La movida de mercado que está armando River para el semestre que viene ya trascendió fronteras. Cuando Olé publicó los ambiciosos planes que tiene el club de Núñez para traer refuerzos en mitad de año, la noticia no tardó en llegar hasta el ambiente lisboeta donde milita Benfica. Y claro, el objetivo puntual que despertó mayor inquietud en las Águilas es Nicolás Otamendi, ese zaguero argentino que a los 38 años sigue siendo una máquina en defensa.

Durante la conferencia que ofreció este viernes en la antesala del encuentro contra Moreirense, José Mourinho no tuvo más remedio que abordar públicamente la situación del capitán de su equipo. El técnico portugués, quien conoce como pocos las características y el peso específico que tiene el central en su esquema defensivo, decidió ser transparente sobre un tema que ya genera movimiento en las oficinas de ambos clubes. Sin rodeos ni justificaciones, Mou lanzó una declaración que resume con precisión quién tiene realmente el poder de decidir sobre el destino futbolístico de Otamendi.

Cuando la experiencia y el reconocimiento abren puertas

En el fútbol moderno no abundan los casos de futbolistas que llegan a cierta edad y mantienen su vigencia en los más altos niveles de la competencia. Otamendi es precisamente uno de esos ejemplos rarificados que desafía el paso del tiempo. Su rendimiento durante esta temporada en Lisboa ha sido absolutamente consistente, acumulando 4.079 minutos distribuidos en 46 encuentros a nivel de clubes. Son números que hablan por sí solos sobre la regularidad de un defensor que no solo aparece en los terrenos de juego, sino que marca diferencias en cada presentación. Las lesiones han sido prácticamente inexistentes en su hoja de ruta, lo que permite que Benfica pueda contar con él semana tras semana sin sobresaltos.

Precisamente por este motivo, Mourinho enfatizó durante sus declaraciones que la edad de Otamendi jamás debería ser un factor determinante a la hora de evaluar su presente futbolístico. "El tipo de rendimiento que ha mostrado a lo largo de la temporada, con muy pocas lesiones y ausencias, y una presencia constante y regular, le da la credibilidad que hace que no nos fijemos en su edad y que nos centremos en su rendimiento", expresó el entrenador de manera categórica. Cuando alguien de la talla de Mourinho hace este tipo de afirmaciones públicamente, lo que está haciendo es blindar a su defensor y, al mismo tiempo, reconocer su indiscutible jerarquía dentro del plantel.

El dilema que se abre en junio: una decisión únicamente personal

Aquí viene lo interesante. El contrato de Otamendi con Benfica vence el 30 de junio de 2024. Las Águilas, conscientes del aporte que sigue brindando el General en la retaguardia, pretenden que renueve vinculándose hasta junio de 2027. Pero mientras eso sucede o no, River viene moviendo hilos informalmente desde hace varios períodos de transferencias, en la espera paciente de un gesto del defensor que señale su predisposición a regresar a Buenos Aires. La presencia de Otamendi en Argentina hace apenas unas semanas, cuando disputó dos encuentros amistosos preparatorios para el Mundial, permitió a los directivos milenaristas escuchar directamente de su boca palabras que despertaron esperanza: un "veremos" cargado de posibilidades.

Pero Mourinho, en su estilo característico de franqueza brutal, se encargó de cerrar el tema de manera definitiva en la conferencia de prensa: "Hay personas que tienen el derecho, entre comillas, de elegir su futuro basándose en todo lo que han construido en el fútbol. Creo que Otamendi es una de ellas. Jugó su último partido con su Selección en suelo argentino por decisión propia y terminará su carrera con la Selección después del Mundial por decisión propia. Y será por decisión suya si regresa a Argentina y a River o si continúa en el Benfica. Todo está en sus manos". Con estas palabras, el técnico portugués no solo reconoce la autonomía del zaguero para decidir sobre su porvenir, sino que además subraya un elemento crucial: Otamendi ya ha demostrado históricamente que actúa conforme a sus propias convicciones, sin que presiones externas lo desmoronen.

En River, donde Ignacio Villarroel, vicepresidente segundo de la institución, ya confirmó públicamente que mantendrán conversaciones preliminares respecto a la posible llegada del Generl, saben perfectamente que deben ser respetuosos del proceso. La UEFA aún tiene competencia en marcha en Portugal, por lo que realizar movimientos demasiado evidentes podría complicar la situación para ambas partes. Sin embargo, desde el cuerpo técnico encabezado por Eduardo Coudet, el interés es tangible. No solo por la capacidad defensiva que Otamendi aportaría a una zaga que necesita jerarquía, sino por lo que representa en términos de liderazgo y madurez para un plantel que requiere referencias dentro del vestuario.

Cuando Mourinho cerró su intervención asegurando que "su calidad y rendimiento no cambiarán de un año a otro", lo que estaba haciendo era reconocer, casi resignadamente, que el futuro de su capitán escapaba de sus manos. La determinación final la tiene Nicolás Otamendi, quien a estas alturas de su carrera ha ganado ampliamente el derecho de ser protagonista de su propia historia. Ya sea que continúe defendiendo los colores de Benfica o que se anime a cerrar su ciclo profesional vistiendo la camiseta del Millonario, la decisión será únicamente suya. Y en eso, ni Mourinho ni Coudet tienen poder de veto alguno.