El ciclo de Racing en el torneo doméstico llegó a su fin el pasado miércoles en Rosario, pero las consecuencias del partido contra Central trascienden ampliamente lo deportivo. La derrota por 2-1 ante el conjunto rosarino no solo significó la eliminación de la competencia de apertura, sino que también encendió una mecha institucional que ahora consume energías dentro de la Academia. Mientras la dirigencia procesaba el golpe futbolístico, la atención se bifurcó hacia cuestiones arbitrales y administrativas que ocupan buena parte de las conversaciones en Avellaneda. Lo relevante para los próximos días, sin embargo, va más allá del pasado: Racing debe reenfocarse en sus dos tableros de salvación aún disponibles, con la Sudamericana como la competencia que demanda atención inmediata.
Las declaraciones de Diego Milito, presidente de la institución, generaron considerable revuelo al cuestionar el desempeño arbitral del encuentro en el Gigante de Arroyito. El árbitro designado para ese partido, Darío Herrera, y el sistema del VAR fueron objeto de críticas directas desde la cúpula del club. Más allá de los detalles técnicos de la controversia, lo que importa ahora es que este enfrentamiento institucional divide las prioridades cuando el equipo necesita unidad. La dirigencia manifestó su disconformidad no solo con los fallos sino con la AFA misma, en un gesto que refleja tensiones más amplias dentro del fútbol argentino. Sin embargo, las batallas administrativas tendrán que esperar: el campo de juego exige respuestas concretas en las próximas semanas.
Un descanso breve antes de la batalla en la Sudamericana
El elenco dirigido por Gustavo Costa regresó a Buenos Aires en la madrugada del jueves pasado, después de un viaje agotador que incluyó la derrota en territorio santafesino. Por primera vez en varias semanas, el plantel tuvo oportunidad de respirar: dos jornadas consecutivas sin partidos permitieron que los jugadores recuperaran fuerzas físicas y mentales. Esto no era un lujo sino una necesidad, considerando que en el período anterior los encuentros se sucedían cada tres y cuatro días, una cadencia que desgasta a cualquier equipo. Este fin de semana, concretamente el sábado, el trabajo retomará intensidad en busca de preparar la próxima contienda. Pero el respiro será efímero: apenas una semana separa el regreso de los entrenamientos del siguiente desafío competitivo.
La próxima batalla de Racing en competiciones internacionales llegará el jueves 23 de enero a partir de las 21 horas en el Cilindro de Avellaneda, cuando reciba a Caracas por la quinta fecha del Grupo E de la Sudamericana. En ese momento, la Academia ocupará la tercera posición del grupo con cuatro puntos acumulados. Esta cifra refleja una situación delicada: Racing ya no depende enteramente de sus propios resultados para avanzar de fase. La derrota previa por 2-1 contra Botafogo en Río de Janeiro, sumada a los puntos dejados en el camino, transformó la clasificación en una ecuación compleja donde múltiples variables entran en juego. Simplificando la situación: si la Academia no derrota a los venezolanos, sus chances de continuar en el torneo se reducen drásticamente.
Matemáticas complicadas y escenarios condicionales
Los análisis sobre quién acompañará a Racing (en caso de lograrlo) a los octavos de final del torneo dependen de lo que suceda en el partido entre Caracas y Botafogo en la sexta fecha. Si el conjunto venezolano logra vencer al brasileño, automáticamente la Academia quedará eliminada sin opciones de reclamo. En cambio, si Caracas y Botafogo empatan, entonces Racing tendría una última oportunidad: en la jornada final, enfrentaría a Independiente Petrolero también en el Cilindro, y una victoria en ese compromiso le permitiría avanzar. Existe un tercer escenario donde Botafogo derrota a Caracas en esa fecha posterior: en ese caso, a Racing le bastaría con empatar contra Petrolero para sellar matemáticamente su paso a la siguiente ronda. El problema de este último panorama es que Botafogo, con su clasificación ya asegurada, podría salir a jugar con mayoría de suplentes, lo que no necesariamente favorecería a los intereses avellanedenses. Estas variables hacen evidente que la obligatoriedad de ganar ante Caracas no es una opción sino una necesidad.
Más allá de lo deportivo, Racing enfrenta otra complicación de carácter administrativo. La Conmebol aplicó sanciones al club por el uso de pirotecnia durante el recibimiento de aficionados previo al partido de revancha de la semifinal de la Libertadores 2025 contra Flamengo. Esas penalidades incluyen tres partidos a puertas cerradas en el Cilindro para torneos internacionales, de los cuales el duelo ante Caracas será el segundo. Además, en la cuarta fecha, el equipo pudo contar con el 50 por ciento de la capacidad del estadio, restricción que también forma parte del castigo. Estas limitaciones impiden que Racing disfrute completamente del factor cancha, elemento que tradicionalmente juega a favor de los equipos locales. El encuentro del próximo jueves será nuevamente sin presencia de público, lo que significa jugar sin el respaldo acústico y emocional de las tribunas.
Mientras tanto, después de cerrar su participación en el Grupo E de la Sudamericana el miércoles 27 de enero frente a Independiente Petrolero, el equipo tendrá otra batalla en el horizonte cercano. El domingo 31 de este mes, Racing se medirá con Defensa y Justicia por los dieciséisavos de final de la Copa Argentina. La sede de este enfrentamiento será definida entre las provincias de Salta y Jujuy, lo que implicará otro viaje y otras condiciones de juego para los dirigidos por Costa. Así, en el transcurso de poco más de una semana, la Academia afrontará tres partidos decisivos en dos torneos diferentes, con niveles de exigencia y presión que varían pero que comparten una característica común: todos son ineludibles.
En síntesis, Racing enfrenta un periodo de máxima exigencia donde la gestión emocional, física y estratégica será fundamental. La eliminación del Apertura cerró una puerta, pero los meses de competencia internacional aún ofrecen oportunidades que dependerán casi exclusivamente de lo que suceda en el campo de juego. Los conflictos institucionales y las sanciones disciplinarias son reales y pesan, pero la realidad también es que en las próximas semanas se dirimirá si la Academia puede rescatar algo valioso de un semestre que comenzó con grandes esperanzas. La capacidad del equipo para reconectarse después del golpe anímico de Rosario, sumado a cómo gestione Gustavo Costa la presión de los partidos consecutivos, será determinante. Las matemáticas de la Sudamericana son claras: sin victoria ante Caracas, todo lo demás pierde relevancia. Con victoria, la Academia aún controla su destino en el torneo, aunque ese destino seguirá siendo condicionado por lo que hagan sus rivales. En cuanto a la Copa Argentina, ofrece un escenario diferente donde la Academia es el favorito, pero también es un torneo donde cualquier tropiezo implica eliminación automática. Los próximos días definirán si Racing logra transformar la adversidad en un punto de inflexión o si la acumulación de factores negativos termina profundizando una crisis que va más allá de lo puramente deportivo.



