La categoría de Reserva de Racing Club tiene por primera vez en seis décadas la oportunidad concreta de añadir un nuevo título a su vitrina. Después de conquistar su última corona en 1963, los juveniles del Selectivo acaban de asegurar su lugar en la final del Torneo Proyección tras derrotar a Vélez Sarsfield por la mínima diferencia en una semifinal que quedará grabada por su desarrollo anómalo y las decisiones arbitrales que marcaron su devenir desde los instantes iniciales. La Academia enfrentará el próximo viernes a River Plate en cancha de Banfield, en busca de conquistar lo que sería su noveno título histórico en la categoría juvenil.
El partido que Racing disputó contra el Fortín en la Villa Olímpica transcurrió bajo condiciones fuera de lo común desde el mismo comienzo. Cuando apenas habían transcurrido 40 segundos del primer tiempo, se produjo un incidente que condicionó toda la estructura táctica del encuentro: dos futbolistas, Bautista Ramírez de Vélez y Alejandro Tello de Racing, protagonizaron un cruce que derivó en agresión física. El árbitro Fanco Porotelli, en una decisión que generaría controversia, expulsó a ambos jugadores con tarjeta roja directa. Ramírez fue echado tras propinar un golpe directo en el pecho a su rival. Tello, quien forcejeó durante el contacto pero sin ejecutar una acción agresiva visible, recibió igual castigo. Desde ese momento, los dos elencos debieron desarrollar la contienda con inferioridad numérica simétrica, lo que alteró completamente el libreto táctico previsto por los cuerpos técnicos.
Un duelo cerrado y sin brillo ofensivo
Con ambas escuadras operando con diez jugadores en cancha, el encuentro perdió la fluidez característica de las competiciones de Reserva. Los espacios se cerraron, las transiciones se hicieron más lentas, y la intensidad adoptó un carácter más defensivo que ofensivo. Vélez, que había liderado la fase regular del torneo acumulando 44 puntos (13 más que su perseguidor más cercano) y demostrando una superioridad clara en el campeonato regular, llegó a dominar los primeros tramos del complemento, pero sin encontrar la profundidad necesaria para generar situaciones de gol concretas. Racing, bajo la dirección de Chirola Romero, tomó mayor protagonismo en el segundo período, posicionándose con mayor autoridad en el campo y reduciendo los espacios del rival mediante una presión más organizada. El duelo se transformó en un enfrentamiento táctico donde los errores defensivos y la precisión en los últimos metros se convirtieron en factores decisivos.
La Academia llegaba a este cruce procedente de un envión anímico considerable: días antes había derrotado a su clásico rival, Independiente, en un encuentro que finalizó 3-2, demostrando capacidad de reacción y temperamento en situaciones adversas. Ese antecedente cercano generaba cierta confianza en el plantel de juveniles. Por su parte, Vélez, pese a su supremacía durante la fase de grupos, no lograba plasmar su candidatura en acciones de juego que pusieran en serio aprieto al guardavidas visitante, Lucio Latorre, quien comenzaba a erigirse como figura de la contienda con sus intervenciones.
El gol en el alargue que abrió las puertas de la final
La definición llegó en la segunda mitad del tiempo suplementario, cuando Racing consiguió materializar una de sus escasas pero efectivas aproximaciones al arco contrario. Felipe Schaare ejecutó un pase filtrado de excelente factura que encontró a Alberto Campo sobre la banda izquierda. El lateral realizó un centro preciso hacia el área, donde Francisco Fraga, con presencia y oportunidad, definió el 1-0 que sellaría el triunfo de la Academia. Fue un ataque veloz y letal, la expresión máxima de lo que Racing había conseguido mostrar en términos ofensivos durante toda la tarde: espacios reducidos, transiciones rápidas y eficiencia en la ejecución final.
Tras el gol, Vélez se vio obligado a volcarse íntegramente hacia el ataque en los minutos restantes del alargue, buscando desesperadamente la igualdad que llevara el partido a una definición por penales. Sin embargo, Lucio Latorre, el arquero de Racing, demostró su jerarquía con cuatro intervenciones de alto nivel. Realizó al menos dos tapadas decisivas sobre remates de Valdez que pudo haber significado el empate. La presencia del guardameta en el arco visitante se transformó en la última línea de contención que el Fortín no pudo superar. A pesar del esfuerzo desesperado del elenco de Liniers en los minutos finales, los errores en la ejecución de juego en zona de definición y la solidez defensiva del conjunto de Avellaneda consumaron la eliminación de Vélez y la clasificación de Racing a la instancia decisiva.
Históricamente, la Reserva racinguista ha ganado ocho títulos desde su fundación: en los años 1912, 1919, 1931, 1952, 1957, 1959, 1960 y 1963. Seis décadas han transcurrido sin que esa vitrina registre un nuevo trofeo en la categoría juvenil. La generación actual, encabezada por futbolistas como Fraga, Schaare, Latorre y compañía, tiene la oportunidad histórica de cerrar esa sequía el próximo viernes frente a River, que la semana anterior eliminó a Boca en una definición por penales. El enfrentamiento ante el elenco de Núñez promete ser un cierre de torneo de alto voltaje, donde ambas instituciones porteñas intentarán conquistar una corona que, en el caso de la Academia, llegaría después de una espera de más de tres generaciones de futbolistas.
El escenario está planteado para una final que trascienderá lo meramente deportivo. La oportunidad de Racing de romper una sequía de más de seis décadas en su categoría de Reserva representa un hito que impactaría tanto en la estructura formativa del club como en la continuidad de un proyecto de cantera que, durante años, ha demostrado consistencia en la producción de futbolistas. Por otro lado, River llega como candidato natural dada su historia institucional de títulos y su capacidad de gestionar presión en definiciones. Ambas instituciones movilizan recursos, métodos y estructuras enfocadas en el desarrollo de sus juveniles, y una final entre ambas concentraría el máximo nivel competitivo de la categoría. Las variables son múltiples: la capacidad de liderazgo de los entrenadores, la regulación emocional ante una final de este calibre, la ejecución técnica bajo presión y, por supuesto, los detalles defensivos que pueden inclinar la balanza. Lo que está en juego, más allá de un trofeo, es la posibilidad de que Racing reinicie un ciclo ganador en su Reserva y de que River continúe demostrando su capacidad de competir en todas las categorías del fútbol argentino.



