Cuando Mari Boya estampó su firma en el contrato con Prema hace apenas unos meses, todo indicaba que se abría ante él un camino ascendente sin sobresaltos. El piloto español cerraba una notable campaña en Fórmula 3 con un tercer puesto general, consolidándose como uno de los conductores más en forma de la categoría junior. El salto a Fórmula 2 bajo el paraguas de uno de los equipos más ganadores del automovilismo contemporáneo parecía la continuación natural de una trayectoria promisoria. Pero la realidad que se desplegó apenas comenzada la temporada reveló un panorama tan turbulento como inesperado: la estructura deportiva se desmoronaba desde adentro, víctima de cambios organizacionales que ninguno de los involucrados anticipaba que fuesen tan severos.

La verdadera magnitud del problema trasciende ampliamente los números que aparecen en las tablas de posiciones. No se trata únicamente de que Boya acumule pocos puntos en el arranque del campeonato, ni que su compañero de equipo, Sebastián Montoya, también luche por aproximarse a los lugares relevantes. El asunto central es que Prema, la escudería que durante años funcionó como referencia obligatoria en las categorías menores, se encontraba atravesando una turbulencia organizacional de proporciones considerables. Durante un encuentro con periodistas españoles, Boya articuló por primera vez un relato detallado y franco respecto a qué sucedió en el seno del equipo durante los meses previos al inicio de la temporada. Sus palabras iluminaron un cuadro que la mayoría de los observadores externos desconocía: "Está siendo un principio de año bastante complicado. No esperaba tener este invierno con tanto cambio dentro del equipo".

El éxodo que desarticuló la estructura

Según relató el piloto catalán, la problemática se originó en eventos que ocurrieron incluso antes de que rodara el primer monoplaza de la temporada. El punto de quiebre fue el alejamiento de la dirección técnica: "Justo antes de empezar el año el jefe se fue y por ello muchos ingenieros fieles a la familia Rosin se fueron del proyecto". Esta simple descripción resume un terremoto organizacional. La marcha de la cúpula directiva encendió una reacción en cadena que despobló la estructura de personal especializado, aquellos técnicos que durante años habían encarnado la filosofía y el know-how de la escudería. En una categoría tan demandante como la Fórmula 2, donde los márgenes de error son microscópicos y cada décima de segundo cuenta, la pérdida de personal experimentado no es un inconveniente menor: es un colapso.

Las consecuencias no tardaron en manifestarse en pista. Prema se encontró navegando una temporada caracterizada por una cantidad inusitada de pruebas en circuitos donde la Fórmula 2 nunca antes había competido. Miami y Montreal representaban territorios inexplorados para la categoría, lo que significaba que el equipo llegaba a esas carreras sin información previa alguna, sin telemetría de años anteriores que permitiese establecer configuraciones base. Y en ese contexto de ceguera competitiva, la escudería debía operar con ingenieros que carecían de experiencia previa en la categoría. El resultado era predecible: "Llegábamos sin ningún dato a esas carreras y con ingenieros que no habían estado nunca en la categoría llegábamos a clasificación sin tener ninguna conclusión de nada", describió Boya con la crudeza de quien vive el problema en primera persona.

De la euforia inicial al desencanto

Lo que amplifica la frustración es el contraste dramático con los primeros indicios. Cuando Boya subió al monoplaza por primera vez en Abu Dabi, durante los test pretemporada, la sensación fue radicalmente opuesta. "Mi primer día en el coche en Abu Dhabi estaba quinto y súper contento. Considero que el cambio no es tan grande de categoría", recordó. Esa performance inicial proyectaba una transición fluida, comparable a la que experimentan muchos pilotos que saltan desde Fórmula 3 hacia la antesala de la máxima categoría. De hecho, varios de los conductores que actualmente dominan el campeonato fueron compañeros de batalla de Boya la temporada anterior, lo que teóricamente sugería que el núcleo de competencia estaba donde debía estar. Pero algo sucedió en el intervalo entre esos tests y el comienzo efectivo de la temporada, algo que transformó una perspectiva promisoria en un calvario de resultados insatisfactorios.

Boya identificó un segundo factor que contribuye a explicar la caída estrepitosa de competitividad: la ausencia total de evolución tecnológica. "Del año pasado no hemos traído ninguna mejora y los equipos siguen mejorando", sentenció con una lucidez que caracteriza a los pilotos más reflexivos. Esta afirmación resume una realidad brutal en el deporte motor: el avance es constante, y la estagnación equivale a retroceso relativo. Mientras que estructuras como Campos Racing, Virtuosi y otras competidoras menores introducían innovaciones, perfeccionaban sus monoplazas y explotaban las posibilidades reglamentarias, Prema navegaba con proyectos carentes de innovación, heredados del año anterior, desfasados antes incluso de competir.

Sin embargo, el piloto no se rinde ante la adversidad. Boya reveló que dentro de la organización ya están en marcha iniciativas para revertir el panorama sombrío. "Ahora llegaremos a la gira europea, que es donde más datos hay de años anteriores, y en estos momentos también el equipo está trayendo nuevos ingenieros para intentar darle la vuelta a esta situación". La segunda mitad del calendario presenta la oportunidad de recuperación: Europa, territorio conocido, circuitos donde existen bancos de datos extensos acumulados a lo largo de temporadas anteriores. Además, la incorporación de nuevos técnicos promete inyectar expertise y perspectivas renovadas. Aun así, Boya mantiene una actitud desprovista de excusas fáciles: "Es un momento algo frustrante, pero así es el deporte. Hay que seguir trabajando y la temporada es muy larga". Su respaldo institucional de Aston Martin, que continúa apoyando su trayectoria dentro de la academia de desarrollo de pilotos de la marca británica, le proporciona estabilidad emocional en un contexto donde los guarismos deportivos no acompañan.

Las implicancias de una caída sin precedentes

El deterioro de Prema posee ramificaciones que trascienden lo anecdótico. Durante casi dos décadas, este equipo ha funcionado como cantera de talentos y como banco de pruebas donde han participado conductores que posteriormente llegaron a Fórmula 1. La caída de su hegemonía en las categorías menores sugiere transformaciones más profundas en la estructura italiana: cambios accionarios, reorientaciones estratégicas o simplemente decisiones de gestión que no rindieron los resultados esperados. La marcha de personal experimentado, especialmente si se trata de técnicos asociados con la familia Rosin que fundó y condujo históricamente la escudería, indica rupturas que van más allá de rotaciones normales de recursos humanos. Esto abre interrogantes sobre la sostenibilidad competitiva a largo plazo y sobre si estamos presenciando el inicio de una reconfiguración organizacional profunda o, por el contrario, si se trata de un bache temporal que la estructura conseguirá superar gracias a la llegada de nuevos ingenieros y al regreso de la competencia a circuitos donde Prema posee información ventajosa. Los próximos meses dirán si Mari Boya podrá liderar una recuperación que le permita cumplir el destino que parecía escrito hace solo algunos meses, o si esta temporada marcará un punto de inflexión en las aspiraciones tanto del piloto como de la escudería.