La victoria conseguida ante Estudiantes de Río Cuarto trascendió los tres puntos que el conjunto de la Avenida Figueroa Alcorta necesitaba en la recta final del torneo. Para Leonardo Ponzio, el entrenador responsable de dirigir la institución millonaria, el resultado significó algo más valioso aún: la confirmación de que sus principales figuras ofensivas recuperaban condiciones físicas óptimas. Con Sebastián Driussi y Thiago Almada nuevamente en condiciones de participar sin restricciones, el panorama táctico se abrió considerablemente para los próximos desafíos que aguardan en el campeonato clausura.
Durante los últimos minutos del encuentro disputado el sábado, cuando el delantero de treinta años fue reemplazado por Rafael Borré en la cancha, una escena generó inquietud en el cuerpo técnico: uno de los profesionales del área de kinesiología aplicó hielo sobre el muslo izquierdo de la estrella ofensiva. Los antecedentes del atacante con molestias musculares justificaban la vigilancia extrema, un protocolo que cualquier club profesional mantiene ante situaciones de esta naturaleza. Sin embargo, desde el departamento médico no tardaron en aclarar que se trataba únicamente de fatiga acumulada durante los noventa minutos de juego, sin mayores complicaciones estructurales que ameritaran preocupación genuina.
La confirmación llegó en el predio
El domingo por la mañana, cuando el plantel completó su rutina de trabajo en el Monumental tras permanecer concentrado después del triunfo, todas las dudas se disiparon. Driussi realizó ejercicios sin limitaciones junto a los futbolistas que habían actuado desde el inicio contra el conjunto cordobés, participando de una sesión física de baja intensidad diseñada específicamente para potenciar la recuperación muscular. El calendario apretado no admitía sorpresas desagradables: apenas tres días después, el equipo debería presentarse en Junín para enfrentar a Sarmiento, y apenas cuatro días después en Córdoba para medirse ante Belgrano. La disponibilidad del goleador, entonces, resultaba crucial para las aspiraciones del DT.
La otra noticia esperanzadora emergía del regreso de Almada al terreno de juego. El mediapunta había permanecido fuera de circulación por un desgarro de primer grado en el cuádriceps izquierdo, una lesión que requería los cuidados pertinentes para evitar complicaciones. Su reaparición contra Estudiantes de Río Cuarto se produjo en los minutos finales, cuando el rival ya estaba sentenciado y el nivel de exigencia física descendía naturalmente. Aunque su estado aún demandaba tiempo para recuperar el ritmo competitivo propio del fútbol profesional, el contacto renovado con la pelota representaba un avance significativo. Su inclusión nuevamente en la lista de disponibles ofrecía al entrenador márgenes de maniobra que hasta hacía poco no poseía.
El regreso a la fórmula inicial
Durante sus primeros cuatro compromisos al mando del Millonario, Ponzio había estructurado un esquema que respondía a las características del plantel y que venía produciendo resultados positivos. Con la recuperación simultánea de sus dos figuras ofensivas, la posibilidad de retomar esa formación inicial se abría con claridad. El equipo podría estar compuesto por Santiago Beltrán en el arco; la línea defensiva integrada por Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Nicolás Otamendi y Marcos Acuña; en el mediocampo, Tobías Andrada, Fausto Vera y Tomás Galván; y en ataque, el tridente conformado por Almada, Ángel Correa y Driussi. Un equipamiento táctico que, según el entrenador, podría salir naturalmente de memoria, sin necesidad de ajustes ni innovaciones que demandaran tiempo de adaptación.
La relevancia de poder contar nuevamente con esta estructura radica en el contexto temporal del campeonato. En las etapas finales de un torneo profesional, cuando los márgenes de error se reducen significativamente y cada resultado adquiere peso específico mayúscula, la continuidad constituye un factor determinante. Equipos que conocen sus roles, que ya han compartido varias sesiones de trabajo juntos y que dominan los automatismos tácticos tienden a rendir más eficientemente que aquellos que padecen cambios constantes producto de lesiones o rotaciones forzadas. Para River, en este tramo crucial, recuperar la normalidad en la conformación de su once titánico significaba recuperar también la estabilidad estratégica que caracteriza a los equipos competitivos.
Las próximas dos semanas determinarían el desempeño del equipo en esta fase de definiciones. Con Driussi confirmado como disponible sin restricciones físicas y Almada reintegrándose paulatinamente al ritmo de competencia, Ponzio contaría con el arsenal completo para enfrentar los compromisos pendientes. La estabilidad del once elegido en los primeros encuentros bajo su dirección, si se mantenía, podría favorecer tanto la cohesión grupal como el rendimiento ofensivo. Sin embargo, el fútbol profesional contemporáneo es caprichoso: ninguna certeza es absoluta, y cualquier contratiempo inesperado podría modificar nuevamente los planes tácticos. Lo cierto es que, en este momento específico, el panorama se presentaba sensiblemente más despejado que semanas atrás, cuando las ausencias limitaban las opciones disponibles para quien dirige al club de Núñez.



