El fútbol argentino tiene esos cruces que, más allá de la tabla, cargan con memoria propia. Este viernes, en el Estadio Ciudad de Vicente López, Platense y San Lorenzo se medirán por la fecha 16 del Torneo Apertura en un encuentro que tiene condimentos tácticos, emocionales y estadísticos que lo tornan especialmente atractivo. Dos equipos que necesitan sumar, con una historia reciente que favorece claramente al local, se preparan para dirimir tres puntos que pueden cambiar el panorama de ambos en la tabla.
El certamen está ingresando en una fase de definiciones. Si bien todavía resta disputar la fecha 9, los equipos ya comienzan a pensar en el playoff y cada unidad se vuelve más valiosa. En ese contexto, San Lorenzo marcha noveno con 19 puntos, igualado con Defensa y Justicia que lo supera por posición. El Calamar, por su parte, aparece undécimo con 16 unidades, lo que lo ubica en la pelea por los últimos boletos a la siguiente ronda. Para el Ciclón, ganar significaría acomodarse en zona de clasificación directa. Para Platense, meterse de lleno en esa disputa que hoy lo tiene al margen por muy poco. La necesidad, entonces, es mutua. Pero el historial reciente no lo es.
Una copa, una victoria y mucho orgullo calamar
En menos de doce meses, Platense protagonizó dos episodios frente a San Lorenzo que quedaron grabados en la memoria de sus hinchas. El primero, y sin dudas el más trascendente, ocurrió el 25 de mayo de 2024 en el estadio Pedro Bidegain. Aquella noche, el Ciclón —conducido entonces por Miguel Ángel Russo— recibía a un Platense que llegaba con la confianza de haber eliminado como visitante a dos gigantes: Racing y River. Del otro lado del cuadro, Huracán esperaba al ganador para la final. San Lorenzo era el favorito lógico, pero el fútbol no respeta lógicas cuando hay un equipo que cree en lo que hace.
El conjunto de Vicente López, dirigido en aquel momento por la dupla técnica de Favio Orsi y Sergio Gómez, jugó con la libertad del que no tiene nada que perder y terminó con todo para ganar. Un rebote dentro del área, una pelota que nadie pudo controlar, y Franco Zapiola apareció para convertir el único tanto del partido. Con ese gol, Platense dejó afuera al Ciclón y siguió adelante hacia la gran final. Lo que vino después es historia pura: el Calamar le ganó también a Huracán en la definición y levantó el primer título de su historia, una hazaña que ningún hincha del club de Vicente López olvidará jamás. Aquella copa no solo fue el primer trofeo, sino también el símbolo de una identidad que se construyó con esfuerzo y que todavía brilla sobre el escudo.
Pero el recuerdo positivo no se agotó en ese campeonato. Apenas unos meses después, ya con otro entrenador en el banco —el Kily González tomó las riendas del equipo—, Platense volvió a imponerse sobre San Lorenzo. Fue por la fecha 5 del Torneo Clausura 2025, en el mismo escenario que recibirá a ambos este viernes. Los dirigidos entonces por Damián Ayude visitaron el Ciudad de Vicente López con su parcialidad presente, intentando aguarle la tarde a un local que necesitaba empezar a mostrar señales bajo la nueva conducción técnica. No lo lograron. Platense ganó 2 a 1 con un doblete de Ronaldo Martínez, en lo que fue el primer triunfo del ciclo del Kily al frente del equipo. Ese partido tuvo condimentos propios: un primer tiempo vertiginoso, el empate transitorio de Elías Báez para la visita, y las expulsiones de Nacho Vázquez y Alexis Cuello que complicaron el desarrollo del juego, aunque no alcanzaron para torcer el resultado final.
El presente: bajas, apuestas y el desafío de competir en dos frentes
El contexto actual de Platense suma un condicionante extra: el miércoles previo al duelo con San Lorenzo, el Calamar tiene un compromiso de alto voltaje por la Copa Libertadores ante Independiente Santa Fe. La doble competencia exige una administración inteligente del plantel, aunque desde el cuerpo técnico encabezado por Walter Zunino ya dejaron en claro que no piensan especular. La postura es frontal: salir a ganar con lo mejor disponible en ambos encuentros, sin resignar ambiciones en ninguno de los dos frentes.
Eso sí, hay una ausencia que pesa. Nacho Vázquez no estará disponible para enfrentar al Ciclón. El mediocampista arrastra una lesión de segundo grado en el bíceps femoral derecho, lo que lo mantiene alejado del campo de juego y obliga a replantear algunas piezas del esquema. Con esa baja confirmada, la formación que Zunino maneja como probable para recibir a San Lorenzo sería la siguiente: Matías Borgogno en el arco; Juan Ignacio Saborido, Víctor Cuesta, Mateo Mendía o Eugenio Raggio y Tomás Silva en la línea defensiva; Pablo Ferreira y Maximiliano Amarfil en el mediocampo; y arriba, el cuarteto formado por Guido Mainero, Nicolás Retamar, Franco Zapiola y Tomás Nasif o Gonzalo Lencina. Zapiola, precisamente, vuelve a aparecer en escena como elemento ofensivo: el mismo hombre que marcó el gol histórico contra el Ciclón en la semifinal puede ser nuevamente una amenaza para el arco visitante.
Una noche con muchas razones para no perderse
San Lorenzo llega con la necesidad de revertir ese antecedente adverso y con la obligación de sumar si quiere mantenerse en la pelea por los primeros puestos del Apertura. El Ciclón tiene con qué, y un partido de estas características suele despertar lo mejor de los equipos. Pero Platense juega en casa, tiene el viento de la historia reciente a favor, y carga con la energía de un plantel que sabe lo que es ganarle al rival de este viernes en los momentos importantes.
El fútbol, claro, no se juega sobre la memoria. Pero la memoria alimenta la confianza, y la confianza en este deporte vale tanto como un buen sistema táctico. El Calamar llega a este viernes sabiendo que ya venció al Ciclón cuando más importaba: primero con una copa en juego, después con tres puntos en disputa. Esta noche, el guion podría repetirse. O no. Pero hay razones más que suficientes para que los hinchas del equipo de Vicente López lleguen al estadio creyendo que sí.

