El equipo de Avellaneda llega a este compromiso de la Zona B con un panorama desolador en su retaguardia. No se trata solamente de una o dos ausencias puntuales: la acumulación de lesiones ha dejado al técnico Juan Pablo Vojvoda sin opciones y lo ha obligado a recurrir a una combinación defensiva que jamás antes había empleado en la temporada. Lo que parecía ser un armado sólido a comienzos de la campaña se desmorona ahora ante la sucesión de problemas físicos que azotan a los defensores, transformando un viaje a Mendoza en una apuesta arriesgada por la supervivencia competitiva.

El detonante final de esta crisis defensiva llegó esta misma semana: Marcos Rojo, el veterano zaguero de 36 años, no podrá estar presente en el partido del domingo. Una molestia en el isquiotibial de la pierna izquierda, contracturada durante el clásico frente a Boca hace apenas días, lo mantiene fuera de las consideraciones. Se trata de una baja particularmente sensible porque el ex futbolista del club ribereño no solamente venía desempeñándose con consistencia, sino que representa algo que pocas veces abunda en los planteles actuales: liderazgo genuino dentro del terreno de juego. Después de las salidas de Bruno Zuculini hacia Nacional de Uruguay y Santiago Sosa con destino a Vasco da Gama, Rojo había asumido un rol de capitán silencioso, fundamental para contener a compañeros jóvenes e inseguros.

Un rompecabezas defensivo sin piezas

Pero Rojo es apenas el último capítulo de una tragedia de butacas que comenzó hace semanas. Marco Di Cesare ya no está disponible tras sufrir una fractura en el peroné derecho que lo condena a un tiempo indefinido de recuperación. Casi en paralelo, Ignacio Rodríguez padeció un esguince de consideración en el tobillo derecho que lo mantiene fuera de ritmo. Ante este panorama apocalíptico, Vojvoda no tuvo más remedio que recurrir a nombres que rara vez han pisado la cancha en categoría superior. La solución llegó con la conformación de una línea de cuatro compuesta por Ezequiel Cannavo, Mateo Martínez, Gonzalo Escudero y Alfonso Espino—una combinación absolutamente novedosa para el equipo.

Lo llamativo de esta defensa improvisada es que Martínez y Escudero comparten un antecedente interesante: ambos fueron titulares en la Reserva campeona de Racing en el torneo anterior, lo que sugiere que al menos conocen mutuamente sus movimientos y tendencias. Sin embargo, ese conocimiento en la categoría juvenil poco garantiza cuando se habla de Primera División. Los números son elocuentes: Martínez apenas acumula tres presentaciones en la máxima categoría, mientras que Escudero suma apenas seis. Enviarlos a Mendoza, contra un rival que necesita ganar tanto como Racing, representa una apuesta al desparpajo de la juventud, pero también una confesión de desesperación táctica.

Por el lado derecho de la defensa, Espino—uno de los refuerzos incorporados recientemente al plantel—tendrá la oportunidad de reivindicarse después de un debut poco convincente. En sus primeras dos apariciones, el lateral no había dejado una impresión positiva, cediendo rápidamente su lugar a Rodríguez. Ahora, con el tobillo del uruguayo tocado, el Pacha tiene la chance de demostrar que su incorporación no fue un error de evaluación. Es un partido de vida o muerte para su permanencia en el proyecto.

Luces en medio de la oscuridad defensiva

No todo son noticias desalentadoras en el horizonte de Vojvoda. El Tribunal de Disciplina de la AFA tomó una decisión que alivia la tensión ofensiva del equipo: Maravilla Martínez verá reducida su sanción de tres a dos fechas por la expulsión que sufrió ante Argentinos Juniors, lo que le permite regresar a los alineamientos para este encuentro. Su presencia es vital considerando que Racing acumula una racha de cinco juegos sin victorias, con tres derrotas y dos empates que lo han hundido en los últimos lugares de la Zona B. El centrodelantero, a pesar de sus problemas disciplinarios, sigue siendo una pieza fundamental en el ataque racinguista.

En el mediocampo, Vojvoda también deberá hacer ajustes. Matías Zaracho ocupará el lugar de Gastón Lodico, después de haber sumado minutos en la segunda mitad del clásico con Boca. La ausencia de Lautaro Díaz continúa por un desgarro en el bíceps femoral que requiere tiempo. Existe además una duda pendiente de resolución: si el técnico mantiene a Tomás Conechny como titular o si opta por darle oportunidad a Duván Vergara, quien aún no ha sido considerado como titular en lo que va de la temporada. Esta decisión se revelará recién minutos antes del pitazo inicial.

El contexto general del viaje a Mendoza trasciende lo meramente deportivo. Racing no solamente necesita cortar su mala racha para aproximarse a la zona de clasificación a los octavos de final, sino que también debe intentar reconstruir una autoestima colectiva erosionada por semanas de resultados adversos. La combinación de improviso defensivo, regreso ofensivo parcial y decisiones tácticas aún por definir configura una ecuación incierta. El equipo que se presente el domingo será, en varios sentidos, un conjunto diferente al que se había visto en los compromisos previos, con un esquema nunca antes probado y sin el liderazgo reconfortante de Rojo en la retaguardia. Las posibilidades de éxito dependerán no solamente de la calidad técnica de los improvisados defensores, sino también de factores intangibles como la confianza colectiva y la capacidad de reacción ante la adversidad física que ha azotado al plantel. Las próximas horas definirán si esta apuesta del entrenador representa un acto de valentía táctica o una confirmación de la fragilidad estructural que atraviesa el club en esta temporada.