La construcción del juego desde la zona media del campo sigue siendo territorio donde Leandro Paredes impone su autoridad. En la cancha de Madre de Ciudades, con el equipo dirigido por Claudio Ubeda en ventaja en el marcador, el capitán del conjunto de La Boca mostró por enésima vez en la temporada por qué ocupa un lugar de privilegio en la estructura táctica de su equipo. No se trata de meras acciones aisladas, sino de episodios que reflejan la madurez futbolística de un jugador que ha transitado los máximos escenarios del fútbol internacional y que hoy canaliza su experiencia acumulada en beneficio de los intereses ofensivos del club.
El instante de lucidez en el mediocampo
Hacia los 48 minutos de la segunda mitad, cuando la contienda ya mostraba signos de encaminarse hacia su desenlace favorable para los boquenses, surgió una de esas ocasiones que suelen definir el rumbo de un partido. La posesión del balón se disputaba en la zona neutral, en ese espacio donde se gestan las transiciones y donde los equipos construyen sus ataques desde la base. En ese contexto, Agustín Quiroga, quien cumplía funciones defensivas por el costado, se encontró de frente con una decisión que debía tomar rápidamente. Fue precisamente en ese instante cuando intervino el volante xeneize con una ejecución técnica que pasó desapercibida para quienes no estaban atentos a los detalles del juego.
El movimiento consistió en aplicar una caña, ese recurso que implica hacer pasar el balón entre las piernas del rival. La acción no fue meramente defensiva o conservadora, sino que llevó implícita una intención ofensiva clara: desorganizar la marca del equipo contrario y abrir espacios en la zona de creación de juego. La ejecución de esta maniobra requiere no solo habilidad sino también una lectura anticipada de los movimientos del rival. Paredes, en este caso, ejecutó la acción con la precisión que caracteriza a los futbolistas que entienden el juego como un ajedrez donde cada toque debe servir a un propósito superior. Después de superar a su marca, el mediocampista no se conformó con simplemente recuperar la pelota o mantenerla en su poder.
El pase que debió ser el cierre del partido
Lo que sucedió inmediatamente después consolidó la idea de que se trataba de una secuencia armada con criterio y visión. Miguel Merentiel, quien se desempeñaba como referencia de ataque, recibió un pase de características excepcionales. No fue un toque cualquiera, sino uno que llegaba a una velocidad adecuada y permitía al delantero seguir en carrera sin perder ritmo ni posicionamiento. El pase fue direccionado hacia un espacio donde el atacante podía desarrollar la acción sin interferencias, lo que en jerga futbolística se conoce como un "pase en profundidad". Estos envíos requieren una calibración precisa: si llegan demasiado cortos, el defensor puede interceptar; si son demasiado largos, quedan fuera del alcance del compañero o lo colocan en posición de fuera de juego.
Merentiel, que contaba con ventaja numérica en esa zona de la cancha, tuvo ante sí una oportunidad de oro para cerrar la cuenta y darle mayor tranquilidad al equipo en el cierre de la contienda. La situación era tan clara que cualquier delantero con instinto goleador estaría esperando precisamente ese tipo de oportunidad. El atacante despachó un disparo dirigido hacia el pecho del guardavidas, pero la ejecución no tuvo la precisión necesaria. El remate se fue sin la potencia o la ubicación requeridas para superar al portero, transformando así una chance clamorosa en una oportunidad desaprovechada.
Contexto de una actuación destacada
Este episodio no debe analizarse de forma aislada, sino como parte de una trayectoria más amplia dentro de la temporada. Los volantes con capacidad de generar superioridad numérica en la mitad de cancha y de convertir esa ventaja en oportunidades de gol son activos valiosos para cualquier estructura táctica. En el fútbol moderno, donde la velocidad de circulación del balón y la toma de decisiones definen en gran medida el resultado de los enfrentamientos, los mediocampistas que pueden alternar roles defensivos con capacidades creativas son cada vez más demandados. La acción de Paredes ejemplifica esta versatilidad: logró recuperar posesión, avanzar territorialmente y crear una superioridad temporal que permitió a su equipo acceder a una chance de gol.
El triunfo en Santiago del Estero ubicaba de manera provisoria al equipo azul y oro en la cima de su zona de competencia, lo que subraya la importancia de cada punto en disputa durante la temporada. Las contribuciones individuales, cuando son de la envergadura de la ejecutada por el capitán, funcionan como catalizadores que impulsan a los equipos hacia los objetivos trazados. En un deporte donde los márgenes entre el éxito y el fracaso suelen ser estrechos, contar con futbolistas capaces de resolver situaciones con criterio y técnica se convierte en un factor determinante para aspirar a posiciones de privilegio en las clasificaciones finales.
Reflexiones sobre lo que se perdió y lo que quedó
Aunque Merentiel no convirtió la oportunidad que le fue servida en bandeja, la acción de Paredes quedó registrada como un ejemplo de lo que puede suceder cuando la inteligencia futbolística prima en la cancha. El hecho de que la chance no terminara en gol no opaca la calidad de la maniobra previa. En muchos sentidos, esta es la realidad del fútbol: excelentes acciones que no siempre resultan en anotaciones, pero que generan las condiciones para que eventualmente el equipo logre sus objetivos. La secuencia también ilustra un principio fundamental de la defensa moderna: el riesgo que implica mantener presión alta en la mitad de cancha, pues una pérdida en esa zona puede transformarse rápidamente en una transición peligrosa hacia portería propia. En este caso, el equipo que se encontraba en inferioridad numérica debió absorber las consecuencias de una acción que salió mal.
Las implicancias de lo ocurrido en Santiago del Estero trascienden el episodio puntual y sugieren perspectivas múltiples sobre la performance de los equipos en la competencia. Por un lado, está el argumento de quienes sostienen que la calidad exhibida en acciones como la de Paredes refleja un equipo en buen nivel competitivo, capaz de generar opciones claras de gol y controlar los tiempos del partido. Por otro, existe la lectura que enfatiza la importancia de la efectividad: las oportunidades deben convertirse en goles si se desea mantener posiciones de liderato en el largo plazo. Ambas perspectivas poseen validez en el análisis del desempeño deportivo, y la tensión entre ellas determina en buena medida la dirección que tomen los equipos hacia el cierre de sus respectivas temporadas.



