La presión no espera en el fútbol profesional argentino, y este lunes Gustavo Quinteros tendrá que demostrar que su capacidad táctica va más allá de los nombres que figuran en la lista de prioridades. Con Independiente visitando el estadio José Amalfitani en un compromiso clave para definir el liderazgo de la Zona A, el entrenador rojo enfrenta una ecuación complicada: necesita ganar pero debe hacerlo prescindiendo de una de sus piezas defensivas más sólidas, forzado a colocar en el equipo a un futbolista que literalmente tiene los papeles para marcharse del club en los próximos días.

La situación partió de una dolencia muscular contraída por Sebastián Valdéz durante el triunfo reciente ante Newell's. Los estudios revelaron un esguince en la rodilla, una lesión que, si bien no representa una gravedad extrema, obligó al cuerpo técnico a tomar la decisión prudente de guardarlo. No se trata de una lesión que requiera internación ni tratamiento quirúrgico de envergadura, pero el fútbol moderno ya no tolera riesgos innecesarios, menos aún cuando hay competencia acumulada en el calendario. Valdéz era la carta de confianza en esa zona defensiva, alguien que Quinteros había colocado como inamovible en su esquema. Su ausencia, entonces, no es un detalle menor.

La radiografía de una defensa bajo presión

Cuando un técnico debe pensar quién ocupa esa posición sin su jugador preferido, la respuesta debería brotar de un abanico de opciones. En el caso del Rojo, el panorama es de una aridez preocupante. Nicolás Freire, quien competía por ese lugar, ya no integra el plantel tras partir como jugador libre. Juan Fedorco se ganó su sitio como titular, aunque su rendimiento aún genera dudas en algunos sectores. Y luego aparece Kevin Lomónaco, quien debería ser la alternativa natural pero que, según confirmó el propio Quinteros en sus declaraciones públicas, está prácticamente negociando su salida.

Aquí radica la verdadera tensión de este partido. Lomónaco no solo es una opción defensiva válida, sino que es prácticamente la única disponible en este momento sin descender significativamente en la calidad. El Grupo Pachuca ya estaría en conversaciones avanzadas para trasladarlo al Real Oviedo de España, una operación que podría cerrarse en cualquier momento. Llevar a un jugador que mentalmente podría estar pensando en otra cosa, en otro continente, en una cancha rival para un partido de relevancia, es el tipo de riesgo que Quinteros mencionó con esa frase tan característica: "El que no arriesga no gana". La paradoja es que aquí no se trata exactamente de una apuesta calculada, sino de una necesidad que no deja alternativas.

Para dimensionar la magnitud del problema, Quinteros mismo lo explicó sin vueltas. Si por alguna razón Lomónaco no pudiera jugar o si la venta se concretara en las próximas horas, el siguiente nombre en la lista sería Juan Arrayago, un jugador de apenas diecisiete años. Esto habla de la delgadez de opciones con que cuenta el equipo en esa línea. Que el técnico tenga que recurrir a un adolescente como cuarta opción no es una declaración tranquilizadora sobre el estado de la defensa. Por eso, Fernando Closter (dieciocho años) y Gonzalo Bordón (veintiuno) también fueron incluidos en la convocatoria, como una suerte de red de contención ante una situación que podría tornarse caótica.

El mercado de pases como deuda pendiente

Lo que subyace en todo esto es una queja que Quinteros expresó de forma directa hace poco tiempo: la falta de incorporaciones en el mercado de pases. Afirmó, sin ambigüedades, que le preocupa la situación y que requería entre dos y tres refuerzos más. Hasta el momento, Maxi Meza, Santiago Mele e Imanol Machuca fueron los únicos jugadores que llegaron a reforzar al equipo. El problema es que ninguno de ellos figura como prioridad táctica para el estratega, lo que genera una brecha entre lo que Quinteros necesita y lo que tiene disponible. No es culpa del entrenador si el mercado de transferencias no respondió a sus pedidos, pero es responsabilidad suya idear soluciones dentro de lo que existe.

Independiente arrancó el torneo con dos victorias consecutivas, primero ante Estudiantes y luego frente a Newell's. Esos resultados posicionaron al equipo en la pelea por el liderazgo de su zona, con la posibilidad de quedar como único líder si gana este lunes en Amalfitani. Vélez, su rival, también llega con un desempeño impecable, lo que transforma el encuentro en un duelo de pretendientes. Las ambiciones del Rojo para esta temporada pasan necesariamente por consolidarse en posiciones que otorguen acceso a competencias de copas internacionales, uno de los objetivos explícitos que se fijó. Para eso, estos puntos son vitales.

El equipo que Quinteros llevará a Liniers tendrá a Rodrigo Rey bajo los tres palos, una línea defensiva con Leonardo Godoy, Juan Fedorco, Kevin Lomónaco y Facundo Zabala, la dupla de mediocampistas conformada por Iván Marcone y Mateo Pérez Curci, la zona ofensiva con Maxi Gutiérrez, Santiago Montiel y Matías Abaldo, mientras que Gabriel Ávalos ocupará el puesto de delantero. Este será el único cambio respecto a los últimos compromisos: la inclusión de Lomónaco por la ausencia de Valdéz. Las modificaciones en la convocatoria sumaron a Facundo Cruz en lugar de Joel Medina y a Gonzalo Bordón reemplazando al lesionado Valdéz, lo que refleja el grado de improvisación que rodea esta salida.

Más allá del resultado que se produzca el lunes por la noche en el estadio de Vélez, lo que quedará de este partido será el interrogante sobre la capacidad del plantel para sostenerse bajo estas circunstancias adversas. Si el equipo logra ganar sin que Lomónaco sea determinante, la narrativa se inclinará hacia la solidez del sistema de Quinteros. Si pierde o empata, la culpa caerá inevitablemente sobre la ausencia de Valdéz y la precariedad defensiva expuesta. Y si Lomónaco actúa de forma excelsa en su potencial último partido, el club tendrá que explicar públicamente por qué permitió que un jugador de esa capacidad se marchara. Cada escenario, así, abre puertas a interpretaciones distintas sobre el presente y futuro del proyecto rojo.