La próxima edición de Roland Garros reunirá nuevamente a la élite del tenis mundial en busca de coronarse en París. Pero para un puñado de competidores de primer nivel, este torneo representa algo más que una oportunidad más: es la chance de cerrar historias inconclusas, de resarcirse de momentos que han marcado sus carreras profesionales. Algunos estuvieron a un puñado de golpes de levantar la copa; otros vieron desvanecerse sus opciones cuando parecían más cerca. La tierra batida francesa guarda fantasmas que estos atletas intentarán finalmente exorcizar.
El italiano que sufrió el colapso más dramático
Jannik Sinner carga con la deuda más pesada respecto al torneo parisino. En la final del año pasado, el tenista trasalpino llegó dominando el encuentro contra Carlos Alcaraz: poseía dos sets a su favor y una quiebra de servicio en el tercero. Parecía cuestión de minutos cerrar el asunto. Pero el tenis tiene estos giros crueles. Sinner perdió ese tercer set y en el cuarto se vio en posesión de tres puntos de match cuando su rival servía en el marcador 3-5, 0-40. Incluso en el siguiente game tuvo la oportunidad de servir para llevarse el título. Nada funcionó. La derrota llegó en cinco actos.
Como si ese fracaso no fuera suficiente para alimentar las noches de insomnio, el año anterior Sinner también estuvo cerca en la instancia de semifinales frente al mismo Alcaraz, dominando con dos sets a uno de ventaja antes de sucumbir nuevamente en cinco parciales. Dos encuentros, dos oportunidades de oro, dos amargos reveses consecutivos contra el mismo rival en el mismo torneo.
Pero las circunstancias podrían haber girado a su favor para esta temporada. La racha ganadora de Sinner se extiende desde febrero sin interrupciones, un factor psicológico nada menor. Más relevante aún: Alcaraz, quien ha ganado el título en París, no defenderá su corona este año debido a una lesión en la muñeca derecha que lo mantiene fuera de competencia. Los astros parecen alinearse de formas que Sinner no había experimentado antes.
Sabalenka y la frustración en el tercer set
Aryna Sabalenka, al igual que Sinner, ostenta el rango de número uno mundial. Su cercanía al título también sucedió en la final más reciente. La rusa bielorrusa ejecutó una hazaña notable al interrumpir la racha de 26 triunfos consecutivos que mantenía Iga Swiatek en Roland Garros, venciéndola en semifinales. Una victoria que parecía encaminarla hacia el título máximo. Sin embargo, en la final se cruzó con Coco Gauff, y el enfrentamiento terminó en un resultado apretado: 6-4 en el tercer set, con Gauff llevándose el trofeo.
Lo que torna aún más frustrante esa derrota es el análisis técnico del partido. Sabalenka cometió 70 errores no forzados durante el encuentro, un número extraordinariamente elevado que sugiere una ejecución por debajo de su potencial real. De haber controlado apenas una fracción de esos descontroles, el resultado pudo haber sido diametralmente opuesto. Es un "qué hubiera pasado si" que probablemente perseguirá a la jugadora hasta que regrese a París.
Sabalenka posee un curriculum impresionante en superficies rápidas: cuatro títulos de Grand Slam en canchas de cemento. Sin embargo, la tierra batida se le ha resistido. El año pasado estuvo más cerca que nunca de conquistar su primer Grand Slam en una superficie natural, apenas a un set de distancia. Si logra regresar a la final nuevamente, esa motivación acumulada podría ser el factor que la impulse a cruzar la línea de meta.
Zverev: el caso paradójico del campeón sin corona
Alexander Zverev representa un fenómeno estadístico singular en el circuito de tenis profesional. Es posiblemente el tenista más ganador que jamás ha pisado la tierra sin haber conquistado nunca un torneo de Grand Slam, lo cual resulta profundamente paradójico considerando su nivel de consistencia. Su aproximación a la gloria en Roland Garros también ha sido reiterada y frustrante.
El momento más cercano llegó hace dos años, cuando Zverev no solo alcanzó la final sino que además llegó allí con una ventaja de dos sets a uno sobre Alcaraz. Parecía ser su momento. Pero el español orquestó un regreso que Zverev no pudo contener, arrebatándole el título en cinco sets. Más allá de esa final, el alemán ha acumulado un historial que refleja una presencia constante en las instancias decisivas: ha disputado tres semifinales adicionales y tres cuartos de final en la capital francesa, siempre asomándose a la gloria pero sin poder franquear la puerta final.
Como segunda cabeza de serie en esta edición, Zverev cuenta con un camino relativamente propicio hasta una posible final. Estratégicamente, el cuadro sugiere que podría evitar enfrentar a Sinner hasta una eventual definición. Sin embargo, esa proyección incluye un obstáculo de consideración: mantiene una sequía de nueve victorias consecutivas en enfrentamientos directos contra el italiano. Una estadística que pesa como una losa en la mentalidad competitiva.
Ruud y Tsitsipas: los semifinalistas que siempre llegan tarde
Casper Ruud y Stefanos Tsitsipas comparten un perfil profesional peculiar: ambos son finalistas de Grand Slam sin haber ganado ninguno, aunque sus historias en París divergen. El noruego ha alcanzado la final de Roland Garros en dos oportunidades distintas, perdiendo ambas en sets corridos. Primero frente a Rafael Nadal en 2022, luego contra Novak Djokovic en 2023. En este segundo encuentro, Ruud estuvo más cerca de lo que las cifras indican: dos de los tres sets presentaron marcadores ajustados, con Djokovic escapando por 7-6 en el primero y 7-5 en el tercero.
Ruud ha consolidado su dominio en otras superficies de arcilla, ganando en Madrid e integrando finales en Montecarlo y Roma, lo que sugiere que su llegada a sendas finales de Roland Garros no fue casualidad sino resultado de una verdadera maestría en este tipo de piso. La sensación persiste de que Ruud está destinado a regresar y finalmente cerrar esa cuenta pendiente.
Por su parte, Tsitsipas ha realizado casi todo lo posible en el tenis profesional excepto ganar un Grand Slam. Ha levantado el trofeo de las Finales ATP y acumulado tres títulos Masters 1000, demostrando un nivel competitivo indiscutible. Su aparición en una final de Grand Slam ocurrió en Roland Garros 2021, en una batalla contra Djokovic. Tsitsipas dominó durante dos sets, construyendo una ventaja de dos a uno, pero el serbio ejecutó una remontada que culminó con un 6-4 en el quinto set, arrebatándole lo que pudo haber sido su primer título en un major.
Los últimos tiempos han visto a Tsitsipas atravesar un período menos prolífico. Ha caído en rondas tempranas o segundas en los últimos siete Grand Slams y su ranking ha retrocedido significativamente, ubicándolo en la posición 82 del mundo. Pero París siempre ha representado un escenario donde ha mostrado consistencia relativa, y el deporte ofrece suficientes ejemplos de resurrecciones inesperadas cuando menos se las espera.
Las mujeres que no pudieron cerrar el trato
En la rama femenina, dos competidoras ocupan espacios en el top 10 con historias de oportunidades perdidas. Karolina Muchova, quien acaba de retornar a las diez mejores posiciones en el ranking mundial, vivió una montaña rusa emocional en la edición 2023. La checa hizo una entrada espectacular en la semifinal, remontando desde un punto de derrota frente a Sabalenka en una muestra de carácter extraordinario. Luego se enfrentó a Iga Swiatek en la final, donde se ubicó con una quiebra en el tercer set en el marcador 4-3. Parecía estar a punto de gritar victoria. En cambio, perdió los últimos tres games del partido y, con ellos, la oportunidad de conquistar su primer título de Grand Slam.
Amanda Anisimova, quien ostenta un ranking de número 6, ha construido su fama reciente tras alcanzar sus dos primeras finales de Grand Slam el año pasado, en Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Pero su primer acercamiento importante a la gloria llegó precisamente en París, hace siete años, cuando como adolescente de apenas 17 años irrumpió en su primera semifinal de major. En ese encuentro enfrentó a Ashleigh Barty, ganó el primer set y llegó al 3-0 en el segundo. El triunfo parecía casi inevitable desde esa posición. Barty, sin embargo, cerró brillantemente ese set y el tercer acto, dejando a Anisimova sin su oportunidad. La australiana continuó hacia la final y ganó el título, lo que genera la especulación inevitable sobre qué hubiera sucedido de haber Anisimova capitalizado esa ventaja inicial.
El peso de los fantasmas y las posibilidades futuras
La historia del deporte está repleta de atletas que necesitan varios intentos para conquistar sus objetivos máximos. Las negativas acumuladas pueden funcionar de dos formas opuestas: como carga psicológica paralizante o como combustible motivacional que impulsa mejoras constantes. Lo que sucederá con estos cinco competidores en la edición próxima de Roland Garros dependerá de múltiples factores: su condición física en el momento del torneo, la evolución táctica de sus rivales, la mentalidad con que carguen sus experiencias previas, y por supuesto, los componentes impredecibles que caracterizan al tenis profesional. Algunos lograrán canalizar la frustración acumulada hacia resultados positivos; otros quizás cargarán esos fantasmas un año más. Lo cierto es que la capital francesa aguarda, y con ella, la posibilidad de que historias inconclusas finalmente encuentren su desenlace.



