dejado su marca en el historial institucional. Lo que separaba el rumor de la realidad era el obstáculo comercial y contractual: lograr que River liberara al futbolista sin conflictos legales.
De Monterrey a la nostalgia: los ocho años de ausencia
Cuando Meza se fue de Independiente en enero de 2019, nadie imaginaba que la despedida sería tan prolongada. Su destino en ese momento fue Monterrey de México, club que desembolsó quince millones de dólares por su transferencia. En tierras norteamericanas, el correntino se convirtió en un futbolista de rendimiento sostenido: acumuló 239 partidos, marcó treinta y nueve goles y repartió treinta y dos asistencias durante cinco años y medio de vinculación con los Rayados. Su paso por el fútbol mexicano lo consolidó como mediocampista versátil, capaz de jugar en distintas posiciones y de aportar tanto en tareas defensivas como en iniciativas ofensivas. Sin embargo, después de esa larga estadía, el fulbito criollo lo llamaba.
A comienzos de 2024, Meza optó por regresar al fútbol argentino. Eligió River Plate, el club de sus amores junto a su hermano Juan Cruz, con quien finalmente logró compartir cancha en la máxima categoría nacional, un sueño perseguido durante años. Pero la experiencia en el Millo resultó accidentada. Las lesiones lo persiguieron: una tendinopatía rotuliana en su rodilla derecha, sumada a una avulsión del tendón rotuliano en la extremidad izquierda, lo mantuvieron fuera de las canchas durante gran parte de 2025. Cuando Marcelo Gallardo era técnico, Meza apenas pudo entrenar. Recién con la llegada del Chacho Coudet tuvo oportunidades de continuidad y minutos en el campo. En total, su paso por River comprende cuarenta y siete encuentros, ocho goles y cuatro asistencias, números que reflejan cierta irregularidad en su desempeño.
El legado que lo define: Sudamericana 2017 y la puerta a la Selección
Lo que realmente anuda a Meza con Independiente va más allá de simples estadísticas. El correntino llegó al Rojo en 2016 traído por Gabriel Milito desde Gimnasia La Plata. Lo que sucedió a continuación marcó un punto de inflexión en su carrera: Independiente conquistó la Copa Sudamericana 2017 en el Maracaná contra Flamengo, con una victoria que incluía un gol crucial de Meza en el partido de ida, aquel histórico 2 a 1 que abría camino a la gloria. Un año después, en 2018, volvió a festejar un título: la Suruga Bank ante Cerezo Osaka. Durante su estadía inicial en Avellaneda, el mediocampista jugó ochenta y tres partidos, marcó once goles y brindó catorce asistencias, convirtiéndose en pieza clave del engranaje táctico del equipo.
Pero el verdadero salto vino de la mano del reconocimiento internacional. Esos títulos y ese rendimiento constante lo posicionaron en la mira de la Selección Argentina. Meza fue convocado para integrar la primera lista de Lionel Scaloni cuando éste era aún interino y la Scaloneta apenas comenzaba a tomar forma. El futbolista terminó viajando a Rusia 2018, participando en un Mundial aunque con participación limitada. Aquella oportunidad representó la cúspide de su proyección futbolística, el resultado directo de lo que había cosechado en el Rojo. Ahora, regresar a Independiente implica cerrar un círculo: volver al lugar donde se forjó como jugador de selección, donde ganó títulos internacionales, donde dejó su huella indeleble.
El escenario actual también presenta paralelismos históricos. Independiente intenta repatriar a otros elementos que brillaron en aquella Sudamericana 2017. Ezequiel Barco, otro de los campeones en el Maracaná, es también objetivo de la dirigencia del Rojo. Si ambas operaciones se concretan, significaría recuperar fragmentos importantes de aquel equipo glorioso, reconstituyendo parcialmente el núcleo que garantizó éxitos en el pasado reciente. Para los hinchas del Rojo, esto no es sólo mercado de pases: es la posibilidad de volver a conectar con una época dorada, aunque sea de manera simbólica.
Perspectivas abiertas y lecturas múltiples de este regreso
La conclusión de este movimiento dependerá de cómo evolucionen los trámites administrativos en los próximos días, pero las implicancias trascienden lo meramente contractual. Por un lado, para Meza representa la oportunidad de recuperar regularidad competitiva en un proyecto donde potencialmente recibiría más confianza que la otorgada en River. Para Independiente, significa incorporar a un mediocampista experimentado, con trayectoria internacional probada y conocimiento profundo de la institución, en un momento donde el equipo busca reconstituirse. Algunos analistas verán en esto una apuesta por la nostalgia, el intento de revivir glorias mediante fichajes de futbolistas veteranos; otros lo interpretarán como una decisión racional que busca estabilidad mediante la incorporación de jugadores que conocen los códigos del club. Lo cierto es que Meza tendrá una nueva oportunidad para demostrar que el tiempo no ha cerrado completamente sus opciones, mientras que Independiente apostará a que la experiencia acumulada en México, Estados Unidos y sus años posteriores puedan traducirse en desempeño útil para los objetivos deportivos que persigue en los próximos meses y años.



